(Desde Washington, Estados Unidos) Ya no es posible acercarse hasta la verja icónica de la Casa Blanca para sacar la típica foto de recuerdo. Un vallado de acero de dos metros de alto impide llegar hasta el tramo de la avenida Pensilvania donde está la entrada principal de la sede oficial de la Presidencia de los Estados Unidos.
Las estrictas medidas de seguridad se impusieron tras la decisión de Donald Trump de atacar al régimen fundamentalista de Irán.
Todos los visitantes deben llegar a la calle 17 y presentar sus documentos ante los guardias de seguridad apostados en la esquina con la avenida Pensilvania. Un video tomado por Infobae describe la situación que se daba esta mañana en DC, cuando el frío era intenso a la espera de una tardía nieve de invierno.
“Instruí a nuestros equipos de contraterrorismo e inteligencia a estar en alerta máxima y movilizar todos los recursos de seguridad necesarios”, detalló Kash Patel -director del FBI- en un comunicado en la red social X.
“Estamos en coordinación directa con las agencias de seguridad y las fuerzas del orden para monitorear de cerca y frustrar cualquier amenaza potencial contra la patria”, completó Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional.
Pero la seguridad y la inteligencia desplegada por orden de Patel y Noem no termina a las puertas de la Casa Blanca, donde hoy Trump tomó decisiones clave para terminar con el régimen chiíta.
El servicio secreto debe revisar cada camión que se acerque a la Casa Blanca y exigir la identidad a cada conductor a cargo. Se trata de una medida excepcional que responde a la necesidad de prevenir intentos de ataques terroristas contra el Salón Oval.
La actividad sistemática del servicio secreto y la policía metropolitana de DC se extiende a circular por todas las calles de Washington que rodean a la Casa Blanca. El objetivo es controlar y prevenir cualquier actividad sospechosa de autos y transeúntes.
Este patrullaje encabezado por la policía local y el servicio secreto se profundizó tras el ataque mortal de un terrorista en Texas que llevaba una camiseta con la bandera de Irán que exhibía la frase “propiedad de Alá”.
El domingo pasado, cuando ya se conocía el alcance de la operación militar ordenada por Trump, un individuo bajó de su auto en Austin con un rifle que causó la muerte de dos personas e hirió a otras 14.
El régimen iraní se caracteriza por preparar u ordenar ataques suicidas como método de terror urbano. Hezbollah, Yihad Islámica y Hamas han ejecutado atentados en Israel, Reino Unido, Bélgica, Argentina, Alemania y España, entre otros países.
En este sentido, la administración republicana desplegó una cantidad indeterminada de escuadrones conformados por un experto en explosivos y un perro entrenado para revisar tachos de basura, autos estacionados o paquetes sospechosos que aparecen sin dueño en DC.
Los expertos se mueven alrededor de la Casa Blanca e incluyen el control de todas las estaciones que están cerca de la sede del gobierno de los Estados Unidos.
Para cerrar el círculo de seguridad, la Secretaría de Seguridad Nacional y el FBI decidieron apostar patrulleros de la Policía Metropolitana en lugares cercanos a la Casa Blanca para disuadir cualquier intento de acto terrorista.
No se trata de un temor excesivo.
A fines de mayo de 2025, un terrorista llamado Elias Rodríguez asesinó frente al Museo del Holocausto a Yaron Lischinsky y Sarah Milgrim, que eran empleados de la embajada de Israel en Estados Unidos.
“Lo hice por Palestina, lo hice por Gaza”, gritó Rodríguez antes de caer detenido.
El Museo del Holocausto está a seis cuadras de la Casa Blanca.