Luciana Salazar y Matilda (Foto Christian Beliera/GENTE)
Luciana Salazar y Matilda (Foto Christian Beliera/GENTE)

Luciana Salazar (37) conserva, a través de la criogenia (en la clínica de Miami), quince óvulos y cinco "embriones femeninos" (fecundados por el mismo donante anónimo). Por lo que Matilda (cuatro meses) podría tener, al menos, una hermana con su misma genética. "Claro que me gustaría tener otro bebé, del modo en que Dios decida darme esa chance", declara.

–¿Qué es la maternidad?

–Mi victoria sobre el dolor. Paradójicamente el deseo de toda una vida se había convertido en una cruz muy pesada. Tanto tiempo de búsqueda fallida me devastó. Porque el camino de la subrogación, no es de rosas. Circunstancias personales y tantos miedos, resultados médicos, incertidumbres, no me dejaron disfrutar de los tiempos de la transferencia (de óvulos) y los primeros meses de gestación. Por eso, finalmente hoy abrazo a mi hija y digo: "Gracias Dios por esta bendición". Porque eso es Matilda (4 meses). Ella simboliza mi felicidad: ¡¿Cómo no mostrarla al mundo?!

–¿El embarazo es una experiencia pendiente?

–¡Sería una bendición! En su momento, recurrir a la subrogación, tuvo que ver con un contexto muy particular de incertidumbres emocionales y hasta físicas, porque padezco trombofilia. Cargaba tal trauma con el deseo de tener un hijo, que con la mínima posibilidad de riesgo, entraba en pánico. Me hubiese gustado tanto llevar en mi vientre a Matilda… Por eso, un embarazo, es algo que no descarto. Si el día de mañana, mi cuerpo responde y mi marco afectivo es el propicio, ¿por qué no? Aprendí que la subrogación no es la panacea. A la distancia también se sufre. Agradezco tanto el cuidado amoroso que la subrogada le dio a mi hija…

–¿Mantienen el contacto que alguna vez se prometieron?

–Ya no. No puedo entrar en detalles. Pero hubo situaciones que me quitaron las ganas de seguir con el vínculo. Ella me pidió por favor que no cortase la relación con su hijita. La chiquita, que es amorosa, necesita saber de mi y de la bebe, que siguió desde la panza de su mamá durante tanto tiempo. Los niños me sensibilizan mucho. Así que cada tanto nos mandamos fotos, noticias y saludos.

Luciana Salazar y Matilda (Foto Christian Beliera/GENTE)
Luciana Salazar y Matilda (Foto Christian Beliera/GENTE)

–¿Qué sucede y sucederá con los embriones y óvulos conservados?

–Se mantienen congelados mediante un costo mensual. Según el reglamento de la clínica, si algo malo sucediese, los óvulos mueren con la madre en el caso de no haber sido autorizada la donación.

–Un gran dilema ético que afrontar…

–Es un tema muy sensible. Siempre fui pro-vida y medito mucho al respecto. Al día de la fecha solo puedo tener la certeza de que "hoy" recurriría a la donación en caso de que alguien de mi núcleo más íntimo lo necesitase. Y digo "íntimo" porque, si bien madre es quien dedica su amor en la crianza, no dejarían de ser mis hijos, con mis genes. El día de mañana, cuando finalmente la edad no me ayude o simplemente decidiera no volver a ser mamá, lo más seguro es que ayude a otras mujeres… Pero te repito, es un tema que aún proceso, que me ocupa a conciencia.

–¿Estás preparada para responder a las preguntas de Matilda sobre su llegada al mundo y la ausencia de un papá biológico?

–Cuando tomé la decisión de la subrogación, la psicóloga a quien consultaba, me explicó que los chicos asimilan toda la información con más simpleza y desprejuicio de lo que suponemos. Tal vez hoy no tenga las palabras precisas, pero sé que siempre iré con la verdad. Algún día la miraré a los ojos y le contaré lo que viví, que el deseo por abrazarla me hizo la más valiente para atravesar el dolor. Si hablás con el corazón, se escucha con el corazón.

–¿Cómo proyectás la educación de tu hija?

–Quiero que Matilda sepa decir "por favor" y "gracias". Que aprenda que el amor jamás es maltrato. Y que siempre se entregue fuerte a quien la valore. Voy a ocuparme de forjarle una personalidad de amianto contra los prejuicios. Mi chinita será como su mamá: una mujer fuerte, y por sobre todo, libre.

Por Sebastián Soldano