Carlos Expósito
Roma, 2 abr (EFE).- El apellido Maldini es sinónimo de fútbol. Su dinastía comenzó con Cesare, continuó con su hijo Paolo y hoy con su nieto Daniel. Defensa generacional y con fuerte personalidad, 'Cesarone', leyenda indiscutible italiana del siglo XX, murió hace diez años dejando como legado una de las dinastías más importantes del 'calcio'.
Nacido en Trieste (noreste de Italia), una ciudad fronteriza con Eslovenia, Cesare fue, ante todo, una leyenda del Milan y del fútbol italiano. No solo por haber sido el primero en la historia del club en levantar la primera de sus siete Copas de Europa, sino también por el ejemplo y los valores que transmitió dentro y fuera del campo.
Falleció en Milán el 3 de abril de 2016 a los 84 años, en la ciudad que lo consagró como jugador. Capitán histórico, disputó 347 partidos en 12 temporadas, y conquistó con el conjunto 'rossonero', además del máximo trofeo continental en 1963, cuatro títulos de liga italiana (1954-55, 1956-57, 1958-59 y 1961-62) y una Copa Latina (1956).
Dedicó su vida al fútbol, primero como jugador y luego como entrenador. Sobre el césped, encarnó la figura de defensa o líbero con capacidad de juego, esa que le permitía iniciar ataques desde el fondo y que se anticipaba a los movimientos de sus compañeros y rivales.
Estaba dispuesto a jugar el balón, cubría el espacio de forma inteligente y era un líder defensivo. Cerebral, con elegancia, se ganó al aficionado milanes con actuaciones destacadas como la final de la Copa de Europa en 1963 en Wembley, el partido más importante de su carrera. Un encuentro que dejó una imagen histórica, la del defensa levantando la primera 'orejona' del club con la camiseta blanca de visitante.
Aunque su estilo, en ciertas ocasiones, le jugó en contra, como lo refleja el neologismo asociado a su apellido en parte de la cultura popular, 'Maldinate', usado para señalar los errores derivados de un pase mal calculado o de un exceso de confianza.
Como internacional, disputó 14 encuentros con la selección, dos de ellos en el Mundial de 1962 en Chile. Además fue capitán de la 'Azzurra' entre 1962 y 1963. Se retiró como jugador en 1967, tras defender los colores del Torino durante una temporada.
Como entrenador, inició su carrera como técnico en clubes como Foggia, Ternana y Parma, y volvió al club de su vida como segundo de Nereo Rocco en el Milan. Posteriormente destacó como entrenador de la sub-21 de Italia, con la que ganó tres Eurocopas consecutivas, dirigió la selección absoluta en el Mundial 1998 y cerró su carrera con Paraguay en el Mundial 2002 de Corea y Japón.
En noviembre de 1996 fue distinguido con el título honorífico de 'Banquillo de Oro' en reconocimiento a su trayectoria deportiva. Como técnico conservó un estilo similar al que tenía como jugador. Era ordenado y táctico, con énfasis en la solidez defensiva y el juego en bloque.
Tras sus experiencias como seleccionador, regresó de nuevo al Milan, donde desempeñó funciones de ojeador, director técnico y jefe de ojeadores. Lo cierto es que su legado quedó también ligado a la continuidad familiar en el club y en la selección italiana.
Su hijo Paolo, uno de los mejores laterales izquierdos de la historia del fútbol, cogió el testigo y se convirtió en el histórico capitán del Milan. Al igual que su padre. Símbolos, líderes y capitanes del conjunto 'rossonero'.
Y ahora Daniel, nieto de Cesare e hijo de Paolo. Tercera generación de una de las sagas más emblemáticas del fútbol italiano, creció, naturalmente, en el Milan. Pero se formó como delantero, a diferencia de su padre y su abuelo, y ahora busca mayor protagonismo en el Lazio, donde juega cedido por el Atalanta.
El mundo del 'calcio' lloró la muerte del 'Cesarone', como se le conocía en Italia por su envergadura y su fuerte carácter. El diario deportivo 'Gazzeta dello Sport', uno de los principales en la nación transalpina, publicó que se perdía una de las "banderas del fútbol".
Un hombre que unió su nombre "de manera indisoluble a la historia del 'calcio', como aseveró el entonces presidente de la Federación Nacional de Fútbol, Carlo Tavecchio. Fue despedido en un funeral al que asistieron numerosos representantes del fútbol europeo, celebrado en la Basílica de Sant'Ambrogio, una de las iglesias más antiguas de Milán. No podía haber sido en otra ciudad. EFE
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