Las gasolineras de San Francisco han marcado un récord al alcanzar los USD 8 por galón de diésel, una cifra jamás vista hasta ahora en una ciudad de Estados Unidos y que sitúa a California en el centro de una crisis de combustibles con consecuencias directas en el costo de vida y la economía local.
De acuerdo con la Asociación Estadounidense del Automóvil, el precio promedio en todo el estado este domingo fue de USD 7.67 por galón (3,8 litros (1 galón). Apenas cuatro semanas antes, el valor era de USD 3.90, lo que representa un 97 % en un mes. Este salto, ya el más alto pagado en el estado, contrasta con la tendencia en el resto del país, donde los valores han comenzado a estabilizarse.
De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos, citada por el diario estadounidense New York Post, en la última semana de marzo el precio medio nacional de diésel subió solo 2,6 centavos y tres regiones informaron descensos.
Se espera que este incremento impacte aún más en los bolsillos de los consumidores durante el verano, cuando los precios de bienes cotidianos registrarán aumentos, según informa el medio.
Factores estructurales detrás del aumento del diésel en California
El origen de este desfasaje está en motivos logísticos y regulatorios: a diferencia de gran parte del país, California no cuenta con oleoductos directos para el suministro de combustibles y depende casi exclusivamente de la importación por barco, tren o camión.
La vulnerabilidad de este esquema se acentúa por el bajo número de refinerías en la región y una regulación ambiental estricta, resultado de la política estatal de reducción de dependencia de combustibles fósiles, factores que exponen al estado a shocks inmediatos de oferta y provocan incrementos en los precios.
La crisis ha impactado en cadena a los sectores de abastecimiento y logística. La California Trucking Association, entidad clave del transporte, explicó a New York Post que el encarecimiento del diésel “se trasladará al consumidor en productos esenciales como materiales de construcción, alimentos, insumos de salud y productos minoristas”.
Para la Independent Grocers Alliance, organización que agrupa minoristas alimentarios y consultada por el mismo medio, el efecto será notorio en los supermercados a partir de mediados de verano: “Aunque el combustible no es el mayor costo en la alimentación, sí es el más omnipresente”.
El impacto fiscal y el debate político por los impuestos
La presión impositiva agrava el contexto: el impuesto sobre las ventas del diésel llega a 13 %, frente al 2,25 % que se aplica a la gasolina convencional. En un estado que consume 4.000 millones de galones (15.141 millones de litros) de diésel al año, esto implica que, solo mediante estos impuestos, el fisco recaudaría “cientos de millones” adicionales durante este periodo de precios, según análisis de New York Post.
Esta diferencia fiscal intensifica los reclamos dirigidos al gobernador Gavin Newsom para que reduzca la carga impositiva sobre los combustibles, una solicitud reiterada por su oponente republicano, Steve Hilton. Hilton sostuvo ante el diario: “Cualquier gobernador decente...lo habría hecho hace semanas”.
Empresas locales y trabajadores ante el alza de los combustibles
Las pequeñas empresas y trabajadores sufren un impacto significativo. Hans Haveman, titular de H&H Fresh Fish, planteó a la estación local KSBW, reproducido por New York Post, que la pesca enfrenta costos elevados: “Un barco grande, de 24 a 30 metros (80 a 100 pies), puede cargar de 2.000 a 3.000 galones. Si el precio es de 8 dólares el galón, hagan la cuenta. O pescan suficiente, o están en problemas serios”.
En California, el alza responde no solo al aumento del precio mundial del diésel sino también a una infraestructura limitada de refinación y a regulaciones estatales orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles, lo cual presiona adicionalmente los costos. Las consecuencias, documentadas por New York Post, afectan especialmente a sectores dependientes de cadenas refrigeradas y transporte.