Kristina Saffran sabe de primera mano lo difícil que puede ser enfrentarse a cada comida bajo la mirada de los demás. Para ella, la adolescencia estuvo marcada por una batalla interna que comenzó a los 10 años: anorexia, diagnósticos, recaídas y cuatro internaciones en centros de rehabilitación durante el primer año de secundaria. En total, siete meses alejada de su entorno, en un sistema que parecía no ofrecer salidas sostenibles.
Pero ese ciclo se rompió cuando su familia decidió intervenir. En vez de enviarla una quinta vez a una clínica, sus padres tomaron el control de cada plato, cada bocado. Aunque la experiencia resultó dura para una joven de 15 años, Saffran reconoce que esa terapia familiar fue el punto de inflexión.
“Nunca me habría recuperado sin eso”, afirma. Aquella vivencia no solo salvó su vida: años después, se transformó en el motor de una compañía que cambiaría la forma de tratar los trastornos alimentarios en Estados Unidos.
El nacimiento de Equip: de la vivencia personal a un modelo digital
En 2019, Saffran cofundó Equip junto a Erin Parks (doctora especialista en psicología clínica). La empresa nació con una misión clara: hacer accesible un tratamiento eficaz para los millones de personas que, como ella, necesitan ayuda pero no encuentran opciones viables en el sistema tradicional.
El enfoque de Equip replica la terapia basada en la familia (FBT, por sus siglas en inglés), pero lo lleva al mundo virtual, permitiendo que la recuperación suceda en casa, sin aislar al paciente de su vida cotidiana.
Cada persona que ingresa al programa recibe un equipo multidisciplinario compuesto por terapeuta, dietista, médico, mentor familiar y mentor par. La idea consiste en transformar el hogar en el centro de la recuperación. Involucra a la familia y brinda apoyo continuo.
Saffran sostiene: “Queremos que nuestros pacientes sigan en la escuela, con sus amigos, manteniendo rutinas. Que acumulen motivos para dejar atrás el trastorno alimentario, en lugar de ser arrancados de su entorno”.
Desde su lanzamiento, Equip experimentó un crecimiento acelerado. En menos de cinco años, la compañía fue valorada en casi USD 900 millones por Pitchbook (consultora internacional de análisis financiero y de startups), y es considerada la firma fundada por mujeres de mayor valor en San Diego.
El modelo atrajo el interés de inversores como The Chernin Group, Tiger Globa, General Catalyst, y figuras públicas como la periodista Katie Couric y la futbolista Alex Morgan, quienes también se sumaron como asesoras y embajadoras.
Alcance nacional, diversidad y acceso: el impacto real de Equip
Equip opera en los 50 estados de Estados Unidos y cuenta con más de 250 empleados. El 97% de sus pacientes accede al tratamiento a través del seguro de salud, gracias a acuerdos con 25 aseguradoras y Medicaid (programa federal y estatal para personas de bajos ingresos), lo que permite llegar a comunidades tradicionalmente desatendidas.
El costo mensual del programa oscila entre USD 2.500 y USD 4.000, pero la cobertura de seguros elimina una de las principales barreras históricas.
La diversidad es otra seña de identidad. Más del 60% del equipo profesional y de mentores ha vivido personalmente la experiencia de un trastorno alimentario, y 34% de los empleados se identifica como BIPOC (personas negras, indígenas o de color), 33% como LGBTQ+ y 7% como transgénero o no binario.
Esta representatividad se refleja en la capacidad de adaptar el tratamiento a diferentes realidades culturales, de género y de edad.
Desde su fundación, Equip trató a más de 15.000 pacientes y familias. La demanda creció un 1.000% en solo un año, impulsada por la pandemia de COVID-19 y la necesidad de soluciones virtuales.
El modelo clínico se basa, además de la terapia familiar, en terapias cognitivo-conductuales (CBT), dialécticas (DBT) y de aceptación y compromiso (ACT), ajustándose a los diferentes perfiles y necesidades de los pacientes.
Resultados clínicos y validación científica
La apuesta de Equip por un enfoque integral y personalizado se refleja en sus resultados. Según datos internos y estudios revisados por los Institutos Nacionales de Salud, la principal agencia pública de investigación médica en Estados Unidos, el 61,5% de los pacientes con anorexia logra la restauración completa del peso con la terapia familiar.
Tras ocho semanas de tratamiento, el 71% reporta una reducción significativa de los síntomas y 2 de cada 3 mejoran su estado de ánimo. Además, el 96% de los cuidadores se siente más preparado para acompañar la recuperación de sus seres queridos.
El modelo virtual permite mantener actividades escolares, laborales y sociales: las intervenciones ocurren en el entorno del paciente, dando continuidad a la vida real. Equip mide cinco tipos de resultados: cambios en conductas (como la ausencia de purgas), biomarcadores (aumento de peso saludable), síntomas cognitivos, calidad de vida y satisfacción familiar.
La meta es recuperar la autonomía y romper el aislamiento, una de las principales consecuencias de los tratamientos institucionales clásicos.
Equip también apoya la investigación aplicada. Su base de datos, la más grande y diversa del país para trastornos alimentarios, permite analizar tendencias, probar nuevas terapias y adaptar protocolos para comunidades específicas. Actualmente estudia el impacto de medicamentos como los agonistas GLP-1 y desarrolla programas enfocados en poblaciones latinas y rurales.
Un modelo sostenido por experiencia y misión social
La historia de Saffran no comienza ni termina con Equip. Antes, fundó Project HEAL, una organización sin fines de lucro enfocada en el acceso al tratamiento para trastornos alimentarios, dedicada a eliminar las barreras económicas y sociales para el acceso al tratamiento. A través de alianzas con otras entidades, Equip dona fondos y becas para pacientes sin cobertura y financia proyectos de equidad para poblaciones vulnerables.
La empresa asegura la especialización y calidad mediante un sistema de contratación directa de terapeutas (no terceriza servicios). Este modelo, poco habitual en salud mental digital, evita la dispersión y garantiza que cada equipo clínico tenga la formación y experiencia requeridas para abordar los casos más complejos, desde pacientes con múltiples internaciones hasta quienes presentan intentos de suicidio.
El desafío pendiente: cerrar la brecha y transformar la cultura
Las cifras muestran una urgencia: en Estados Unidos, más de 28.000.000 de personas tendrán un trastorno alimentario a lo largo de su vida, pero solo 2 de cada 10 reciben tratamiento. El estigma, la falta de acceso y los altos costos mantienen a millones fuera del sistema. Saffran plantea: “Nuestro objetivo es que nadie quede excluido por su edad, identidad o condición social”.
El crecimiento es una prioridad, pero la meta de fondo es cultural: cambiar la conversación sobre los trastornos alimentarios y crear un mundo donde la recuperación no sea un privilegio, sino un derecho. “Creemos que la recuperación total no solo es posible, sino inevitable para quienes reciben atención adecuada y apoyo”, sostiene la fundadora.