Amistades literarias: compañeros en la vida y en los libros

Bioy Casares y Jorge Luis Borges acompañados por dos amigas
Bioy Casares y Jorge Luis Borges acompañados por dos amigas

Borges era muy dado a la amistad. Si bien en su prosa, que de tan limpia parece fría, hizo un culto del understatement (el tono atenuado), en su trato cotidiano se permitía ciertos "excesos". Por ejemplo, el amor: Borges era muy enamoradizo; Alberto Manguel dice que para Borges cada mujer era única… hasta que aparecía la siguiente. También había desarrollado un fuerte sentimiento patriótico. Cuenta María Esther Vázquez que a comienzos de los 80 —todavía no había sucedido la guerra de Malvinas—, Borges, después de alguna copa de más, increpó a su traductor inglés por las invasiones inglesas: "Pero nosotros los echamos con agua y aceite hirviendo", le gritaba ante la mirada horrorizada del otro.

En los libros y en la vida, Borges profesaba el amor por la ciudad de Buenos Aires, el coraje, la intimidad familiar. Pero de todos aquellos valores, había uno que tenía en más alta estima: la amistad. "Lo mejor de Buenos Aires —le había dicho en otra oportunidad a María Esther Vázquez— es la amistad que todavía perdura, y que es una pasión, un sentimiento que se ha perdido en otros países".

Jorge Luis Borges y Xul Solar fueron muy amigos hasta la llegada de Perón al poder
Jorge Luis Borges y Xul Solar fueron muy amigos hasta la llegada de Perón al poder

Borges supo tener grandes amigos. En una brevísima lista, se puede mencionar al poeta Ulyses Petit de Murat, con quien solía caminar por los "barrios orilleros" mientras discutían el sumario de la Revista Multicolor que codirigieron en los años 30; el pintor Xul Solar, a quien le tenía tal estima que, a pesar de que más tarde la política los separó, lo puso como protagonista clave del cuento "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"; Macedonio Fernández; y, por supuesto, Adolfo Bioy Casares.

La amistad de Borges y Bioy Casares es seguramente la que más frutos dio en la literatura argentina. Ambos son una suerte de espejo de la pareja inglesa de Charles Dickens y Wilkie Collins. Juntos llevaron adelante la mítica colección de novelas policiales El Séptimo Círculo para el sello Emecé, juntos prepararon numerosas antologías —la más famosa es la de literatura fantástica en la que participó también Silvina Ocampo—, juntos crearon folletos publicitarios —para La Martona, que pertenecía a la madre de Bioy—, juntos dieron vida a Bustos Domecq, un escritor apócrifo que llevaba al extremo la ironía y la parodia. "Come en casa Borges" es una de las frases que más se repite en el fabuloso diario de Bioy. Y Borges siempre dijo, aún al final de su vida, cuando apenas se veían, que "Adolfito" era uno de sus más grandes amigos.

Daniel Guebel escribió dos obras en coautoría con Sergio Bizzio
Daniel Guebel escribió dos obras en coautoría con Sergio Bizzio

Más cerca en el tiempo, Sergio Bizzio (Rabia, Borgestein, Mi vida en Huel) y Daniel Guebel (Ella, La carne de EvitaEl absoluto), también consiguieron llevar su amistad al plano literario. Guebel viajaba en taxi cuando se le ocurrió el argumento de una obra de teatro. En la radio había un programa folclórico al que le había fallado un invitado y el locutor alargaba el tiempo: "Aquí estamos, esperando a Godoy", decía. La frase tan cercana al clásico de Beckett lo llevó a imaginar una historia existencialista protagonizada por gauchos. Con esa idea en la mente se encontró con Sergio Bizzio y así nació La china. Años después, estos dos grandes escritores y amigos volvieron a reunirse para recordar a un tercer gran escritor y amigo en la nouvelle El día feliz de Charlie Feilling.

Hay escritores que meten a sus amigos directamente en la ficción. Alberto Laiseca, por ejemplo, metió a Fogwill en El jardín de las máquinas parlantes (Fogwill le había dado permiso para hacerlo, con la única condición de que no lo hiciera pobre; Laiseca lo hizo multimillonario). En uno de los Doce cuentos peregrinos, García Márquez discute un sueño con Neruda. Cortázar habla con Susan Sontag, entre tantos otros intelectuales, en Fantomás contra los vampiros multinacionales. Javier Cercas vuelve a darle vida a Roberto Bolaño en Soldados de Salamina.

Roberto Bolaño, autor de Los detectives salvajes
Roberto Bolaño, autor de Los detectives salvajes

Y ya que hablamos de Bolaño, probablemente lo más recordado de su genial obra sea la amistad entre Arturo Belano y Ulises Lima en Los detectives salvajes y su periplo por México en busca de la poeta Cesárea Tinajero. Alguna vez Bolaño dijo que su novela era una suerte de Huckleberry Finn. He aquí otra gran amistad literaria: Huckleberry y Tom Sawyer.

En la historia de la literatura, la amistad es terreno fértil. Y hay tantos tipos de amistades como tipos de amigos: desde los clásicos como Don Quijote y Sancho, Bouvard y Pécuchet o Sherlock y Watson hasta los más modernos como Elena y Lila (protagonistas de la saga de La amiga estupenda, de Elena Ferrante) y Schmuel y Bruno (los personajes de El niño con el pijama a rayas). Y también en la literatura infantil: el Principito y el zorro o el trío inseparable de Harry Potter, Ron y Hermione. La lista puede ser interminable; invitamos a continuarla en los comentarios de la nota.

Julio Verne destestaba a H.G. Wells
Julio Verne destestaba a H.G. Wells

El "Día del Amigo" se festeja en todo el mundo conmemorando la llegada del hombre a la luna el 20 de julio de 1969. Pero, curiosamente, de los escritores que imaginaron aquel pequeño paso para el hombre y gran paso para la humanidad, no se conoce amistades importantes. Bradbury y Asimov casi no mantuvieron encuentros entre ellos. Philip Dick y Ursula K. Leguin estudiaron en Berkeley, pero no llegaron a tratarse. Julio Verne y H.G. Wells directamente se detestaban. Borges recuerda en una entrevista de Fernando Sorrentino que Wells se reía de Verne: decía que tenía una imaginación tímida, que todo lo que había pensado —la vuelta al mundo, los viajes submarinos, la conquista del espacio— tarde o temprano se iba a conseguir, en cambio lo que él, Wells, había inventado —los viajes en el tiempo, la invisibilidad— nunca sería alcanzado por el hombre.

Muchas amistades literarias cambiaron de signo Entre ellas, la muy transitada entre Vargas Llosa y García Márquez —dicen que por celos—, la de Sartre y Camus —por diferencias políticas—, o la de Martín Amis y Julian Barnes —cuando Amis abandonó la agencia de Pat Kavannagh, la mujer de Barnes. Después de la pelea, ¿habrán seguido leyéndose? Si no lo hicieron salieron muy derrotados, porque además de perder al amigo, también relegaron una porción imprescindible de la literatura universal.

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