Trump ejecuta con Rodríguez una diplomacia del petróleo que permita en Venezuela una transición política con limitadas fricciones internas

El presidente de EE.UU tiene línea abierta con la sucesora del dictador Maduro para garantizar que se cumplan todas sus órdenes en Caracas

Donald Trump y Delcy Rodriguez tienen línea abierta para avanzar en la transición política en Venezuela

(Desde Washington, Estados Unidos) El plan de Donald Trump para Venezuela se construyó en el fracaso político que protagonizó George W. Bush cuando decidió avanzar sobre Irak después del ataque terrorista a las Torres Gemelas.

En ese momento histórico, Irak se transformó en un pantano militar que desembocó en la ofensiva fundamentalista que lideró ISIS sobre todo Medio Oriente. Y el petróleo quedó sin el manejo de las empresas de Estados Unidos.

Trump ya había planteado este asunto geopolítico durante los debates internos del partido Republicano en 2016, y sobre esa experiencia fallida diseñó su operación en Venezuela para asegurar la transición democrática.

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“Recuerden que existe un lugar llamado Irak, donde todo el mundo fue despedido —cada persona, los policías, los generales— y terminaron volviéndose ISIS. Yo recuerdo eso”, declaró Trump cuando se le preguntó en la Casa Blanca cómo sería el proceso político en Venezuela.

En este contexto, el presidente de Estados Unidos tenía dos variables similares al caso Irak: una dictadura en el poder que declinaba y reservas de petróleo sin explotar acorde a su capacidad económica.

Antes de ejecutar su captura, la Casa Blanca le planteó a Maduro una transición política con la administración del petróleo venezolano a cargo de Washington. Maduro dilató la toma de decisión, y eso provocó su caída.

Delcy Rodríguez afirmó a la administración republicana que podía suceder al dictador que hablaba con los pajaritos y ejecutar el guión escrito por Trump y Marco Rubio, secretario de Estado.

Delcy prometió evitar el vacío de poder y cumplir las instrucciones de Washington.

A cambio, la sucesora de Maduro exigió recursos financieros para administrar la crisis venezolana y contener la ofensiva política de María Corina Machado, que deseaba regresar a Caracas para liderar la oposición contra el régimen.

La sucesora del dictador Nicolás Maduro comenta sobre su relación política con Donald Trump

Sobre esos compromisos, que por ahora funcionan, el Presidente republicano puso en marcha una diplomacia del petróleo que se apalanca sobre un diálogo constante con Delcy, la apertura de un canal financiero que administra formalmente Qatar y el levantamiento de ciertas sanciones financieras y económicas.

Esta hoja de ruta se consolidó con la visita a Venezuela del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, que se reunió con Delcy Rodríguez y visitaron juntos la explotación de Chevron en la Faja del Orinoco.

La visita de Wright exhibe una secuencia política ordenada por Trump: primero viajó el director de la CIA, John Ratcliffe, después se designó a Laura Dogu como encargada de Negocios en Caracas, y a continuación llegó el secretario de Energía.

Wright se reunió con Rodríguez en el Palacio de Miraflores y después volaron a la Faja del Orinoco, la reserva de crudo pesado y extrapesado más importante del planeta.

Es decir: una agenda que unió a la geopolítica con el petróleo.

María Corina Machado, líder de la oposición y premio Nobel de la Paz, apoya la estrategia que diseñó Trump para Venezuela.

Donald Trump y María Corina Machado posan con el Nobel de la Paz en la Casa Blanca, (Washington, Estados Unidos)

“Hace cinco semanas parecía imposible que Maduro enfrentara a la justicia internacional. Hoy, los restos del régimen siguen órdenes de Estados Unidos en una fase de desmantelamiento. La restauración institucional apenas comienza y solo será sostenible si hay legitimidad popular y cumplimiento constitucional”, sostuvo Machado ayer durante su participación online en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Y completó: “Debemos abordar simultáneamente la crisis política, económica, humanitaria y de seguridad. No se puede hablar de transición si persiste la represión”.

Pero el apoyo de Machado a la estrategia republicana no implica un plegamiento político a la Casa Blanca: ella quiere elecciones en 10 meses y regresar a Caracas para enfrentar cara a cara a Delcy Rodríguez.

Un deseo que, en estas horas, la Casa Blanca no está dispuesta a satisfacer.

Machado conoce la lógica de poder de Trump y teje su propia estrategia para derrotar a Delcy Rodríguez. Sabe que debe esperar: la sucesora de Maduro hoy tiene más influencia que ella en el Salón Oval.

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