Un refugio en Arizona intensificó su trabajo ante 42.504 casos de violencia doméstica

El aumento de víctimas de violencia doméstica motiva la creación de espacios de resguardo y asistencia, donde la confidencialidad y la inclusión marcan la diferencia para quienes enfrentan situaciones de abuso

Programas especializados en Arizona garantizan confidencialidad y acceso a recursos a sobrevivientes, sin importar la edad ni el estatus migratorio

Más de 42.504 mujeres fueron víctimas de violencia doméstica en Arizona durante 2025, un dato que confirma la urgencia de atención y protección para miles de familias en el estado. Refugios como De Colores, con 40 años de labor en Phoenix y gestionado por la organización Chicanos Por La Causa, se presentan como alternativas seguras donde la confidencialidad y el acceso universal a recursos no dependen del estatus migratorio ni de la edad.

El acceso a estos programas permite a las sobrevivientes iniciar una reconstrucción personal bajo resguardo y acompañamiento emocional. Según el testimonio de una de ellas, el primer paso hacia la búsqueda de ayuda marca un cambio profundo en la vida de quienes logran superar el temor y el silencio.

Casi 300 personas reciben apoyo comunitario continuo mientras el refugio De Colores aloja a 88 víctimas

La historia de Patricia Olmos ilustra las complejidades y secuelas de la violencia a la que se enfrentan muchas mujeres latinas en Arizona. Su experiencia comenzó a los tres años de edad en Chihuahua, México, donde fue víctima de abuso sexual, mental y emocional. Estas vivencias marcaron su infancia y se repitieron durante décadas, interfiriendo en su capacidad para identificar patrones de abuso y buscar ayuda.

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En 2023, tras años de violencia psicológica y emocional, Olmos intentó suicidarse. Su expareja empleó mecanismos de control como retener su teléfono y manipular las versiones ante la policía.

La barrera idiomática y el temor a la deportación dificultan que muchas mujeres inmigrantes accedan a la justicia y al apoyo necesario en Arizona. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Me sentía humillada, insignificante, como si no valiera nada”, recuerda Olmos. El obstáculo del idioma y el miedo a la deportación complicaron aún más su acceso a la justicia, una situación compartida por muchas mujeres inmigrantes.

El punto de inflexión llegó cuando uno de sus hijos, de entonces 21 años, la animó a buscar apoyo profesional e iniciar contacto con servicios de ayuda. Luego de recibir atención psiquiátrica, en septiembre de 2024 llegó al refugio, espacio que describe como el “nido perfecto” para ella y sus hijos.

Allí recuperó el sentido de seguridad, el acompañamiento y el cuidado emocional que necesitaba para reconstruirse.

El programa De Colores, parte de la organización sin fines de lucro Chicanos Por La Causa (CPLC), brinda refugio de emergencia, orientación legal, asesoría psicológica y respaldo comunitario a víctimas de abuso sexual y violencia.

Su gerente, Mayani Jinel, explica que todos los servicios son gratuitos y confidenciales: “Si alguien llama preguntando por una persona, nosotros no confirmamos ni negamos si está aquí. La seguridad de quienes viven en el refugio es fundamental”.

Actualmente, el refugio atiende a aproximadamente 88 personas, incluidos adultos y menores, y el programa comunitario presta servicios a casi 300 participantes. Se ayuda a las víctimas a recuperar documentos, encontrar vivienda o empleo y cubrir necesidades básicas.

Una de las claves distintivas del refugio es mantener unidas a las familias, permitiendo la estancia conjunta de madres con hijos adultos y aceptando mascotas, medida que responde a un motivo frecuente de resistencia a abandonar situaciones de violencia.

El miedo a denunciar se agrava por el estatus migratorio y la barrera idiomática

El temor a ser deportadas o a no ser creídas por las autoridades, combinado con el manejo del inglés por parte de los agresores, se manifiesta en el testimonio de Olmos: “Mi confianza en la ley es muy baja. Muchas veces el abusador habla mejor inglés y controla la historia frente a las autoridades”, advirtió en diálogo con el medio La Voz de Arizona.

La desinformación sobre lo que constituye violencia incrementa la vulnerabilidad. Jinel insiste en ampliar la definición más allá del abuso físico y subraya que la violencia emocional y sexual dentro de la pareja es una realidad frecuente y muchas veces ignorada. Señaló que “el hecho de estar en una relación o matrimonio no obliga a una persona a tener relaciones sexuales si no quiere”.

Organizaciones comunitarias ofrecen orientación legal, asesoría psicológica y respaldo integral para ayudar a las víctimas a reconstruir sus vidas tras experiencias de violencia doméstica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El enfoque bilingüe del refugio asegura una atención culturalmente adecuada. El propio Jinel señaló: “Muchas veces recibimos llamadas de otros refugios que no tienen personal que hable español y nos preguntan si podemos recibir a alguna persona que necesita ayuda”.

Las víctimas reconstruyen proyectos y autonomía con la ayuda del programa

Olmos no solo encontró acompañamiento y protección, sino que canalizó su recuperación en emprendimientos para ayudar a otras mujeres desde el bienestar emocional y la autogestión. Importa arcillas naturales desde México y otros países, y trabaja con mujeres interesadas en el desarrollo personal y el cuidado de su “niña interior”.

Afirma: “Quiero que las mujeres sanen, que entiendan que pueden quitarse esas barreras emocionales”.

La cifra de 42.504 mujeres víctimas en 2025 refleja la urgencia de fortalecer la red de apoyo y protección para familias afectadas por la violencia doméstica en Arizona

Toda persona que requiera apoyo o información puede comunicarse con el programa De Colores a través de su línea confidencial (602) 269-1515, disponible las 24 horas todos los días de la semana, en español e inglés.

En 2025, las autoridades registraron 42.504 mujeres víctimas de violencia doméstica en Arizona, cifra que ilustra la magnitud del desafío y la necesidad de servicios que ayuden a las familias a empezar una nueva vida. “La seguridad y el bienestar de la víctima es nuestra prioridad. Existen recursos disponibles; lo importante es buscar ayuda”, puntualizó Jinel a La Voz de Arizona.

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