Convivir con el autismo: cómo entender un cerebro que "funciona de forma diferente"

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Eva Ruiz Verde

Sevilla, 2 abr (EFE).- El autismo, definido médicamente como un trastorno del neurodesarrollo, supone para quienes lo sufren -e incluso para quienes les rodean- el reto de convivir con un cerebro que "funciona de forma diferente", lo que lleva a "estar todo el tiempo enfrentándote a un mundo que no está pensado para ti".

Así lo asegura a EFE Rosa Álvarez, psicóloga y directora técnica de la Federación Autismo Andalucía, que lleva casi 30 años trabajando con estos pacientes y que afirma, coincidiendo este jueves con el Día Mundial de este trastorno, que "no es que su cerebro funcione peor, es que tiene otro sistema operativo".

"El mundo está organizado para quien no tiene autismo y a ellos les cuesta mucho adaptarse a esto", explica Álvarez, que cree que una de las dificultades en el abordaje de esta situación es "la gama muy amplia de posibles formas en las que se manifiesta e influye en la vida" de quien lo padece.

Detalla que la última clasificación diagnóstica establece tres grados, desde el más leve, que serían personas autónomas que "no identificarías en absoluto" que no lo sufren si no hay una convivencia cercana con ellas, hasta las que tienen asociada discapacidad intelectual y necesitan ayuda de otra persona para muchas cosas en su vida cotidiana.

En medio se situarían aquellos que tienen habilidades en muchas áreas pero que les cuesta también mucho realizar algunas otras cosas en el día a día. "Desde fuera puedes ver a alguien que habla seis idiomas y a alguien que no habla nada y piensas que no pueden tener lo mismo. Pues sí, lo tienen", pone como ejemplo.

Uno de los rasgos que caracteriza a estas personas es la dificultad de adaptarse a los cambios, precisamente porque "como les cuesta tanto comprender su entorno quieren que todo siga lo más estable posible, ya que es la forma de aprenderlo y responder". Cualquier modificación puede conllevar "una reacción catastrófica" en los casos más graves, mientras otros "quieren las cosas organizadas pero son más flexibles".

Hay variedad también en su capacidad sensorial: "hay personas a las que les duelen cosas que objetivamente no duelen a nadie, como cepillarte el pelo o el contacto con el agua, y otras, al contrario, que para hacerles cosquillas hay casi que clavarles los dedos".

"Para algunos una sala de espera llena de gente puede ser una fuente de estrés intolerable, porque están en un entorno desconocido que les puede generar una ansiedad enorme", relata la psicóloga, que recuerda que la tasa estimada -porque no todos los casos son diagnosticados- es de un 1 % de la población.

Asegura que con ese porcentaje "es muy probable que todos conozcamos a una persona autista aunque no lo sepamos", y añade que alrededor de este trastorno "hay mucha más conciencia" que hace unos años, aunque siguen existiendo "muchos mitos" y faltando "más información ajustada a la realidad".

"Hay que dejar de pensar en el autismo como se ha visto en las películas, que eres o Rainman o el niño del FBI que descifra códigos", apunta Álvarez, que cree que el empleo es buena muestra de un sector en el que se pueden desmontar esos mitos "si las empresas apuestan sin miedo por darles una oportunidad para que demuestren su valía igual que cualquier otro trabajador".

Desde el Servicio de Empleo con el que cuentan en Autismo Andalucía, que acaba de cumplir 20 años de funcionamiento, Álvarez afirma que "son unos trabajadores maravillosos: son eficacísimos, no se dedican a perder el tiempo cotilleando en la cafetería, tienen un absentismo bajísimo y una motivación brutal".

Tras recordar que se llegó a elaborar un plan nacional, que fue aprobado en el Congreso de los Diputados por unanimidad pero que "nunca llegó a desarrollarse", la federación pide a los políticos "una especial sensibilización" puesto que se trata de "cifras poblacionales muy altas".

Y eso aún existiendo un problema "muy importante" de infradiagnóstico entre la población adulta, ya que no hay una prueba médica o biológica como análisis o test genéticos que puedan confirmar un resultado, sino que tiene que haber una evaluación psicológica de la persona.

En el caso de los niños, insiste, necesitan "recursos para estar en igualdad de condiciones con sus compañeros", para lo cual es posible que hagan falta "más sesiones de terapia, logopedia o un apoyo más continuado en algunas áreas de su escolarización".

Advierte además sobre otro tipo de barreras para estas personas. "Estamos acostumbrados a las arquitectónicas, importantes para todos, pero también existen barreras cognitivas de comprensión de distintos entornos" que pueden impedir que alguien con autismo pueda moverse solo, por lo que apuesta por pictogramas o ayudas visuales para hacer esta labor más sencilla. EFE