El entonces presidente Raúl Alfonsín recorrió el regimiento el 24 de enero en horas del mediodía. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida.
El entonces presidente Raúl Alfonsín recorrió el regimiento el 24 de enero en horas del mediodía. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida.

A las 6.15 de la mañana del lunes 23 de enero de 1989, un camión Ford 7000 atropelló el portón de entrada del Regimiento de Infantería Mecanizada III General Manuel Belgrano, sobre la avenida Crovara y el Camino de Cintura, en La Tablada, partido de La Matanza, donde se encontraban 120 efectivos del Ejército. Comenzaba así la última batalla de la guerrilla en la Argentina.

Sobre el camión –robado a un trabajador, Luis Mansilla– y a bordo de una pick up Toyota, un taxi Ford Taunus, un Renault 11, una Ford Ranchera, un Ford Falcon y cinco Renault 12, 46 miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP) dirigidos por Enrique Haroldo Gorriarán Merlo (quien había pertenecido al ERP en los 70') entraron a sangre y fuego –y al grito de "¡Viva Rico!" y "¡viva Seineldín!"–, arrojando panfletos engañosos que culpaban del golpe a grupos carapintadas para copar la unidad militar, hacerse de los tanques de guerra allí estacionados, avivar una pueblada mediante unos 25 integrantes de esa agrupación que se quedaron en las inmediaciones del cuartel y condicionar al entonces presidente Raúl Alfonsín para producir cambios en su gobierno.

Según la documentación hallada en poder de los insurgentes, se trató de la Operación Tapir. "Fue una locura, un delirio que le costó la vida a mucha gente. Hasta la propia izquierda lo dijo. Gorriarán Merlo creyó que iba a lograr una revolución al estilo nicaragüense", señala el actual fiscal ante la Cámara Federal de Casación Penal Raúl Plee, que investigó lo sucedido cuando se desempeñaba como fiscal de la Cámara Federal de San Martín. 

Un integrante del MTP yace muerto y calcinado. De los 46 que entraron al regimiento murieron 33. Cuatro de ellos están desaparecidos. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida.
Un integrante del MTP yace muerto y calcinado. De los 46 que entraron al regimiento murieron 33. Cuatro de ellos están desaparecidos. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida.

La rendición, luego de un intenso combate, llegó a las 9 de la mañana del día siguiente, y el saldo marcó que murieron cuatro conscriptos (el primero fue Tadeo Taddía, en la guardia, con las manos en alto, munido de una escoba con la que barría, asesinado de cinco balazos), cinco militares (entre ellos el mayor Horacio Fernández Cutiellos, alcanzado por disparos a las 9.20 de la mañana según la investigación judicial, cuando combatía a los atacantes desde una columna frente a la plaza de armas) y dos policías.

También 33 atacantes, entre los que se cuentan los cuatro desaparecidos tras la rendición: Iván Ruiz, Carlos Samojedny, Francisco Provenzano y José Díaz. Por el último de ellos hoy se lleva adelante un juicio en el que se acusa por el hecho al ex general Alfredo Manuel Arrillaga –quien condujo la recuperación del regimiento–. Su segundo, el teniente coronel Jorge Varando, también estaba denunciado, pero murió.

Efectivos de la Policía de la provincia de Buenos Aires disparan contra los insurrectos. Su rápida actuación fue clave para frustrar el golpe del MTP. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida.
Efectivos de la Policía de la provincia de Buenos Aires disparan contra los insurrectos. Su rápida actuación fue clave para frustrar el golpe del MTP. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida.

En el primer juicio declararon más de 300 testigos. En octubre de 1989, la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín, integrada por los doctores Hugo Rodolfo Fossati, Marta Herrera y Jorge Eduardo Barral, dictó las condenas. De los sobrevivientes del MTP, Roberto Felicetti y Claudia Beatriz Acosta tuvieron la más alta: reclusión perpetua. El resto de los que entraron fueron condenados a prisión perpetua.

Fray Antonio Puigjané –que no estuvo en La Tablada pero según la Justicia estaba al tanto del copamiento, era parte de la cúpula del MTP y en los días previos llevó gente a la quinta de Moreno desde la que salieron rumbo al regimiento– recibió 20 años de cárcel. Y los integrantes del grupo que permaneció afuera de la unidad militar y debían arengar a la población a entrar al cuartel, fueron sentenciados a entre 10 y 15 años tras las rejas.

En 1995, Gorriarán Merlo fue detenido en México. Dos años después fue juzgado junto a su esposa, Ana María Sívori, y condenado a reclusión perpetua.

Luego, el presidente Fernando de la Rúa conmutó las penas de los encarcelados del MTP; y el 20 de mayo del 2003, el presidente Eduardo Duhalde dictó el indulto para Gorriarán y el coronel Mohamed Alí Seineldín, gestor del último alzamiento carapintada. Tres años después falleció el conductor del ataque a La Tablada. Los últimos en quedar en libertad fueron Felicetti y Acosta, en 2006.

Hoy, el doctor Plee hace un repaso de aquel sangriento episodio.

–¿Doctor, cuál fue el contexto en que sucedieron los hechos de La Tablada?

–Había un clima particular con los militares. Si bien las Juntas habían sido juzgadas, se habían producido levantamientos a través de los carapintadas desde 1987. Esto se repitió en diciembre del '88 en Villa Martelli, un mes y medio antes de La Tablada. Allí hubo grupos de izquierda que pretendieron ingresar a los cuarteles. Nosotros entendemos que desde el MTP quisieron hacer aparecer el ataque como un golpe carapintada y así ellos quedar como un grupo que pretendía defender las instituciones republicanas.

–¿Qué era el Movimiento Todos por la Patria?

–Una agrupación con personería política, que tenía un órgano de prensa, la revista Entre Todos, donde escribían de todos los sectores políticos. Ocurrió que el secretariado general decidió reivindicar la lucha armada de los 70'. Pasó de ser un movimiento político a una asociación ilícita, e incorporó como figura relevante a Enrique Gorriarán Merlo. Allí se produce una escisión y varios se van del MTP.

–¿Cómo prepararon el copamiento de La Tablada?

–No se sabe el momento exacto. Pero hay un documento interno donde dice MTP=MRB, que significa Movimiento Revolucionario de Base. Ahí empiezan a diagramar todo. Se preguntan cómo presentar el ataque y cómo hacer creer que es un movimiento carapintada. Fue en La Tablada por la densidad poblacional, ya que querían que entrara gente. Varios de ellos habían luchado en Nicaragua, como Farfán, su mujer Ana María Acosta, Gorriarán… Este último y su mujer, Ana María Sívori, se hacen pasar por un matrimonio español y alquilan una quinta en la calle Graham Bell, en Moreno. De allí salieron para La Tablada. En el lugar se encontró un mapa, corchos quemados. 

–¿Cuál era la idea que tenían?

–Esencialmente, hacer aparecer que se estaba en presencia del copamiento carapintada de un regimiento, y que el pueblo en armas se levantara contra los militares. Luego, salir a la calle con los tanques que había allí, tomar una radio y arrancarle al gobierno de Alfonsín medidas favorables a los grupos de izquierda que combatieron en los 70'. Por eso el delito fue de rebelión.

–¿Ningún organismo de inteligencia anticipó esta jugada?

–No. Los tomó de sorpresa. En aquel momento, ellos mismos avanzaron en una propaganda donde hablaban de un pacto político-militar entre Menem y Seineldín, es decir, los carapintadas. Habían dado hasta una conferencia de prensa, donde habló Jorge Baños, uno de los que murieron en el copamiento. Pero no había ni por las tapas la idea de una aventura armada.

Uno de los edificios del regimiento arde en llamas. Hay que salir como se pueda. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida
Uno de los edificios del regimiento arde en llamas. Hay que salir como se pueda. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida

–¿Hubo un solo cabecilla?

–No hay ninguna duda de que la jefatura máxima fue de Gorriarán Merlo, que usaba el alias de "Ricar".

–¿El ingresó al regimiento en algún momento?

–No. Manejó el procedimiento desde afuera. No sabemos a qué distancia, pero sí al alcance de los handies. Afuera también estaban su mujer, nombrada como "Sonia", y Cecilia y Adriana, las hijas mellizas.

–Entre los condenados hubo uno solo que no estuvo en las operaciones, el padre Antonio Puigjané. ¿Cuál fue su rol?

–El coordinó el reclutamiento de algunos de los integrantes del grupo atacante. Nosotros obtuvimos la declaración de una mujer de Quilmes, que manifestó que el padre Puigjané había pasado a buscar a dos de sus hijos el día anterior. Era de los cabecillas y formaba parte del secretariado del MTP. Fue uno de los que decidieron que se transformara de un grupo político en una asociación ilícita. 

–¿Qué armas tenían?

–Eran FAL reconstruidos, que habían sido conservados bajo tierra.

–Los había usado y enterrado el ERP en los 70'…

–Al parecer, sí. Armas cortas también, y un RPG, un lanzagranadas chino. Pero al entrar a la Compañía de Servicios copan la sala de armas y se hacen de fusiles, MAG, MAP.

Parte de las armas con que contaba el MTP. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida
Parte de las armas con que contaba el MTP. Foto: Revista GENTE/Archivo Atlántida

–¿Por qué fracasó el copamiento?

–Porque un soldadito logró escapar y llamó por teléfono a la Policía desde una estación de servicio. La Policía de la Provincia de Buenos Aires hacía procedimientos contra piratas del asfalto. Estaban en Puente 12, muy próximo, armando un operativo. Cuando llegan los primeros había silencio, porque se estaban dispersando entre las distintas unidades. Pero sí estaba rota la barrera. Ingresó por Crovara el comisario Emilio García García. Hizo cuarenta metros y lo hirieron. Murió a los tres días. Ahí se dieron cuenta de que no eran carapintadas, porque no habrían hecho fuego contra policías. Sucedió algo terrible: adentro tomaron soldados como rehenes, y los usaron como parapetos humanos para disparar. La Policía, al llegar en gran número, neutralizó a los grupos del MTP que estaban afuera para agitar a la gente. Fueron clave para que fracasaran.

–¿Cómo y cuándo se involucra el Ejército en la recuperación del regimiento?

–Habrán pasado por lo menos un par de horas. Ingresaron comandos desde la tosquera –en los fondos, para el lado de la autopista Ricchieri– y el Camino de Cintura. Y más tarde ellos mismos toman los tanques del Ejército y comienza el bombardeo contra la guardia de prevención y los distintos edificios.

–El principal objetivo militar de la guerrilla era tomar los tanques. ¿Por qué no pudieron?

–En el documento secuestrado al MTP había un "grupo tanques". Pero se quedaron entretenidos, por así decirlo, con un suboficial que disparaba en esa zona, en vez de evitarlo y seguir. Algo más: el suboficial hacía aparecer como que eran varios, porque tiraba desde distintas aberturas. Y logró que no llegaran.

–¿Cómo se pueden sintetizar las 27 horas de combate?

–Ellos resistían atrincherados en los edificios y no había forma de llegar. Estaban bien pertrechados. El mecanismo que utilizó el Ejército fue el bombardeo, la destrucción de esos edificios y el cansancio. En la mañana del 24 empiezan a rendirse desde el Casino de Suboficiales, donde se agruparon al final.

–¿Cómo fue el trabajo de la Justicia?

–Lo que rescato es que fue un momento trascendental en la historia argentina. Porque a la lucha armada de los años 70' primero se le dio solución a través de un tribunal especial. En el '73 se disuelve y los condenados por ese tribunal son indultados. Después existió la masacre y violación de los derechos humanos por la dictadura. Esta vez fue el Poder Judicial, a través de tribunales designados conforme a la Constitución, quien juzgó y dio respuesta a la sociedad.

–¿Cómo tomaron el indulto que luego dictó Eduardo Duhalde?

–En la Justicia no miramos con buenos ojos un indulto después de un pronunciamiento judicial. Pero es un instrumento de la Constitución y lo respetamos. Para nosotros fue un error. n

por Hugo Martin
fotos: Matías Campaya y Archivo Atlántida

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