El Distinguished Gentleman’s Ride convirtió en Rosario una postal de motos clásicas y trajes elegantes en una convocatoria con otro centro: usar la pasión por las dos ruedas para hablar de salud masculina, recaudar fondos y sumar participación alrededor de enfermedades que suelen quedar fuera de la conversación cotidiana. Pablo Boné, uno de los participantes, definió ese cruce entre hobby y causa con una idea que atravesó toda la jornada: “No nos fijamos en la cantidad que se dona, sino en la participación”.
La caravana reunió a cientos de personas al pie del Monumento a la Bandera y replicó un formato que se realiza cada año en 100 países. La participación no tiene costo de inscripción, aunque la organización alienta a los motociclistas a donar y recaudar para la Fundación Movember.
El evento nació en Sídney en 2012 por impulso de Mark Hawwa, inspirado en una imagen de Don Draper, el personaje de Mad Men. En su primera edición no estuvo ligado a ninguna causa, pero desde el año siguiente se orientó a la concientización y a la recaudación para temas de salud masculina, y desde 2016 los fondos se destinan a la fundación benéfica con foco en cáncer de próstata, prevención del suicidio y salud mental.
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Boné explicó que para muchos participantes la convocatoria ya funciona como una cita anual estable. “Hace muchos años que venimos participando el DGR, un grupo de amigos y los que siempre nos juntamos a rodar. Y es un compromiso que asumimos, en el cual, haciendo donaciones, participamos de esta campaña a nivel mundial”, dijo.
La caravana pone la participación por encima del monto de la donación
El participante sostuvo que la propuesta no se agota en la exhibición de motos ni en la estética del recorrido. En su descripción, el valor central está en sumar presencia y convertir la rodada en un vehículo de concientización sobre prevención, controles y salud mental.
Durante la entrevista, Boné explicó que el paseo busca visibilizar el cáncer de próstata, el cáncer de testículo y la salud mental masculina, por encima de cualquier otro aspecto de la jornada. “Queremos concientizar sobre la importancia de hacer los análisis de prevención de cáncer de próstata, la salud mental masculina y entre todos juntarnos y unirnos. El nexo es la motocicleta”.
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Su planteo fue que el evento transforma una afición personal en una causa abierta, donde la consecuencia buscada es sumar gente, aunque no tenga moto ni haga una gran donación.
La organización mundial del DGR propone una combinación: comportamiento afable, ropa elegante y motos de estilo clásico, entre ellas café racer, bobbers, choppers, scooters clásicos y sidecars. Esa estética es una de las marcas del evento, aunque en la experiencia local el criterio de pertenencia apareció más asociado al vínculo entre motociclistas que a una categoría cerrada de vehículos.
El clima de camaradería amplía el formato más allá de las motos clásicas
Boné remarcó que el diseño original del DGR estuvo pensado para motos antiguas y vestimenta de época, pero describió una escena más amplia. “En realidad es abierto. Yo digo que todos son motos de alta o baja cilindrada, formatos y estilos. Lo que nos une es la pasión por las dos ruedas”.
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Enumeró la variedad de grupos y modelos que participaron de la caravana en Rosario, desde el Vespa Club hasta clubes de motos custom, pisteras y trial. Para él, esa mezcla no debilita la identidad del evento, sino que la refuerza a partir de un elemento común: “Somos todos amigos”.
El dirigente también ligó esa amplitud con una idea de pertenencia que excede al vehículo. Según su relato, el DGR funciona porque la moto opera como punto de encuentro entre personas de edades, estilos y recorridos distintos, y convierte una salida compartida en una experiencia colectiva.
La convocatoria busca sumar también a quienes no manejan
Un mensaje de Boné estuvo dirigido a quienes observan el paso de la caravana desde la calle o por redes sociales. “Aunque no tengan moto participen, porque el fin de esta caravana es la lucha contra estas enfermedades y no hace falta tener moto para sentirse miembro”.
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Esa invitación incluye la posibilidad de acercarse al punto de encuentro, compartir la foto grupal y acompañar la salida aunque sea desde afuera del recorrido. El participante insistió en que la pertenencia no depende de conducir, sino de reconocer la causa que organiza la actividad.
En su caso, la relación con la moto también tiene una dimensión personal. “Es mi cable a tierra, es mi hobby, es mi pasión y es algo que disfruto muchísimo”, afirmó al contar que el interés por este mundo viene desde la infancia, aunque recién de grande pudo acceder al tipo de motos que hoy integra a la rodada.
Desde su expansión internacional, el Distinguished Gentleman’s Ride sumó el apoyo del fabricante Triumph en 2014 y de la firma suiza Zenith en 2016. Ese crecimiento afianzó el formato que combina identidad, sociabilidad y recaudación, con un foco cada vez más marcado en la conversación sobre la salud de los hombres.
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“Cuando se prenden todas las motos, llámese 500 u 800 motos las que participen, te tiembla el pecho, te tiembla el corazón”.
Fotos: Gentiliza de Dez Fotografía.