El Departamento de Energía de Estados Unidos destinará casi USD 2.000 millones a 31 proyectos distribuidos en 26 estados con el objetivo de ampliar la capacidad de transmisión eléctrica sin construir nuevas líneas desde cero.
La iniciativa, denominada SPARK (“De velocidad a potencia mediante la reconducción acelerada y otras mejoras clave en tecnologías avanzadas de transmisión”), apunta a liberar más de 23 gigavatios de capacidad adicional —suficiente para abastecer a 16 millones de hogares— mediante la modernización de infraestructura ya existente.
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El programa responde a una presión creciente sobre la red eléctrica estadounidense: la proliferación acelerada de centros de datos impulsados por la inteligencia artificial consume volúmenes de energía que los planes de generación actuales no logran absorber, indicó Associated Press.
Las facturas de electricidad suben por encima de la inflación en varias regiones del país, y en algunos mercados locales se atribuye directamente ese encarecimiento a la demanda de los data centers.
El plan implica modernizar más de 34.000 kilómetros de líneas sin abrir nuevos corredores
El financiamiento total del programa asciende a USD 5.250 millones: USD 1.900 millones aportados por el gobierno federal y USD 3.350 millones en contrapartida de los propios beneficiarios.
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Los fondos provienen de la Ley de Infraestructura Bipartidista sancionada durante la administración de Joe Biden. Los receptores incluyen empresas de servicios públicos, cooperativas y cuatro agencias estatales —Colorado, Indiana, Ohio y Oklahoma—, que en conjunto captaron USD 810 millones del total federal.
Los proyectos contemplan dos líneas de acción principales. Por un lado, el recableado o reconstrucción de más de 2.400 kilómetros (1.500 millas) de líneas de transmisión de alta tensión con conductores de mayor capacidad.
Por otro, la incorporación de tecnologías de mejora de red (GETs, por sus siglas en inglés) a lo largo de casi 34.000 kilómetros (21.000 millas) de tendido existente. Al maximizar los derechos de paso ya disponibles, el plan evita las demoras de décadas que implica habilitar nuevos corredores de transmisión.
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Las tecnologías clave permiten medir condiciones en tiempo real para usar cada línea al máximo
Entre las herramientas desplegadas figuran sensores de fibra óptica integrados en los propios cables de transmisión. Estos dispositivos registran temperatura, velocidad del viento y otras variables ambientales en tiempo real, lo que permite calcular con precisión cuánta energía puede circular por cada tramo sin riesgo de sobrecarga.
El secretario de Energía, Chris Wright, explicó el mecanismo durante una conferencia de prensa en las instalaciones de PPL Corp. en Allentown, Pensilvania: “Esto es una forma rápida de bajar el precio de la electricidad y aumentar la confiabilidad: usar fibras que ya están en las líneas de transmisión para analizar cuál es la temperatura, cuál es el viento, cómo podemos usar esta línea para distribuir más energía”.
Además, en diálogo con Associated Press, aseguró: “Se realiza de manera segura y solo en las condiciones correctas”.
PPL Corp., la empresa de servicios eléctricos del este de Pensilvania, recibirá USD 71,5 millones para modernizar una línea de alta tensión de unos 48 kilómetros (30 millas) en el norte del estado.
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La compañía informó que dos centros de datos ya entraron en operación este año en su zona de cobertura, seis más están en construcción y la demanda eléctrica pico podría quintuplicarse para 2032 si se concretan todos los proyectos en etapa de planificación avanzada.
Los estados con mayor participación abarcan proyectos de alcance regional
Las agencias estatales de Colorado y Oklahoma fueron seleccionadas para intervenciones en redes de escala regional, mientras que Indiana y Ohio también figuran entre los principales receptores de fondos. La distribución geográfica de los 31 proyectos responde a un criterio de priorización: se seleccionaron los que podían ponerse en operación con mayor rapidez.
El secretario Wright señaló que espera ver algunas mejoras en funcionamiento antes del invierno boreal, con el objetivo de amortiguar los picos de precio que se producen cuando la demanda se dispara por condiciones climáticas extremas.
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Reconoció, sin embargo, que no tenía certeza sobre si los proyectos se habrían concretado sin el apalancamiento federal: muchos ya estaban en consideración antes de que se ofrecieran los subsidios, pero los receptores no habían “terminado de decidirse”.
Resistencia comunitaria a los centros de datos
La oposición de comunidades locales a la instalación de data centers se expandió en todo el país y alteró el mapa de las elecciones legislativas de mitad de mandato. Legisladores de ambos partidos cuestionaron públicamente el impacto de los centros de datos sobre las tarifas eléctricas y la calidad de vida de los vecinos.
Julia Selker, directora ejecutiva de la WATT Coalition —asociación de la industria de tecnologías de mejora de redes—, calificó tanto la escala de la inversión como la selección de proyectos como significativas.
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Señaló que las empresas de servicios eléctricos de Estados Unidos están rezagadas respecto de Europa en la adopción de estas tecnologías, pese a la inversión federal previa en desarrollo y pruebas.
Drew Maloney, presidente del Edison Electric Institute (EEI), organismo que agrupa a las empresas de servicios públicos con fines de lucro, sostuvo que las compañías del sector realizan cada año una “inversión significativa” en nuevas tecnologías para fortalecer la red y reducir los cortes.
La administración federal también impulsa, en paralelo, que las grandes empresas tecnológicas conecten sus centros de datos directamente a plantas generadoras y a líneas de alta tensión, y trabaja en la conversión de antiguas instalaciones de enriquecimiento de uranio de la Guerra Fría en complejos de data centers y generación eléctrica.
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