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Un nuevo análisis de la inteligencia de Estados Unidos advirtió que una instalación nuclear clave de Irán sufrió daños severos

Empieza a surgir un panorama más claro sobre el impacto de los ataques estadounidenses e israelíes contra sitios clave del programa nuclear iraní, incluyendo el complejo subterráneo de Fordow

En una imagen satelital proporcionada por Maxar Technologies se observa el daño causado en la planta de enriquecimiento de Fordow, en Irán, tras los ataques estadounidenses del 22 de junio de 2025 (Maxar Technologies a través de The New York Times)

“La Operación Martillo de Medianoche fue un golpe significativo a las capacidades nucleares de Irán”, afirmó Sean Parnell, portavoz principal del Pentágono, al subrayar que la recuperación de las instalaciones nucleares iraníes llevará “años”. Esta evaluación, respaldada por el director de la CIA, John Ratcliffe, quien informó al Congreso de EEUU que “varias instalaciones nucleares clave iraníes fueron destruidas y tendrían que ser reconstruidas a lo largo de años”, marcó un punto de inflexión en la percepción de los resultados de los recientes ataques estadounidenses e israelíes sobre el programa nuclear iraní.

Y un nuevo informe de inteligencia estadounidense, citado por The New York Times, reveló que el sitio de Fordow, considerado el centro de enriquecimiento nuclear más avanzado y protegido de Irán, resultó gravemente dañado, posiblemente inutilizado, tras el lanzamiento de 12 bombas GBU-57 por bombarderos B-2 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. La evaluación sostiene que las explosiones destruyeron miles de centrifugadoras nucleares delicadas, sepultadas bajo más de 76 metros de montaña, lo que coincide con las declaraciones del director del Organismo Internacional de Energía Atómica.

Aunque dos instalaciones nucleares adicionales, Natanz e Isfahan, no sufrieron daños tan severos, los ataques destruyeron infraestructuras esenciales para la fabricación de armas nucleares, cuya reconstrucción podría demorar años, según funcionarios estadounidenses. En Natanz, solo dos bombas penetradoras impactaron, dejando gran parte de la instalación intacta, pero probablemente destruyendo las centrifugadoras y bloqueando el acceso a áreas críticas. En Isfahan, un submarino estadounidense disparó misiles de crucero contra instalaciones superficiales, mientras que los túneles subterráneos y otras áreas resultaron menos afectados.

A pesar de la magnitud de los daños, un alto funcionario israelí reconoció que los ataques probablemente no eliminaron el stock de uranio enriquecido casi a nivel de bomba, suficiente para fabricar más de 10 armas nucleares. Sin embargo, funcionarios estadounidenses insisten en que, sin las instalaciones para manufacturar un arma, ese material carece de utilidad práctica, incluso si los iraníes logran recuperarlo de los escombros. Según estimaciones de Estados Unidos e Israel, Irán aún posee uranio enriquecido al 60% de pureza, apenas por debajo del umbral habitual para armas nucleares, aunque se cree que solo el depósito en el laboratorio nuclear de Isfahan permanece accesible tras los ataques.

La cuestión central sobre cuánto tiempo han retrasado los bombardeos el programa nuclear iraní o la capacidad de Teherán para fabricar una bomba con el uranio existente sigue siendo objeto de debate dentro del gobierno estadounidense. Inicialmente, la Agencia de Inteligencia de Defensa estimó que el programa solo se había retrasado unos meses, pero la posterior declaración de Ratcliffe elevó la gravedad del daño.

El ataque a Fordow se diseñó para maximizar el impacto: algunas bombas se dirigieron a los conductos de ventilación, acercándose a la sala de control y a los salones de centrifugadoras, lo que evitó la necesidad de atravesar cientos de metros de roca. Incluso si las bombas no alcanzaron directamente las salas de centrifugadoras, funcionarios estadounidenses e israelíes sostienen que la onda expansiva habría destruido los equipos, incluidos los modelos más avanzados y eficientes de Irán.

Una imagen satelital muestra los cráteres causados por los ataques aéreos sobre las salas subterráneas de centrifugadoras de la planta de enriquecimiento de Natanz, tras los ataques aéreos estadounidenses en medio del conflicto entre Irán e Israel, en el condado de Natanz, Irán, el 22 de junio de 2025 (Maxar Technologies/REUTERS)

En contraste, los daños en Natanz e Isfahan fueron menores. Los túneles y las instalaciones subterráneas en ambos sitios permanecen en gran parte intactos, aunque cualquier intento iraní de reparar o acceder a estas áreas sería detectable, según funcionarios estadounidenses. Además, la destrucción de gran parte de las defensas aéreas iraníes deja abierta la posibilidad de nuevos ataques por parte de Israel o Estados Unidos si se detectan esfuerzos de reconstrucción. Un funcionario israelí reiteró la disposición de su país a “cortar el césped”, en referencia a la posibilidad de repetir los bombardeos.

El presidente Donald Trump proclamó que los tres sitios nucleares fueron “aniquilados” y que Irán ha abandonado sus ambiciones nucleares, aunque funcionarios estadounidenses admiten que aún desconocen si Teherán intentará reanudar el programa o avanzar hacia la fabricación de una bomba con el uranio restante. Tanto Trump como autoridades israelíes consideran que su disposición a atacar de nuevo podría disuadir a Irán de intentarlo.

Antes de la operación, planificadores militares del Comando Central de Estados Unidos propusieron a la Casa Blanca varias estrategias que contemplaban múltiples oleadas de ataques para infligir daños mayores. Sin embargo, Trump optó por una acción limitada sobre los tres sitios y presionó a Israel para que pusiera fin a su guerra contra Irán. Expertos militares, tanto en activo como retirados, habían advertido que destruir Fordow requeriría varias oleadas de bombardeos durante días o semanas.

Algunos analistas han criticado el enfoque estadounidense en solo tres instalaciones, argumentando que Irán dispone de una red mucho más extensa y sofisticada de sitios nucleares no atacados. Rosemary A. Kelanic, especialista de Defense Priorities, señaló: “Estamos demasiado centrados en las historias sobre los tres grandes sitios —Fordow, Natanz e Isfahan— cuando en realidad las capacidades de Irán son mucho más amplias y sofisticadas, e incluyen muchos sitios que Estados Unidos e Israel no bombardearon”.

Según Jeffrey Lewis, profesor del Middlebury Institute of International Studies, existen al menos tres sitios subterráneos iraníes que no fueron alcanzados: uno cerca de Natanz, otro en el complejo militar de Parchin y un tercer sitio secreto. Lewis expresó dudas sobre la facilidad para atacar estos lugares adicionales: “Si fuera fácil, lo habrían hecho de inmediato”.

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