A las 6.15 de la mañana del lunes 23 de enero de 1989, un camión Ford 7000 atropelló el portón de entrada del Regimiento de Infantería Mecanizada III General Manuel Belgrano, sobre la avenida Crovara y el Camino de Cintura, en La Tablada, partido de La Matanza, donde se encontraban 120 efectivos del Ejército. Comenzaba así la última batalla de la guerrilla en la Argentina.

Sobre el camión –robado a un trabajador, Luis Mansilla– y a bordo de una pick up Toyota, un taxi Ford Taunus, un Renault 11, una Ford Ranchera, un Ford Falcon y cinco Renault 12, 46 miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP) dirigidos por Enrique Haroldo Gorriarán Merlo (quien había pertenecido al ERP en los 70') entraron a sangre y fuego –y al grito de "¡Viva Rico!" y "¡viva Seineldín!"–, arrojando panfletos engañosos que culpaban del golpe a grupos carapintadas para copar la unidad militar, hacerse de los tanques de guerra allí estacionados, avivar una pueblada mediante unos 25 integrantes de esa agrupación que se quedaron en las inmediaciones del cuartel y condicionar al entonces presidente Raúl Alfonsín para producir cambios en su gobierno.

Según la documentación hallada en poder de los insurgentes, se trató de la Operación Tapir. "Fue una locura, un delirio que le costó la vida a mucha gente. Hasta la propia izquierda lo dijo. Gorriarán Merlo creyó que iba a lograr una revolución al estilo nicaragüense", señala el actual fiscal ante la Cámara Federal de Casación Penal Raúl Plee, que investigó lo sucedido cuando se desempeñaba como fiscal de la Cámara Federal de San Martín.

La rendición, luego de un intenso combate, llegó a las 9 de la mañana del día siguiente, y el saldo marcó que murieron cuatro conscriptos (el primero fue Tadeo Taddía, en la guardia, con las manos en alto, munido de una escoba con la que barría, asesinado de cinco balazos), cinco militares (entre ellos el mayor Horacio Fernández Cutiellos, alcanzado por disparos a las 9.20 de la mañana según la investigación judicial, cuando combatía a los atacantes desde una columna frente a la plaza de armas) y dos policías.

También 33 atacantes, entre los que se cuentan los cuatro desaparecidos tras la rendición: Iván Ruiz, Carlos Samojedny, Francisco Provenzano y José Díaz. Por el último de ellos hoy se lleva adelante un juicio en el que se acusa por el hecho al ex general Alfredo Manuel Arrillaga –quien condujo la recuperación del regimiento–. Su segundo, el teniente coronel Jorge Varando, también estaba denunciado, pero murió.

En el primer juicio declararon más de 300 testigos. En octubre de 1989, la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín, integrada por los doctores Hugo Rodolfo Fossati, Marta Herrera y Jorge Eduardo Barral, dictó las condenas. De los sobrevivientes del MTP, Roberto Felicetti y Claudia Beatriz Acosta tuvieron la más alta: reclusión perpetua. El resto de los que entraron fueron condenados a prisión perpetua.

Fray Antonio Puigjané –que no estuvo en La Tablada pero según la Justicia estaba al tanto del copamiento, era parte de la cúpula del MTP y en los días previos llevó gente a la quinta de Moreno desde la que salieron rumbo al regimiento– recibió 20 años de cárcel. Y los integrantes del grupo que permaneció afuera de la unidad militar y debían arengar a la población a entrar al cuartel, fueron sentenciados a entre 10 y 15 años tras las rejas.

En 1995, Gorriarán Merlo fue detenido en México. Dos años después fue juzgado junto a su esposa, Ana María Sívori, y condenado a reclusión perpetua.

Luego, el presidente Fernando de la Rúa conmutó las penas de los encarcelados del MTP; y el 20 de mayo del 2003, el presidente Eduardo Duhalde dictó el indulto para Gorriarán y el coronel Mohamed Alí Seineldín, gestor del último alzamiento carapintada. Tres años después falleció el conductor del ataque a La Tablada. Los últimos en quedar en libertad fueron Felicetti y Acosta, en 2006.

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