El anuncio de la próxima reentrada atmosférica de Van Allen Probe A marca el final de una misión de la NASA que, tras casi catorce años, transformó el conocimiento sobre la radiación alrededor de la Tierra.
La agencia espacial informó a través de un comunicado que la sonda volverá a la atmósfera terrestre el 10 de marzo de 2026, casi ocho años antes de lo previsto, debido a una actividad solar intensa. La decisión se debe a que el ciclo solar actual incrementó el arrastre atmosférico y aceleró el descenso de la nave.
Esta misión permitió descubrir estructuras transitorias en los cinturones de radiación que protegen al planeta y recopiló datos esenciales para mejorar la protección de satélites, astronautas y sistemas tecnológicos ante tormentas solares y fenómenos espaciales adversos.
Desde el lanzamiento de las sondas Van Allen A y B el 30 de agosto de 2012, el objetivo principal fue explorar los cinturones de radiación, dos anillos de partículas cargadas atrapadas por el campo magnético terrestre, para comprender su comportamiento. Ambas misiones concluyeron en 2019, tras agotar el combustible y dejar de poder orientarse hacia el Sol, informó la NASA.
Aunque en un principio los cálculos indicaban que la Van Allen Probe A reingresaría hacia 2034, el ciclo solar resultó ser mucho más activo de lo esperado. La agencia detalló que el máximo de actividad del Sol en 2024 aumentó el arrastre atmosférico sobre la nave, adelantando así su ingreso cerca de una década.
El impacto del ciclo solar en la reentrada
El máximo solar registrado en 2024 provocó tormentas solares que alteraron el entorno espacial y aceleraron la pérdida de altitud de la nave. Los equipos científicos que monitorizan misiones espaciales no previeron estas condiciones, que superaron las estimaciones iniciales.
Por ese motivo, la NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos revisaron la fecha y determinaron el 10 de marzo de 2026 a las 19:45 EDT, con un rango de error de un día, como momento probable de la reentrada. La nave, de cerca de seiscientos kilogramos, se desintegrará casi en su totalidad durante el descenso, aunque se espera que ciertos componentes logren sobrevivir.
El riesgo de daño para personas en la superficie es bajo: la probabilidad estimada es de 1 en 4.200 casos, una cifra alineada con los estándares de seguridad de misiones similares según la NASA. La Fuerza Espacial de Estados Unidos será responsable de supervisar y revisar las proyecciones hasta la reentrada definitiva.
El legado científico de las sondas Van Allen
El alcance de la misión supera el marco temporal de su operación. Dirigidas por el prestigioso Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, estas sondas fueron las primeras en operar durante años en regiones con intensa radiación, un entorno que la mayoría de misiones espaciales evita.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la identificación, por primera vez, de un “tercer cinturón de radiación”, una región transitoria que aparece durante eventos de gran actividad solar. Este descubrimiento posibilitó mejorar los modelos de clima espacial y fortalecer la protección de infraestructuras esenciales tanto en el espacio como en la Tierra.
Cuándo volvería la nave gemela Van Allen Probe B
La nave gemela, Van Allen Probe B, continúa su órbita y no se prevé su regreso antes de 2030, por lo que su monitoreo sigue siendo clave para la NASA y la comunidad científica.
Los archivos de datos generados por la misión permiten a los investigadores anticipar las alteraciones solares y su impacto en satélites, astronautas, sistemas de navegación y comunicaciones, así como en redes energéticas terrestres.
El análisis constante de estos registros, posible gracias a la Van Allen Probe A, contribuye al desarrollo de estrategias de preparación tecnológica frente a las condiciones que impone el entorno espacial.