Empresas estadounidenses afirman que compañías de China reproducen sus sistemas de inteligencia artificial gracias a la destilación, una técnica que, aseguran, redujo la brecha tecnológica entre ambos países y ya impacta en sectores claves como ciberseguridad, farmacéutica y vigilancia.
El debate escaló después de que la startup china Z.ai presentara el modelo GLM-5.2, considerado por voces del sector casi tan potente como los sistemas estadounidenses más avanzados.
El caso involucra a actores clave como Anthropic, OpenAI, Alibaba y al Senado de Estados Unidos e instala interrogantes sobre los límites legales, éticos y estratégicos de la disputa global por el liderazgo en inteligencia artificial.
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El método de la destilación: origen, funcionamiento y polémica
La destilación se convirtió en el núcleo de la controversia. Esta técnica, introducida en la industria tecnológica a comienzos de la década de 2010 por un grupo de investigadores de Google, permite que un modelo de inteligencia artificial aprenda de otro más avanzado, replicando su comportamiento en equipos menos costosos.
The New York Times explicó que el proceso funciona como una relación maestro-alumno: el sistema original actúa como referencia y el nuevo absorbe su lógica de funcionamiento.
Geoffrey Hinton, pionero británico en inteligencia artificial y exinvestigador de Google, ilustró a ese medio que la destilación fue utilizada durante más de diez años. En sus palabras: “Piense en un modelo como el maestro y en el otro como un estudiante”.
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Aunque inicialmente la técnica fue pensada para optimizar el propio software de las empresas, luego se observó su potencial para imitar tecnologías ajenas, lo que la situó en el centro de la disputa actual.
El uso de destilación para copiar sistemas de código abierto, es decir, tecnologías que cualquier persona puede modificar y reutilizar sin restricciones, fue frecuente y está socialmente aceptado en el sector. El conflicto surge cuando organizaciones como Anthropic o OpenAI detectan que sus modelos propietarios, protegidos bajo términos de uso estrictos, son replicados sin autorización a través de esta técnica.
Acusaciones, denuncias y la reacción política
La preocupación de las empresas estadounidenses se formalizó el 10 de junio, cuando Anthropic envió una carta a los senadores Tim Scott y Elizabeth Warren.
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En ella, la compañía acusó a Alibaba de acceder a sus sistemas con decenas de miles de cuentas no autorizadas, recolectando información que después habría sido usada para entrenar sus propios modelos de inteligencia artificial.
The New York Times detalló que Anthropic describió estos hechos como “ataques de destilación llevados a cabo de manera ilícita, sistemática y a escala industrial para extraer capacidades estadounidenses y reempaquetarlas como propias”.
El pedido de la firma al Senado fue directo: solicitaron que se consideren alternativas para frenar la destilación desde China y se fortalezca la coordinación entre el gobierno estadounidense y los laboratorios líderes del sector.
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El reclamo coincidió con advertencias similares de OpenAI, que también denunció prácticas de copia por parte de empresas chinas, en un contexto marcado por audiencias legislativas sobre los desafíos regulatorios y de seguridad de la inteligencia artificial.
La carta de Anthropic advirtió sobre la sofisticación y escala de la presunta operación china, asegurando que Alibaba habría empleado una red de cuentas falsas para recolectar datos críticos.
Además, la empresa pidió que se refuercen los controles a la exportación de chips especializados, un recurso esencial para el entrenamiento de sistemas avanzados y cuyo flujo a China ya fue restringido por disposición federal.
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China avanza, expertos debaten el alcance de la destilación
El progreso de empresas chinas quedó en evidencia con el lanzamiento de GLM-5.2 por parte de Z.ai, un modelo que, según The New York Times, se acerca a los sistemas estadounidenses más sofisticados, especialmente en ciberseguridad.
Este desarrollo generó inquietud tanto en empresas estadounidenses como en la administración de Donald Trump, que ubican la inteligencia artificial en el centro de la competencia geopolítica.
No solo Alibaba fue señalada. Hace aproximadamente un año y medio, la startup DeepSeek sorprendió al ecosistema tecnológico al presentar soluciones eficaces a menor costo que las de sus rivales estadounidenses. Poco después, OpenAI acusó a DeepSeek de haber replicado sus tecnologías usando destilación.
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En febrero, Anthropic fue más allá y denunció a DeepSeek y a otras dos startups chinas por extraer grandes volúmenes de datos de sus sistemas.
Según la denuncia, esas empresas habrían usado unas 24.000 cuentas para generar 16 millones de conversaciones con el chatbot Claude. Ese material habría servido para entrenar y perfeccionar asistentes conversacionales propios.
La supervisión de estos patrones permitió a Anthropic identificar el origen y la finalidad de las maniobras. En declaraciones recogidas por The New York Times, la firma aseguró que monitorea de cerca la actividad en sus sistemas y que detectó comportamientos repetidos vinculados a China. Este control enfrenta límites prácticos, ya que el bloqueo masivo de cuentas podría afectar a usuarios legítimos.
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La dimensión legal y política de la disputa sigue abierta. Sarah Tishler, abogada especializada en litigios de secretos comerciales del estudio Beck Reed Riden, señaló al medio estadounidense que la legalidad de la destilación no está resuelta.
Algunos especialistas creen que podría violar la Ley de Defensa de Secretos Comerciales de 2016, aunque los tribunales no emitieron fallos explícitos.
Sobre derechos de autor, Tishler indicó que la destilación replica el comportamiento de sistemas, no copia textual, lo que agrega complejidad al debate legal.
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Cooperación internacional y perspectivas para el futuro de la inteligencia artificial
Ante la dificultad para frenar la destilación por vía legal, las empresas estadounidenses del sector optaron por compartir información y coordinar esfuerzos de detección.
The New York Times remarcó que Anthropic, OpenAI y Google intercambian datos para identificar ataques, aunque reconocen que el margen de maniobra es limitado si la actividad ocurre fuera de Estados Unidos.
Tishler advirtió que, incluso si la legislación estadounidense prohibiera la destilación ilícita, sería difícil hacerla efectiva en China. “Gran parte de esta conducta está ocurriendo fuera de Estados Unidos”, afirmó. “Sería muy difícil abordarla a través de un tribunal estadounidense”.
El debate sobre la efectividad de nuevas restricciones está abierto. Algunos expertos opinan que una ofensiva contra la destilación china no alteraría de manera decisiva la evolución de los sistemas más avanzados.
Otros sostienen que la importancia de la técnica disminuirá a medida que se desarrollen modelos pensados para actuar como agentes de inteligencia artificial. Estos asistentes digitales, capaces de operar otros programas para ejecutar tareas complejas, requieren entrenamientos que, según especialistas, resultan mucho más difíciles de replicar mediante destilación.
Sara Hooker, directora ejecutiva del laboratorio Adaption, expresó que “no importará tanto en la próxima era de la inteligencia artificial”. Esta visión sugiere que el futuro de la competencia tecnológica dependerá menos de la reproducción de modelos existentes y más de la creación de sistemas autónomos y especializados.