La creciente evidencia sobre los riesgos del uso excesivo de dispositivos electrónicos en la infancia impulsó a padres de todo Estados Unidos a limitar la exposición de sus hijos a pantallas en casa. Mientras que numerosos distritos escolares mantienen o aumentan el uso de tecnología en las aulas, precipitando una disputa nacional sobre el modelo educativo digital desde los primeros cursos.
Aunque algunas escuelas, como las del distrito Croton-Harmon en Nueva York, anunciaron recortes en la presencia de dispositivos para los estudiantes de educación básica, persiste la preocupación por el impacto que estos hábitos tendrán en las competencias sociales y el bienestar emocional de los niños, según informó The New York Times.
En Estados Unidos, el 81% de los docentes de primaria consultados confirmó que los alumnos reciben dispositivos electrónicos en el aula desde el nivel inicial. Este fenómeno, extendido durante la pandemia y sostenido posteriormente, está alimentando un debate generalizado, ya que muchos hogares restringen el acceso a pantallas, mientras los centros educativos lo mantienen como una práctica estructural.
Padres y docentes cuestionan las pantallas en el aula
Organizaciones de padres han surgido en diferentes estados para demandar limitaciones más estrictas. En Evanston, Illinois, el grupo Screen Sense Evanston promovió una petición en 2023 para eliminar aplicaciones no educativas de los dispositivos escolares y fijar límites de tiempo específicos por grado. Más de 1.000 familias adhirieron a la iniciativa, que logró la restricción de YouTube en las aulas locales.
Miriam Kendall, presidenta del colectivo y madre de tres estudiantes, comprobó mediante herramientas de monitoreo en línea que su hija de primer grado visionaba videoclips musicales durante la jornada. “Es irreal suponer que los estudiantes no se distraerán y solo usarán estos dispositivos para aprender”, explicó.
Estas exigencias se han reproducido en comunidades escolares de California, Maryland, Carolina del Norte y Texas. Las quejas apuntan a prácticas como sustituir al docente leyendo libros en persona por grabaciones en YouTube, utilizar videos atractivos durante las pausas cerebrales, permitir películas durante el recreo interior o reproducir programas en el almuerzo y las colaciones.
Para los expertos, esta tendencia representa una amenaza añadida entre los estudiantes más pequeños, cuya etapa escolar debería centrarse en el desarrollo de habilidades sociales, según sostuvo Michael Glazier, director médico de Bluebird Kids Health. Glazier subrayó también que la adquisición de destrezas sociales requiere interacción directa, lo cual no ocurre cuando los niños permanecen frente a la pantalla.
Polémica sobre el rol de las aplicaciones educativas
La American Academy of Pediatrics no fija una restricción horaria explícita para el empleo de pantallas en la escuela, pero recomienda que su uso se relacione con actividades de pensamiento crítico, como la programación o la producción audiovisual, y no con entretenimiento pasivo.
Al mismo tiempo, algunos padres y expertos señalaron que incluso ciertas aplicaciones con fines pedagógicos pueden resultar problemáticas. Aducen que la “gamificación”, por ejemplo, genera dependencia temprana al estimular la búsqueda de recompensas digitales, lo que podría fomentar conductas adictivas.
Richard Culatta, director ejecutivo de la organización tecnológica ISTE+ASCD, reconoció en diálogo con The New York Times que existe una diferencia significativa entre aplicaciones educativas y sugiere que los colegios deberían evaluarlas mejor. “Debemos tener mucho cuidado de no perjudicar a los niños quitándoles herramientas que son realmente útiles para su futuro”, advirtió.
Por reacción a la presión social y educativa, distritos de California, Connecticut, Kansas y Misuri han comenzado a revertir la digitalización en los primeros cursos, eliminando dispositivos en jardín de infantes y reduciendo el tiempo de pantallas en los grados iniciales.
Además, en Massachusetts, Misuri, Utah y Vermont, legisladores han presentado proyectos de ley para limitar el tiempo frente a las pantallas o revisar los productos tecnológicos en los contextos escolares.
Soluciones locales: reducción de pantallas desde el aula
Algunos cambios provienen de docentes que moderan el uso de dispositivos en sus propios cursos. Jill Anderson, profesora de tercer grado que también es madre en el distrito Croton-Harmon, enseña en el sistema escolar de Ossining Union Free School District, donde el uso de dispositivos es gradual y los alumnos no llevan aparatos a casa hasta quinto grado.
En su aula, los dispositivos institucionales permanecen guardados y los estudiantes resuelven actividades matemáticas y escritura de forma manual. Al observar las dificultades de sus alumnos para mantener la atención tras la irrupción masiva de la tecnología durante la pandemia, Anderson optó por fomentar actividades lúdicas presenciales, juegos de mesa y recreos al aire libre como recompensa. Sobre esto, relató en The New York Times: “Veo a los estudiantes desintoxicándose ante mis propios ojos”.
El director de tecnología del distrito, Michael Hanna, remarcó que el acceso general a la tecnología debe ser cuidadoso, especialmente en los alumnos más pequeños. “No recomiendo utilizar tecnología con los más pequeños. Al ponerlos en un dispositivo, creo que se les quita muchas oportunidades de interactuar con sus amigos y compañeros”, afirmó Hanna.
Fruto de estas inquietudes, la profesora Anderson formó en 2023 un grupo comunitario con más de 250 familias para compartir información y estrategias orientadas a limitar el uso de pantallas. Este movimiento encontró eco en otros padres como Claire Benoist. “Hice todo lo posible por guiarla en este mundo tan tecnológico, por proteger su infancia, para que tuviera una niñez analógica normal”, confesó Benoist. Pero se mostró frustrada: “Se la entregué al distrito escolar, y destruyeron eso en solo tres meses”.
La magnitud de la controversia refleja el desafío de alcanzar un equilibrio entre el avance tecnológico pedagógico y la preservación de los dominios analógicos y sociales en la educación inicial estadounidense.