Las condiciones climáticas desafían la observación del fenómeno “Yosemite Firefall” en El Capitán

Las intensas nevadas y la nubosidad complicaron la visualización del fenómeno óptico en la montaña californiana, donde sólo unos minutos y las circunstancias perfectas permiten que el agua luzca tonalidades incandescentes ante miles de espectadores

La cascada Horsetail en el Parque Nacional Yosemite ofrece cada febrero el espectáculo natural del "Yosemite Firefall", donde el agua se tiñe de naranja y dorado por el sol poniente

Cada febrero, la cascada Horsetail en el Parque Nacional Yosemite se transforma durante unos minutos en uno de los espectáculos naturales más difíciles de igualar: el sol poniente ilumina el agua, convirtiéndola en una corriente naranja y dorada que parece fuego líquido sobre el granito de El Capitán.

Esta ilusión óptica, conocida como el “Yosemite Firefall” (cascada de fuego de Yosemite), ocurre únicamente cuando la naturaleza reúne nieve suficiente, cielos claros y el ángulo solar preciso en esta parte occidental de California, atrayendo a miles de visitantes que esperan ese fugaz instante.

En 2026, las fechas óptimas para observar el fenómeno, según predijo la administración oficial del Parque Nacional Yosemite y difundido por National Geographic, son del 10 al 26 de febrero.

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El fenómeno Yosemite Firefall solo puede observarse entre el 10 y el 26 de febrero, según la administración del parque nacional (REUTERS/Carlos Barria)

Pese a la admiración que genera este acontecimiento, la temporada estuvo marcada por condiciones desfavorables: la nieve intensa y el clima nublado dificultaron la visibilidad y, en ocasiones, reducido el caudal de la cascada.

Cada año, la ventana para admirar la cascada encendida dura apenas dos semanas y, dentro de ese lapso, solo entre 5 y 15 minutos durante el atardecer. Incluso una nubosidad repentina o un bajo nivel de agua pueden frustrar a quienes han viajado largas distancias.

La ilusión óptica del Yosemite Firefall

El “Yosemite Firefall” depende de una alineación extremadamente precisa de factores naturales. La cascada Horsetail es estacional y solo fluye con fuerza cuando el deshielo de las últimas nieves de invierno riega el acantilado de El Capitán.

Para que la ilusión tenga lugar, debe haber abundante agua, pero también cielo totalmente despejado, porque incluso el más mínimo velo de nubes puede bloquear la luz solar que crea el efecto.

El evento solo es posible entre mediados y finales de febrero, periodo en el que el sol se sitúa en el ángulo exacto unos minutos antes del ocaso, tiñendo el agua y la roca de matices incandescentes.

Cuando se alinean las condiciones, la transformación es inmediata: el chorro de la cascada y el perfil del macizo parecen arder ante la vista de los observadores. Al caer el sol, la brillantez desaparece y el espectáculo natural termina hasta el siguiente atardecer.

National Geographic señaló que el fenómeno es más espectacular cuando el deshielo es abundante y hay suficiente caudal para marcar una “correa de fuego” sobre la roca. Sin embargo, incluso con un hilo modesto de agua, la montaña puede brillar con tonos anaranjados.

El efecto óptico del Yosemite Firefall ocurre únicamente cuando se combinan nieve suficiente, cielo despejado y el ángulo solar preciso sobre el acantilado El Capitan (Frederic J. BROWN / AFP)

Desde que se popularizó en la década de 1970 gracias a Galen Rowell, el reconocido fotógrafo y naturalista estadounidense, la búsqueda de la imagen perfecta del “Yosemite Firefall” convoca cada año a fotógrafos profesionales y aficionados, además de turistas de múltiples países.

Solo en febrero, la visita al parque aumenta en varios miles de personas, llegando algunas temporadas a reunir multitudes superiores a más de 10.000 personas en unos días.

Origen del Yosemite Firefall: historia y transformación

Antes de que la naturaleza ganara protagonismo, el nombre “Firefall” designaba un show creado para turistas en 1872 por James MacCaulay. Durante casi un siglo, empleados encendían una gran fogata en la cima de Glacier Point y, al final de la noche, empujaban las brasas por el precipicio.

El ritual sumaba una coreografía de saludos entre los guardianes del fuego y David Curry, empresario de un campamento en la base del valle. A la orden de “¡dejad caer el fuego!”, el resplandor de las ascuas descendía como un río luminoso para asombrar a los espectadores.

Este evento artificial creció en popularidad desde la década de 1920, atrayendo multitudes motorizadas y generando intensos problemas de conservación. El aumento de visitantes alteró la fauna y el entorno del parque, hasta que en 1968 las autoridades pusieron fin al espectáculo tras 97 años.

El superintendente adjunto del parque, David Condon, explicó a la agencia Associated Press el sentido de la decisión: “Es una especie de parodia de la naturaleza arrojar brasas ardientes por el acantilado cuando Yosemite ya ofrece grandes espectáculos naturales”.

Solo gracias a la fotografía moderna se redescubrió el firefall natural en la cascada Horsetail, un fenómeno que probablemente permaneció ignorado durante siglos por sus restrictivas condiciones de visibilidad. El evento natural recuperó el antiguo nombre y desplazó al espectáculo artificial, convirtiéndose en el nuevo foco de admiración popular.

Miles de visitantes y fotógrafos viajan cada año al Parque Nacional Yosemite para captar los escasos 5 a 15 minutos diarios en los que se produce el fuego líquido (REUTERS/Tracy Barbutes)

Restricciones, reservas y logística en el Parque Nacional Yosemite

La creciente afluencia de visitantes obligó al parque a imponer restricciones y reservas en años anteriores para evitar el deterioro ambiental y la congestión.

Para 2026, estas reservas han dejado de ser necesarias, aunque los visitantes deben prepararse para condiciones frías y largas caminatas hasta los puntos recomendados de observación, como el área El Capitan Picnic, a casi 5 kilómetros del Yosemite Valley Lodge. Estos accesos buscan proteger los senderos y facilitar la experiencia tanto a los aficionados como a quienes buscan la fotografía perfecta.

Por su parte, la BBC también resaltó que el deseo de presenciar el “Yosemite Firefall” —aunque siempre dependa de los caprichos del clima—, consolida a este fenómeno como uno de los grandes atractivos naturales efímeros del mundo, capaz de reunir a miles de personas entorno a una única ilusión: ver cómo el agua, la luz y el granito de El Capitán recrean momentáneamente un río de fuego en el corazón de la Sierra Nevada.

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