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“Ensayo sobre la vejez”: dos periodistas dejan un rato el noticiero para filmar en blanco y negro y preguntar cuándo empieza realmente el final

Valeria Sampedro y Daniel Raichijk apuestan por testimonios y una cadencia contemplativa en 48 minutos. Entre memoria, cuerpo y mirada ajena, el documental esquiva el viejismo y la romantización

Nacido en las guardias periodísticas para escapar al vértigo del noticiero, este documental independiente de Valeria Sampedro y Daniel Lázaro Raichijk busca visibilizar la vejez lejos de los clichés y la romantización.

Ensayo sobre la vejez, el documental de Valeria Sampedro y Daniel Raichijk, con banda sonora de Alberto “Carpo” Cortés, aborda el envejecimiento, la memoria, el deterioro físico y la dificultad de reconocerse viejo a través de testimonios que indagan cuándo comienza esa etapa y cómo se atraviesa el tramo final de la vida. La película, que dura 48 minutos, eligió sostener un ritmo contemplativo y rechazó extenderse para ajustarse a las exigencias comerciales de las salas.

La obra propone una mirada alejada de dos extremos: el rechazo a las personas mayores por considerarlas caducas o sin lugar social, y la idealización que celebra que alguien “no parece” de su edad. “Lo viejo sigue estando mal” incluso en esos elogios, planteó Sampedro al explicar el origen del proyecto.

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El documental fue declarado de interés por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, aunque el organismo no aportó recursos ni pudo incorporarlo al circuito tradicional de salas por su duración. La presentación en la Biblioteca Nacional precedió a un estreno formal en el Centro Cultural de la Cooperación, con funciones consecutivas durante octubre, según la agenda cultural de la institución.

El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales declaró de interés a Ensayo sobre la vejez, que se presentó en la Biblioteca Nacional y se estrenó en el Centro Cultural de la Cooperación.

—Juan Mascardi: Lo primero que les quiero preguntar es cómo llegaron a la vejez como tema. ¿Qué caminos recorrieron hasta decidir abordarla y desde qué lugar?

—Valeria Sampedro: Surgió en el mismo momento en que decidimos avanzar juntos con un proyecto documental. Primero apareció la idea de hacer algo en paralelo y por fuera de lo que nos tocaba en la diaria. En ese momento trabajábamos muy seguido en la calle como equipo: Dani como camarógrafo de Canal 13 y yo como cronista. Por la superposición de horarios y coberturas pasábamos mucho tiempo juntos y ya éramos amigos.

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En una guardia, un poco hastiados de la diaria, empezamos a hablar de la posibilidad de hacer un documental. Cuando pensamos en posibles temas, le propuse la vejez porque era algo sobre lo que venía reflexionando. Me interesaba como una idea de empatía cuando me tocaba contar una historia. Sentía que los viejos estaban un poco invisibilizados, corridos de plano, incluso cuando se contaban sus historias o se hablaba de ellos.

Cuando empezamos a darle forma al proyecto, la pregunta era cómo contar la vejez o qué queríamos contar de ella. Hay dos extremos muy marcados: el viejismo, que es el rechazo a lo viejo porque está caduco, vencido o ya no sirve; y la romantización, con frases como “qué bien que estás” o “no parecés tan viejo”. Los dos extremos llegan al mismo lugar, porque detrás de ese “no parecés” sigue estando la idea de que lo viejo está mal. La vejez no es ni buena ni mala. Queríamos mirar a personas de determinada edad que no suelen estar tan miradas. Dani agarró viaje enseguida y empezamos a pensar más en concreto.

La película reflexiona sobre el paso del tiempo, el desgaste del cuerpo y la conciencia de la propia finitud.

—JM: Retomo eso y te pregunto, Daniel: ¿cómo fue la traducción de esa idea, de esos fundamentos y de ese punto de vista a una propuesta visual que por momentos tiene una impronta poética y lleva a universos propios?

Daniel Lázaro Raichijk: Te agradezco lo de poético, porque esa fue la idea. Queríamos salir del formato de mostrar literalmente lo que se dice. Si alguien dice que va a la cocina a hacer un churrasco, no queríamos poner la imagen de esa persona con la plancha y el churrasco. Queríamos corrernos de ese lugar, que es el formato del noticiero y de la televisión. No está mal ni bien, es un formato. El desafío era construir visualmente una narración que fuera en paralelo con lo textual, sin que fuera obvia. La naturaleza puede parecer una elección evidente, pero envejecer es natural. No es malo, bueno, lindo ni feo: es parte de la naturaleza. Todos nacemos, maduramos y envejecemos. La naturaleza también refleja eso.

Buscábamos una escritura visual que permitiera volar un poco, reflexionar sobre lo que se escucha con un soporte visual que no estuviera vinculado de manera directa con lo que se dice.

"Ensayo sobre la vejez" sostiene un ritmo contemplativo de 48 minutos e incorpora influencias de Andrei Tarkovski para trabajar la atención del espectador.

—JM: ¿Qué criterios usaron para seleccionar a las personas, diseñar las entrevistas y elegir los espacios?

—VS: Quiero sumar algo sobre ese tratamiento estético. Dani propuso la elección del blanco y negro, también como una decisión de ir a algo más crudo. Desde el principio insistía en los primeros planos. Cuando íbamos a mi casa a hacer pruebas, con él detrás de la cámara y yo sentada, todo el tiempo hablaba de ese encuadre.

Después lo llevamos al montaje: mientras una persona habla, aparece otra imagen, y no necesariamente la de quien está hablando, sino la de otro. Eso genera un clima que contribuye a la idea final, que era una reflexión coral, donde todos hablan y, de algún modo, también hablan entre ellos.

—JM: Y lo sonoro tiene un vuelo impresionante...

—DR: Gracias. Para agregar a lo que decía Vale, trabajamos el fuera de campo. Es lo más interpelador, porque es lo que uno no ve pero construye. Yo te muestro una cosa, pero alrededor de ese objeto, de esa toma, hay un mundo que queda afuera de lo que te estoy mostrando.

—VS: Y las voces no están siempre relacionadas de forma directa con lo que se ve. En cuanto a la selección de las personas, cuando entendimos por dónde queríamos ir, tuvimos claro que había que escucharlas. Nuestro objetivo era corrernos y lograr que hablaran a cámara, al eje de cámara, casi entre ellas.

Las entrevistas del documental incorporaron tópicos como el paso del tiempo, la amistad, la soledad, las pérdidas y los vínculos en la vejez.

Armamos cuestionarios muy similares y flexibles, con el objetivo de pasar por determinados tópicos. Ahí aparece un cruce con el ejercicio periodístico: quién es una voz autorizada y cómo hacer para que la selección represente, en la medida de lo posible, un universo muy variado y vasto.

Al principio teníamos una ambición más grande, con más gente, pero nos encontramos con la falta de presupuesto, que acotó el despliegue. Después apareció otro motivo que terminó sosteniendo esa decisión: esas voces empezaban a tener carácter propio y queríamos que se identificaran a lo largo del documental.

Había dos opciones: hacer un documental eterno, de tres horas, con todos hablando, o seleccionar. En una entrevista podías encontrar cinco, seis, siete u ocho testimonios fuertes de una misma persona sobre distintos tópicos. Si queríamos darles espacio y tiempo, sin interrumpirlas ni cortarlas demasiado en el montaje, el documental se hacía eterno.

La selección se volvió más desafiante. Queríamos incluir varones y mujeres, gente de distintos lugares, no solo de Capital, no solo de clase media. También buscamos variedad en términos socioeconómicos, profesionales y laborales.

Está quién es más filósofo de la vida, quien estudió y la mujer de un barrio popular que habla del nieto que le pide milanesas y está acompañada por sus gatos. Tienen ejes comunes: de repente todos llegan a un mismo lugar de necesidad o de soledad. Eso los iguala. En esta etapa de la vida confluyen cosas muy humanas y comunes.

—JM: Valeria, hablabas del cuestionario y de los ejes que se repiten. En todo ensayo hay un diseño de tópicos. ¿Cómo los definieron, frente a un entramado tan vasto?

—VS: El cuestionario era largo y tenía muchos tópicos. Después uno decide en cuáles detenerse. Lo que teníamos claro era que no queríamos anécdotas de vida. También queríamos corrernos de la historia de vida empática del noticiero.

De repente, alguna persona cuenta que bajó de un barco. Podríamos habernos detenido en esa anécdota, que era muy jugosa, pero no íbamos por ahí. La pregunta era: tenés 90, 95, 98, 100 u 80 años, ¿qué pensás del paso del tiempo?

La selección de entrevistados buscó representar distintos géneros, territorios y sectores sociales para ampliar la mirada sobre la vejez.

Había cuestiones bastante obvias, porque queríamos indagar en la vejez, y otras que descubrimos durante las entrevistas. La amistad adquirió mucho peso. En todos apareció la necesidad, la avidez y la nostalgia por las amistades perdidas, muchas veces sin que se los preguntáramos. Había que mantener una escucha abierta y reconocer: acá hay algo y tiene que estar.

—DR: En el documental trabajamos la contemplación. En una época de scroll, de contenidos que duran cinco segundos y del vértigo del celular o la computadora, queríamos trabajar la contemplación. Los protagonistas también hablan de una vida enloquecida y de su preferencia por ir paso a paso. Si tenés que ver una imagen durante 20 segundos, mirala durante 20 segundos. Puede gustarte, rechazarte, generar empatía o pasarte de largo, pero mirala.

—VS: Eso fue parte de las discusiones durante el armado. A veces decíamos: “Dejala”. Otras veces: “Me hace ruido, estoy llegando al límite”. Pero la dejábamos.

—DR: Eso viene de una influencia muy fuerte de Andrei Tarkovski. Él hablaba de la atención interna, una idea que tomó de Dostoievski: llevar todo a un extremo, hasta donde casi se rompe, para sostener la atención del espectador.

En muchas series y películas estadounidenses todo va rápido. Es un estilo, una manera, no es mala ni buena. El documental es corto, porque dura 48 minutos, pero tiene un tempo interno relajado, contemplativo. Esa fue la intención. Si tenés que ver una nube, mirá la nube. Escuchá lo que dice el personaje, pero mirá cómo pasa, cómo corre. No está puesta cinco segundos: está ahí para que la mires.

El documental Ensayo sobre la vejez organiza una reflexión coral con voces diversas, primeros planos y un montaje que cruza imágenes y testimonios.

—JM: Ustedes vienen de la televisión, donde la emisión y la recepción ocurren en el momento. ¿Cómo transitan ahora una producción que debe salir a encontrar a su público? ¿Cómo será la vida de Ensayo sobre la vejez?

—VS: Estamos muy contentos, expectantes y conscientes de que es otro camino. También fue una decisión. Incluso después de haberlo terminado, uno se pregunta cuándo se termina un documental, porque siempre le encuentra algo más. En algún momento dijimos: “Ya está”.

Pasaron cinco años y a nosotros nos pasó de todo. Dani dejó el canal, se fue de la ciudad, se instaló en un lugar completamente distinto y armó una nueva vida. Pasamos la pandemia, yo tuve un hijo y atravesé un embarazo en el medio. El interés por el proyecto se sostuvo, y eso hablaba de ganas genuinas de terminarlo.

Consultamos a algunos distribuidores por el circuito de festivales, pero todo requería plata y no la teníamos. Entonces seguimos haciendo todo entre los dos. Ahora eso me parece una característica preciosa y tierna del documental.

Todo lo hicimos entre nosotros, salvo la música, que aportó Alberto Fidel “Carpo” Cortés. Hablábamos por videollamada: “Dani, en el minuto 3.40 fijate que hay un acento mal puesto”. Él lo corregía desde allá y me mandaba una nueva versión. Así trabajamos.

Daniel Lázaro Raichijk construyó una propuesta visual en blanco y negro que evita ilustrar de forma literal los relatos sobre la vejez.

Desde los distribuidores y desde el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales nos dijeron que no podían ponerla en las salas del circuito porque dura 48 minutos, aunque la habían declarado de interés. Otra distribuidora nos propuso agregarle diez minutos. Los tenemos, pero no queremos agregarlos. Todos los días, en la tele, escucho que si una nota funciona hay que hacer dos preguntas más, ver qué sigue... Nosotros queremos otra cosa. Queremos que el documental camine lo que tenga que caminar y por el circuito que tenga que ir.

Además de la presentación en la Biblioteca Nacional, conseguimos el Centro Cultural de la Cooperación. Durante todo octubre tendrá un estreno formal en una sala, con cuatro funciones consecutivas los miércoles, que además son los miércoles de los jubilados. Hay una simbología interesante ahí. Por ahora, ese es el recorrido. Buscamos otras salas para que sigan las proyecciones. Más adelante veremos la posibilidad de que esté disponible en alguna plataforma.

—DR: Ya tenemos invitaciones en Tucumán y en Córdoba.

Valeria Sampedro planteó que el documental sobre la vejez busca alejarse tanto del viejismo como de la idealización de las personas mayores.

Ficha técnica

Ensayo sobre la vejez es un documental que indaga en el paso del tiempo, la finitud y las distintas formas de transitar la vejez. A través de testimonios, la película reflexiona sobre el deterioro físico, la memoria, la mirada de los otros y la resistencia a reconocernos viejos. La obra busca poner en discusión cuándo comienza realmente la vejez y qué experiencias, deseos, pérdidas y vínculos atraviesan ese tramo de la vida.

Realización Valeria Sampedro nació en Buenos Aires en 1976. Es periodista y locutora, con más de 20 años de trayectoria en medios de comunicación. Fue cronista de exteriores en Radio Rivadavia, Radio Continental, América TV, Canal 13 y Todo Noticias. Formó parte del colectivo de comunicadoras que impulsó la movilización Ni Una Menos en 2015. Actualmente conduce Arriba Argentinos, el noticiero de la primera mañana de Canal 13. Recibió un premio Lola Mora por su labor periodística con perspectiva de género y fue nominada dos veces al Martín Fierro, en 2016 y 2017. Ensayo sobre la vejez es su primer trabajo como directora de cine documental.

Daniel Lázaro Raichijk nació en Buenos Aires en 1963. Es realizador cinematográfico, camarógrafo profesional y fotógrafo. Se formó en el Instituto de Artes Cinematográficas (IDAC) de Avellaneda. En 1988 fundó la videoteca La Fábrica de los sueños, con 6 mil títulos de cine de autor y documental, en la librería Liberarte. En 2008 estrenó su primer largometraje documental, Nos Otros, sobre el racismo y la discriminación en Argentina.

La banda sonora estuvo a cargo de Alberto Fidel Cortés, “Carpo”.

"Ensayo sobre la vejez" aborda el envejecimiento, la memoria, el deterioro físico y la dificultad de reconocerse viejo a través de testimonios.

Título: Ensayo sobre la vejez. Dirección: Valeria Sampedro y Daniel Lázaro Raichijk. Banda sonora: Alberto Fidel Cortés. Duración: 48 minutos. País: Argentina. Género: Documental. Año: 2026

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