Atravesar los controles en los aeropuertos de Estados Unidos dejará de ser una experiencia rutinaria para los pasajeros habituales. La Administración de Seguridad del Transporte (TSA) está implementando cambios sustanciales que buscan transformar tanto la seguridad como la agilidad en los procesos. Estas novedades, que ya se observan en varias terminales del país, prometen modificar la dinámica de millones de viajeros y marcar un antes y un después en la manera en que se afrontan los controles aeroportuarios.
La modernización de los controles de seguridad responde a una estrategia federal de actualización tecnológica y refuerzo de los protocolos de revisión. Con una inversión que puede alcanzar los USD 781,2 millones en contratos, la TSA avanza en la instalación de escáneres de tomografía computarizada (CT) en tres dimensiones. Esta iniciativa tiene como meta principal modernizar el proceso de inspección y elevar los estándares de seguridad en los accesos a las zonas de embarque.
En la actualidad, el sistema tradicional de rayos X se encuentra en proceso de reemplazo por los nuevos escáneres CT. La diferencia fundamental radica en la capacidad de estos equipos para generar imágenes tridimensionales que los agentes pueden ampliar, girar y analizar desde múltiples ángulos, logrando así una inspección mucho más minuciosa y precisa. El despliegue de esta tecnología ya es visible en aeropuertos de alto tránsito como LaGuardia en Nueva York, Los Ángeles y Hartsfield-Jackson en Atlanta, y se espera que la expansión continúe extendiendo el alcance de estas herramientas en los próximos meses.
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La introducción de los escáneres CT trae consigo cambios notables en la revisión del equipaje de mano. Hasta ahora, los pasajeros debían retirar de sus valijas computadoras portátiles, tabletas, cámaras y líquidos permitidos, lo que solía ralentizar el paso por el control y aumentar la manipulación de objetos personales. Con la nueva tecnología, en muchos aeropuertos los viajeros podrán colocar directamente su equipaje sobre la cinta transportadora y avanzar hacia el escáner corporal, sin necesidad de vaciar el contenido de la maleta.
Esta modificación en el procedimiento tiene un impacto inmediato en la experiencia de los usuarios, quienes ya no tendrán que preocuparse por separar dispositivos electrónicos o líquidos permitidos durante el control. La medida apunta a reducir los tiempos de espera y disminuir el contacto directo con pertenencias, una preocupación que se acentuó tras la pandemia y que ahora encuentra respuesta en la automatización y precisión de los nuevos sistemas. No obstante, la implementación de la tecnología no es uniforme: dependiendo del aeropuerto, e incluso del carril de control dentro de una misma terminal, los procedimientos pueden variar, por lo que los viajeros deben estar atentos a las indicaciones del personal en cada caso.
La modernización tecnológica también implica cambios en el control sobre las valijas, afectando especialmente a quienes viajan con equipaje de mano de gran tamaño. Los nuevos escáneres cuentan con túneles de acceso más pequeños que los anteriores, lo que significa que las maletas que excedan las dimensiones permitidas por las aerolíneas podrían no ingresar en el escáner. En estos casos, el pasajero deberá regresar al mostrador para despachar el equipaje antes de poder avanzar al control de seguridad. Aunque las medidas máximas para el equipaje de mano no han cambiado —56 centímetros de alto, 36 de ancho y 23 de profundidad en la mayoría de los vuelos nacionales—, la aplicación de esta norma será mucho más estricta con la llegada de los nuevos equipos.
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La precisión de los escáneres CT también plantea desafíos para viajeros con necesidades especiales, en particular para los fotógrafos que portan cámaras analógicas. Según lo informado, la potencia de estos equipos puede dañar la película fotográfica sin revelar, por lo que quienes transporten este tipo de material deben retirar los rollos antes del control y solicitar una inspección manual. Este detalle obliga a modificar hábitos y planificar con mayor antelación los procedimientos en el aeropuerto para evitar inconvenientes.
Un tercer eje de transformación en los controles aeroportuarios estadounidenses es la incorporación de sistemas de reconocimiento facial. Este recurso, ya instalado en más de 350 aeropuertos, utiliza tecnología CAT-2 para comparar automáticamente el rostro del pasajero con la imagen de su documento de identidad. El proceso de verificación se vuelve así más ágil y menos propenso a errores humanos, agilizando el tránsito por los controles.
A pesar de su presencia extendida, el uso del reconocimiento facial es voluntario para los pasajeros de vuelos nacionales. Aquellos que prefieran no utilizar este sistema pueden comunicarlo al agente de la TSA y solicitar una verificación manual, sin que esa decisión implique demoras adicionales ni afecte el derecho a abordar el vuelo. De este modo, la TSA busca equilibrar los beneficios de la automatización con el respeto a la privacidad y la autonomía de los viajeros.
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Estas medidas, impulsadas por la necesidad de optimizar el flujo de pasajeros y reforzar la seguridad, configuran un nuevo paradigma en los controles aeroportuarios de Estados Unidos. La actualización tecnológica, el endurecimiento en el control del tamaño del equipaje y la opción de reconocimiento facial convierten el paso por seguridad en una experiencia distinta, más rápida para muchos, pero también más exigente para quienes no se adapten a las nuevas reglas.