Varios días antes del lanzamiento de La calma, Juan Gómez Canca (conocido sobre el escenario como El Kanka) le mostró las canciones del que es su séptimo disco a varios seres queridos y grabó sus primeras impresiones. Una de ellas, en nuestra opinión, da en el clavo: “Él piensa lo que muchos sentimos pero que, por el ritmo frenético de nuestras vidas, no nos damos cuenta”.
Esa es la clave de las diez canciones que, desde temas como la ansiedad a la voluntad de apostar por los demás, propone un mundo tan cotidiano como, para qué engañarnos, mucho mejor del que nos pintan quienes lo manejan. Diez canciones, como diría él sobre el escenario de la Sala Villanos en la que lo encontramos, “a palo seco y sin coca-cola”, pero que constituyen la pequeña y preciada revolución tranquila que tanto nos falta.
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Cuando entrevistamos al malagueño, faltan menos de tres horas para que salga su nuevo álbum y se encuentra “en un punto justo en medio entre ilusionado y cagado”. “Yo tengo una especie de pachorra natural”, nos confiesa entre risas, “es algo que forma parte de mi carácter, pero ahora mismo no estoy nada calmado, de hecho estoy bastante nervioso”.

Un acompañante en cada canción
Al Kanka le gusta “que la gente se divierta” con sus temas, pero también que se emocione. Ese es el objetivo que persiguen canciones como Los compadres, una oda a la amistad que también reflexiona sobre el paso del tiempo, o Limpieza general, cuya doméstica temática no es más que el escenario sobre el que uno busca ordenar su vida junto a la persona amada que nos gusta tanto cuidar.
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“Yo creo que es fácil que se te pegue una canción”, reflexiona el cantante, “pero que una canción signifique algo para alguien es una vuelta de tuerca mucho más bonita y lo que más me emociona de mi trabajo”. Esa faceta cobra más relevancia todavía en el contexto actual. “Cada canción tiene una paranoia distinta”, empieza diciendo, “pero creo que sí que hay algo en todas de reivindicativo, de ofrecer una perspectiva de que otro mundo es posible”.
El Kanka se muestra convencido de que, en efecto, la alternativa está a nuestro alcance, ese otro mundo “que estamos creando”. “No creo que el ser humano tenga que estar abocado a la locura, a la crispación y polarización que vivimos ahora. De hecho, creo que es lo contrario a nuestra naturaleza, pero por ciertas decisiones y cierta inercia histórica hemos llegado aquí ahora”. De este modo, las letras de La calma no son sino todas esas cosas que le gusta decirse a sí mismo. “No me extraña que el disco acompañe a la gente, porque son canciones que hago para que me acompañen a mí”, ríe.
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Parecidos y homenajes
Mención aparte merece el apartado musical del disco, que va desde el tono habitual del cantautor a los ritmos latinos como el bolero o la salsa, pasando por el ska, el reggae y un cierto aroma beatlelesco que alcanza su apogeo en el estribillo de la canción que da título al disco. “Es completamente casualidad, no me había dado cuenta hasta que alguien me lo comentó cuando salió la canción en YouTube”, comenta El Kanka.
En cualquier caso, el músico comenta que tampoco le preocupan en exceso ese tipo de parecidos, al fin y al cabo habituales cuando de música se trata. “Sí que me ha pasado en otras canciones que, deliberadamente, he buscado homenajear a alguien”. Así, destaca cómo en el disco anterior, Cosas de los vivientes, guio su sonido al de uno de sus ídolos, el recientemente fallecido Robe Iniesta.
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“Cuando empiezas nadie te conoce y no vienen a verte, pero hay que pagar el alquiler”
Lo que sí parece evidente es que La calma habla también de un proceso personal de sentirse en paz, además de con quienes nos rodean, con uno mismo. “Es una búsqueda que no creo que consiga nunca, francamente”, se sincera el cantante. El Kanka también señala cómo “el tema de la serenidad” es algo de lo que se habla poco y que “a lo largo de los tiempos ha sido denostado”. Para él, en cambio, es una meta “interesante” que, aunque no se deje alcanzar del todo, sí que “uno se va acercando”.
En ese sentido, mientras la música sí le aporta calma, “trabajar en la música” le aporta “algún que otro tormento”. “No voy a decir que es una profesión muy dura, porque más lo es la de un minero o la de un médico que está 48 horas de guardia. Mi profesión es hermosa y está de puta madre, pero tiene sus dificultades”. Entre ellas, por ejemplo, el tiempo fuera de casa: “Me he pasado muchos años haciendo 90 conciertos para intentar posicionar el proyecto, porque cuando empiezas nadie te conoce y no vienen a verte, pero hay que pagar el alquiler”.
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Así, no esconde que durante algunos años, sobre todo al principio, pecó de “exigirse demasiado y de llegar a un punto en mi carrera en el que no sabía quién era”. “Yo quiero ser El Kanka cuando me subo al escenario, no luego cuando me hago el puchero, salgo a correr o veo una película”, defiende ahora. “La profesión me ha dado quebraduras de cabeza, pero la música no. La música me ha dado alegría y me ha dado calma porque es maravillosa”.

Canciones que no, canciones que sí
Tan maravilloso o más es el amor, aunque el malagueño defienda que, cuando de sus canciones se trata, tampoco hay que centrarse exclusivamente en este sentimiento. “Las canciones de amor son preciosas y la mayoría de canciones que existen son sobre eso, pero es como... ¿De verdad no se te ocurre otra cosa de la que hablar? Eso me chirría un poco, aunque por supuesto no voy a venir yo a decirle a nadie sobre lo que escribir. Solo es que con lo que a mí me gusta encontrarme es con artistas y discos que no tienen un único nombre y apellido en todas sus canciones; me parece que el género da para mucho más”.
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Es por eso que, como última pregunta, nos interesamos por esa canción que lleve tiempo queriendo hacer y todavía no haya llevado a cabo. “Es más una idea que un tema”, advierte entre risas, “pero me haría muchísima gracia una simulación de pelea de gallos de rap (no suelo rapear, pero en alguna que otra canción sí que me pongo a hacer el tonto) donde empiezan los dos a insultarse y a vacilarse, pero que llega un momento en el que la cosa cambia y empiezan a adularse el uno al otro, hasta el punto de que también eso se vuelve una competición y discuten por quién es mejor, pero a favor del otro”.
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