El acceso a la primera vivienda en Estados Unidos se encareció con fuerza tras la pandemia: el precio promedio de una vivienda inicial pasó de USD 256.000 en 2019 a USD 344.000 en 2026, mientras el ingreso mínimo necesario para comprarla subió de USD 43.000 a USD 78.000.
El salto reflejó un doble ajuste: por un lado, propiedades más caras; por el otro, un umbral de ingresos más alto para calificar a un crédito.
Después de la pandemia, comprar una primera vivienda en Estados Unidos exigió más ingreso y más capacidad de endeudamiento que antes.
Las cuotas subieron más de 80% y la edad promedio del comprador debutante llegó a 40 años. Para muchos hogares, el punto de entrada al mercado se desplazó hacia arriba: aun con empleo estable, el costo mensual volvió insuficiente un salario que antes alcanzaba.
PUBLICIDAD
Antes de la pandemia, el mercado ofrecía más margen para quienes buscaban entrar por primera vez. En 2019, el 55% del inventario estaba por debajo de USD 350.000, frente al 37,6% actual.
El resultado fue una reducción del tramo más accesible: hay menos opciones dentro de los rangos que suelen mirar quienes buscan su primera casa y compiten por precio con otros compradores.
El crédito, la cuota y el ingreso exigido
El problema de fondo no fue solo encontrar viviendas disponibles, sino poder pagarlas. El costo de compra subió más rápido que los salarios y la tasa hipotecaria rondó el 6,5%, un nivel que dificultó reunir las condiciones para obtener un préstamo.
PUBLICIDAD
En ese contexto, la economista sénior de Realtor.com, Hannah Jones, resumió el freno que enfrentan muchos hogares: “Muchos compradores potenciales simplemente están dejando pasar esta oportunidad”.
La presión no se limitó al precio de las propiedades. La cuota mensual subió más de 80%, lo que elevó el umbral de ingreso necesario para entrar al mercado incluso cuando hay casas en venta.
Esa combinación volvió más estricta la ecuación clásica: no alcanza con ahorrar para el pago inicial si el pago mensual supera la capacidad del hogar o si el banco exige ingresos que quedan lejos del promedio disponible.
PUBLICIDAD
El Sur, el Noreste y la brecha regional
La evolución no fue igual en todo el país. El Sur, con mercados como Texas, Florida y las Carolinas, encabezó la recuperación gracias a la construcción nueva y sumó 170.000 casas más baratas en el mercado.
Ese aporte amplió el inventario en el rango inferior, aunque no revirtió por completo el encarecimiento general de la vivienda inicial.
El contraste apareció con más claridad en el Noreste. Allí, la vivienda inicial típica cuesta USD 444.000 y solo el 30% del inventario resulta accesible para este tipo de comprador.
PUBLICIDAD
La brecha regional se tradujo en estrategias distintas: en algunas zonas, la primera compra quedó asociada a mudanzas o a aceptar trayectos más largos hacia el trabajo.
El Medio Oeste siguió como la región más barata para entrar al mercado. Aun así, registró una suba de 10% desde 2022.
En el Oeste hubo una baja de 7,3% desde el pico, pero esa corrección no alcanzó a toda la región.
En ese marco, la costa de California quedó al margen de ese alivio, lo que mantuvo la barrera de entrada en niveles altos.
Por qué la oferta usada sigue limitada
La oferta de viviendas usadas siguió restringida por el efecto de inmovilidad hipotecaria. El 70% de las hipotecas vigentes tiene tasas de 5% o menos, una condición que desalentó a muchos propietarios a vender y tomar un nuevo crédito más caro.
PUBLICIDAD
Ese freno redujo la rotación del mercado y limitó la llegada de viviendas usadas más accesibles.
Aunque el inventario mejoró, ese avance todavía no se tradujo en una mejora suficiente para quienes buscan comprar por primera vez.
Quienes siguen en esa búsqueda pueden mirar con más atención el Sur, evaluar construcciones nuevas, considerar mudanzas hacia mercados menos caros o compartir recursos.
PUBLICIDAD
La presión golpea con más fuerza a los hogares de menores ingresos, que hoy pagan más por menos al dar el primer paso.