Un nuevo acuerdo internacional busca transformar la manera en que las ciudades gestionan la construcción y operación de centros de datos. En representación de urbes de distintos continentes, unos 40 alcaldes suscribieron un pacto global para establecer condiciones que permitan el desarrollo de estos complejos sin poner en riesgo los recursos naturales, el acceso a la energía ni los objetivos climáticos locales.
Impulsada por la red C40 Cities durante la London Climate Action Week, esta iniciativa plantea un marco común para abordar uno de los desafíos urbanísticos y medioambientales más urgentes de la era digital, informó la agencia Associated Press.
El auge de los centros de datos en zonas urbanas intensificó el debate sobre cómo equilibrar el progreso tecnológico con la sostenibilidad urbana. La decisión de los alcaldes de alinear políticas marca un precedente en la regulación de infraestructuras que, además de ser vitales para la economía digital, consumen cantidades crecientes de agua y energía.
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Pacto global de alcaldes para regular los centros de datos urbanos
El acuerdo, presentado por C40 Cities, surge como respuesta coordinada de las grandes ciudades del mundo frente al crecimiento acelerado de los centros de datos. En Estados Unidos, alrededor de la mitad de los alcaldes firmantes proceden de este país, destacando la participación de metrópolis como Seattle, Phoenix, Chicago y Miami, así como urbes californianas como Palo Alto y Riverside.
La preocupación principal radica en asegurar que el desarrollo de estos complejos tecnológicos no se realice a costa del bienestar urbano ni del equilibrio ambiental.
Las ciudades estadounidenses fueron escenario de debates sobre el impacto de estos centros en los sistemas eléctricos y el uso de suelo. La presión por atraer inversiones tecnológicas llevó a una competencia entre regiones, pero ahora los alcaldes buscan establecer reglas conjuntas para evitar que las ciudades menos protegidas terminen asumiendo los mayores costes sociales y ambientales.
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En el contexto estadounidense, la centralidad de los centros de datos se relaciona con la proximidad a empresas que requieren procesamiento instantáneo, especialmente aquellas que apuestan por la inteligencia artificial. Sin embargo, la expansión descontrolada ha generado oposición local y política, así como propuestas para suspender incentivos fiscales y evaluar límites a nuevas construcciones.
Un bloque de alcaldes estadounidenses —incluidos los de Phoenix, Albuquerque, Lincoln y Beverly— se unió para exigir que los beneficios de la innovación vayan acompañados de garantías para los habitantes y el medio ambiente.
Motivos y contexto detrás del pacto: preocupaciones ambientales
El pacto responde a inquietudes compartidas en distintas regiones sobre el elevado consumo energético y de agua de los centros de datos, así como su competencia directa con otros sectores, como el inmobiliario, por terrenos urbanos.
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Según Cassie Sutherland, directora ejecutiva de C40, las problemáticas detectadas en ciudades distantes resultaron ser similares: aumento del riesgo de apagones, incremento en las facturas eléctricas y presión sobre los recursos hídricos.
La proliferación de centros de datos en entornos urbanos se explica por la necesidad de ofrecer servicios de baja latencia a empresas locales y la creación de ecosistemas tecnológicos. No obstante, este crecimiento encendió alarmas en comunidades y autoridades ante la posibilidad de que los elevados requerimientos energéticos afecten la estabilidad del suministro general y eleven los costos para los residentes.
La demanda de agua, especialmente en ciudades con estrés hídrico, es otro foco de preocupación. Además, la competencia por el uso del suelo disponible generó tensiones con desarrolladores de viviendas y otros proyectos estratégicos para las urbes.
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Alcance geográfico y ciudades participantes en el pacto
La firma del pacto involucra a ciudades de Estados Unidos, Europa, África, Asia del Pacífico, Canadá y Medio Oriente. Entre los municipios europeos destacan localidades en Grecia, España, Italia, Alemania, Reino Unido y Noruega.
Por parte de África, participan ciudades de Costa de Marfil, Sierra Leona, Sudáfrica y Kenia; del Asia-Pacífico, se suman urbes de India y Australia, además de Montreal en Canadá y Líbano en Medio Oriente.
En contraste, ningún alcalde de ciudades del Sudeste Asiático firmó el pacto hasta el momento. Según la organización C40, la región enfrenta obstáculos regulatorios y de políticas nacionales que impiden la adhesión, pese a ser un área donde la demanda energética vinculada a centros de datos crece con rapidez y representa una cuarta parte del aumento global en consumo eléctrico.
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El pacto cobra relevancia ante la previsión de que en 50 ciudades de la red de C40 el número de centros de datos crecerá más de 40% en los próximos años, sumando ya alrededor de 1.700 instalaciones en urbes afiliadas.
Estándares propuestos para el desarrollo de centros de datos urbanos
El acuerdo establece criterios para que los nuevos centros de datos urbanos se ubiquen preferentemente en terrenos abandonados o subutilizados, minimizando el impacto negativo en términos de ruido, calor y contaminación atmosférica.
Además, exige que estas instalaciones funcionen con energía renovable, incorporen sistemas de almacenamiento con baterías y reduzcan tanto el consumo de agua como las emisiones contaminantes.
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Otra recomendación clave es la reutilización del calor residual generado por los centros, así como la obligación de financiar mejoras en la infraestructura urbana asociada. Los firmantes promueven que los desarrollos generen empleo local, adquieran bienes y servicios de la zona y mantengan canales abiertos de diálogo con la comunidad.
Impacto y casos concretos como Phoenix
En Phoenix, la llegada de nuevos centros de datos provocó solicitudes de permisos que, de aprobarse, duplicarían la demanda eléctrica de la ciudad. El atractivo de la región radica en la confiabilidad del suministro energético y las condiciones meteorológicas estables.
Sin embargo, la alcaldesa Kate Gallego expresó inquietud porque estas inversiones agraven el cambio climático y no respondan a las necesidades reales de la población local. Gallego insiste en la necesidad de un enfoque colectivo que impida que los desarrolladores busquen regiones sin capacidad de negociación o defensa de sus intereses.
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Mientras que en Melbourne, el consumo anual de agua de los centros de datos podría alcanzar los 20 mil millones de litros, es decir, cerca del 4% de la provisión total de agua potable, según el alcalde Nicholas Reece.
Estas cifras cobran relevancia en un contexto de sequías extendidas y un suministro ya tensionado por el crecimiento demográfico y el cambio climático. De este modo, las ciudades impulsaron regulaciones ambientales más estrictas para asegurar que la expansión tecnológica no comprometa la viabilidad futura.