El portaaviones de la Armada de Estados Unidos USS Abraham Lincoln regresó este jueves a su base en San Diego tras un despliegue de 321 días en el que participó en la guerra contra Irán, con un récord de entre 264 y 265 días consecutivos sin tocar puerto —cifras que varían según las fuentes— y 321 días en total, de acuerdo con Europa Press y ABC News. El grupo de ataque, compuesto por el portaaviones y varios destructores con entre 6.000 y 7.000 efectivos en total, completó el segundo despliegue más largo de la era posterior a la Guerra Fría.
El día previo al regreso, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, visitó el portaaviones para entregar a su tripulación la Mención Presidencial a la Unidad, el máximo reconocimiento que puede recibir una unidad militar.
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Hegseth reconoció ante los marineros que extendió el despliegue en dos oportunidades y sostuvo que el presidente Donald Trump “siguió de cerca” la misión y que no podría estar “más orgulloso” de los resultados.
El USS Abraham Lincoln combatió en Irán desde el golfo Pérsico durante ocho meses
El portaaviones salió de San Diego, California, en noviembre de 2025 y llegó al golfo Pérsico en enero de 2026. Las fuerzas de Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra territorio iraní el 28 de febrero de 2026, en el marco de la operación denominada Furia Épica.
El Lincoln y su grupo de ataque permanecieron en zona durante los meses que siguieron, hasta que en agosto el USS George Washington lo relevó. A principios de septiembre, la tripulación hizo una breve escala en Tailandia —la primera parada en puerto en meses— antes de emprender el regreso.
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Hegseth reveló el alcance total de las operaciones del grupo de ataque
Al leer la citación ante la tripulación reunida en la cubierta de vuelo, Hegseth divulgó datos que hasta ese momento no habían sido confirmados públicamente.
El grupo de ataque ejecutó 3.693 salidas de combate, lanzó 450 misiles de crucero Tomahawk, derribó 77 drones de ataque unidireccional iraníes y 21 misiles de crucero antibuque, y participó en el hundimiento de 64 buques de guerra iraníes. En total, el grupo acumuló alrededor de 10.000 salidas y 23.000 horas de vuelo en combate, de acuerdo con el medio.
La tripulación afrontó escasez de suministros y problemas de salud mental
Antes de concluir el despliegue, el Lincoln concentró la atención pública por las condiciones que afrontó su tripulación. Familiares de los marineros describieron a NBC News situaciones de agotamiento extremo, moral deteriorada y dificultades en el acceso a alimentos e insumos de higiene.
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El secretario interino de la Armada, Hung Cao, reconoció en agosto que las operaciones de combate limitaron las oportunidades de reabastecimiento y que las opciones de menú se redujeron de dos a una durante un período breve. La Armada había restado importancia a los problemas en un primer momento, y Trump llegó a comentar que el largo despliegue “no fue ni de lejos lo suficientemente largo”.
La Armada confirmó ocho intentos de suicidio a bordo del grupo de ataque
En una carta enviada a la senadora Kirsten Gillibrand, un alto oficial de la Armada informó que ocho marineros del grupo de ataque intentaron suicidarse durante el despliegue, según el documento obtenido por NBC News. La misiva precisó que los intentos abarcaron a personal de la tripulación, el ala aérea y los escuadrones de aviación embarcados.
De acuerdo con la misma cadena, un marino cayó al mar en agosto y fue rescatado; luego fue trasladado para recibir atención médica adicional. La Armada no atribuyó ninguna muerte por suicidio a bordo. Funcionarios estadounidenses señalaron que la cifra se ubica en el extremo más bajo de lo habitual para despliegues de esa duración.
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Las lecciones del Lincoln ya se aplican al próximo portaaviones en zona de guerra
El almirante Daryl Caudle, jefe de Operaciones Navales, anunció que el USS Theodore Roosevelt —que partió de San Diego una semana atrás hacia Oriente Próximo— salió al mar con reservas máximas de alimentos, artículos de higiene y productos de consumo.
Entre las mejoras previstas figuran también equipos de entretenimiento y aparatos de ejercicio más resistentes, actualizaciones de software para los sistemas críticos del buque y medidas para mantener informadas a las familias durante los despliegues.
“A medida que un portaaviones regresa a casa, escuchamos a sus marineros y sus familias, capturamos lo que funcionó y lo que no, y lo mejoramos para la próxima vez”, resumió el suboficial mayor de la Armada, John Perryman, según ABC News.
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