Minutos antes de intentar irrumpir armado en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca y atacar al presidente Donald Trump, el sospechoso se tomó una fotografía en su habitación del hotel con municiones, un arma al hombro y un cuchillo enfundado. La imagen, incorporada ahora a documentos judiciales, se convirtió en una de las piezas clave para reconstruir el ataque frustrado.
El acusado, Cole Tomas Allen, de 31 años y oriundo de California, aparece en la foto vestido con pantalón y camisa negros y una corbata roja, equipado con un bolso de municiones, una funda de arma al hombro y un cuchillo enfundado. La postal fue tomada en su habitación del hotel Washington Hilton, el mismo edificio donde, esa noche, el presidente participaba del tradicional evento junto a cientos de periodistas y funcionarios.
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La investigación sostiene que el ataque no fue improvisado. De acuerdo con la acusación, Allen había comenzado a planificar su acción semanas antes: el 6 de abril reservó una habitación en el hotel sede del evento, pese a las estrictas medidas de seguridad que suelen rodear la cena. Días después, viajó en tren desde California hasta Washington, con escala en Chicago, y se registró en el Hilton un día antes de la gala.
El seguimiento de los movimientos del presidente fue otro elemento central. Según los investigadores, Allen realizó múltiples consultas en línea para monitorear la agenda de Donald Trump, incluyendo transmisiones en vivo que mostraban su llegada al hotel. Además, programó el envío de correos electrónicos con un archivo titulado “Apology and Explanation”, que se activaron alrededor de las 20:30, poco antes del ataque.
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La cena apenas había comenzado cuando se desató el episodio. De pronto, Allen corrió hacia los controles de seguridad ubicados en las inmediaciones del salón principal. Llevaba una escopeta calibre 12 de acción de bombeo —comprada el año pasado— y una pistola semiautomática calibre .38 adquirida en 2023. No logró avanzar.
Agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos reaccionaron de inmediato. Se produjo un intercambio de disparos y el atacante fue neutralizado antes de que pudiera ingresar al salón donde se encontraban el presidente, la primera dama, Melania Trump, y el resto de los invitados.
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Dentro del recinto, el sonido de las detonaciones desató el pánico. Los asistentes se arrojaron al suelo o se refugiaron bajo las mesas, mientras agentes armados irrumpían en el salón. Trump fue cubierto por su equipo de seguridad y evacuado del escenario en cuestión de segundos, en un operativo que también incluyó la salida de altos funcionarios del gobierno.
Durante el enfrentamiento, el sospechoso resultó herido —aunque no por impactos de bala—, mientras que un agente del Servicio Secreto recibió un disparo que fue contenido por su chaleco antibalas, lo que le permitió sobrevivir.
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Dos horas después, ya a salvo en la Casa Blanca y aún vestido con su esmoquin, Trump resumió lo ocurrido con una frase: “Cuando eres influyente, van tras de ti. Cuando no lo eres, te dejan en paz”. El mandatario agregó que las autoridades consideran que el atacante habría actuado como un “lobo solitario”.
Los fiscales federales sostienen que Allen tenía la intención de matar y que representa “un peligro excepcionalmente grave para la comunidad”. En su presentación, remarcaron que disparó su escopeta mientras intentaba vulnerar la seguridad y alcanzar su objetivo.
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El caso es investigado por el FBI, que analiza los dispositivos electrónicos, las comunicaciones y los movimientos del acusado para determinar con precisión sus motivaciones. La defensa, por su parte, recordó que el acusado se presume inocente.
Allen permanece bajo custodia y deberá enfrentar cargos formales en un tribunal federal en Washington en los próximos días, mientras avanza una causa que, con cada nueva revelación, permite reconstruir con mayor detalle uno de los episodios de seguridad más graves en torno a un presidente estadounidense en los últimos años.
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