El Festival de Cannes está celebrando el cine español como pocas veces se ha visto en el certamen más prestigioso del mundo. Tras el estreno de El ser querido, de la mano de Rodrigo Sorogoyen el pasado sábado, y de que todavía está pendiente el estreno de La bola negra, de Los Javis, anoche fue el turno de Pedro Almodóvar y de su 25.ª película, Amarga Navidad. Aunque España ya ha tenido tiempo de digerir la metaficción del cineasta, que compite por séptima vez en la Sección Oficial, ahora le toca conquistar al jurado con el objetivo de lograr su ansiada Palma de Oro. Ayer se inauguró con una ovación de seis minutos.
Es bien sabido que el director suele recurrir a las vivencias de su entorno para dar forma a sus largometrajes. Ya lo hizo en Dolor y gloria (2019), donde Antonio Banderas interpretaba a un director de cine en decadencia. En esta ocasión, Leonardo Sbaraglia encarna al propio cineasta en una cinta articulada en torno a dos historias paralelas: la de Raúl Rossetti, un prestigioso guionista y director incapaz de recuperar la inspiración, y la de Elsa (Bárbara Lennie), quien, tras dirigir un par de películas que fracasaron en taquilla, ahora trabaja en publicidad.
“Por esta crisis existencial, el personaje no puede encontrar inspiración y decide volverse muy introvertido”, ha explicado Almodóvar en la rueda de prensa celebrada este miércoles. Por ello, considera que tanto esta cinta como la estrenada en 2019 podrían “parecer interconectadas”. “Hablo de mí mismo en ambas películas”, ha señalado.
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Sin embargo, ha asegurado que Amarga Navidad será “la última película” sobre él. “Estoy harto de mí mismo, no quiero recurrir a mí para seguir escribiendo. De hecho, busco a alguien con quien escribir, con quien compartir para que me traiga un universo distinto al mío”, ha afirmado, para añadir de hay “muchas películas sobre España que quiere hacer”, aunque no se siente capacitado. “Si me gustaría un cambio de rumbo”.
El director también ha adelantado algunos detalles de su próximo proyecto, que tendrá un tono más cercano al humor de Mujeres al borde de un ataque de nervios. “En el próximo guion habrá humor, aunque será humor negro”, ha confirmado.
Almodóvar contra Trump
En la misma rueda de prensa, en la que el manchego ha compartido espacio con el resto del reparto —incluidos Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Victoria Luengo, que repite presencia en el festival con la cinta de Sorogoyen, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Quim Gutiérrez y Milena Smit—, el director ha vuelto a pronunciarse sobre las políticas del presidente estadounidense Donald Trump. Tanto Almodóvar como Sánchez-Gijón lucían una chapa con una sandía y el lema “Free Palestine”.
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“No quiero juzgar a nadie, pero creo que los artistas deben alzar la voz sobre la situación que vivimos en la sociedad contemporánea. Es un deber moral. El silencio y el miedo son síntomas de que las cosas van mal. Son una señal grave de que la democracia se está desmoronando. Los creadores deben alzar la voz. Lo peor que podría pasar sería permanecer en silencio o ser censurados. Tenemos la obligación moral de hablar y de actuar como un escudo frente a esta locura”, ha sentenciado.
La crítica internacional ha recibido la película con respeto, aunque sin el entusiasmo unánime que suele despertar el director manchego. The Hollywood Reporter la define como “una obra de impecable elegancia”, destacando su estructura y el trabajo del reparto, aunque considera que la emoción de la historia no alcanza la intensidad de su propuesta formal. Desde Variety la describe como “tan autorreferencial como Dolor y gloria, pero sin su misma resonancia emocional”, mientras que Deadline la califica de “obra menor”, aunque sigue viendo en ella “una fascinante mirada al interior de la mente del maestro”. En cambio, la recepción francesa ha sido mucho más cálida: Cahiers du Cinéma la considera una de las mejores películas de Almodóvar.