El malestar emocional juvenil se ha consolidado como una realidad preocupante en España. Según el estudio ‘Toma asiento para saber sobre autolesiones y redes sociales’ de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), el 52% de los adolescentes conoce a alguien que se ha autolesionado. La franja de edad con mayor vulnerabilidad se sitúa entre los 14 y los 17 años, como método para gestionar la angustia o la tristeza.
No obstante, la doctora en Psicología Clínica y terapeuta de la FEATF, Paloma Huertas Maestre, aclara que “la autolesión no siempre tiene la misma función y tampoco constituye, en sí misma, un diagnóstico clínico”. Por ello, destaca que es “esencial no quedarnos únicamente en la conducta en sí, sino intentar entender qué ocurre antes de la autolesión, qué cambia cuando el o la adolescente se autolesiona y qué sucede después”. Igualmente, Huertas pide “no reducir las autolesiones a lo que coloquialmente se suele llamar ‘una forma de llamar la atención’”.
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Lo primero que hay que tener en cuenta es: “No toda autolesión implica ideación suicida”. Aunque “puede existir riesgo suicida aunque nunca haya habido autolesiones”, la especialista remarca que “el fenómeno suicida es complejo y no se reduce a una única conducta o a una única manifestación”. Aun así, advierte que “nunca debería banalizarse, exista o no intención suicida”, ya que indica es un sufrimiento significativo.
“Una autolesión nunca debería banalizarse”
Si has descubierto que tu hijo, tu hermano o un amigo se daña a sí mismo, la doctora Paloma Huertas señala en primer lugar que “la autolesión no siempre tiene la misma función y tampoco constituye, en sí misma, un diagnóstico clínico”. La especialista en intervención psicológica con adolescentes y jóvenes, con amplia trayectoria clínica e investigadora en conducta suicida, expresa que es preciso saber que estas acciones se llevan a cabo para, de alguna forma, “regular un malestar emocional que en ese momento resulta muy intenso”.
Y es que muchas veces estas acciones son un método para “aliviar una sensación de vacío” o suponen un “intento de recuperar cierta sensación de control ante algo que sienten como incontrolable”. Incluso en otros casos, es una “manera de comunicar un sufrimiento que no saben expresar o transmitir de otra forma”. No obstante, Huertas pide no globalizar todas las acciones a estas causas.
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Al final, “no todas las autolesiones siguen el mismo patrón. En algunos casos pueden aparecer de forma puntual o episódica, mientras que en otros se repiten o llegan a mantenerse en el tiempo”, explica. También hay que tener presente que “la función de la autolesión puede ser muy diferente en cada adolescente, pero también puede cambiar en un mismo adolescente en distintos momentos de su vida”.
Por este motivo, la doctora señala una vez más la importancia de “observar cómo evoluciona la conducta y no valorar únicamente si está presente o ausente en un momento determinado”. Esto no significa que debamos quedarnos impasibles ante estas acciones. Cuando un paciente con estas características llega a consulta, Huertas trabaja con ellos para que “parte de la intervención consista en buscar otras formas de regular ese malestar o de poder comunicarlo y, cuando aparece una necesidad de castigo, explorar también qué hay detrás de ella”.
Cómo acercarse a una persona que se autolesiona
Ante respuestas evasivas como ‘no me pasa nada’ cuando hay evidencias que dejan entrever la situación que se está dando, Huertas pide evitar presiones, recordando que el menor “está también aprendiendo a reconocer sus emociones y a ponerles palabras”. La psicóloga destaca que “lo importante es mantener la calma, mostrarse disponibles y acompañar”. El objetivo es “que sepa que sus padres se han dado cuenta de que está sufriendo, que están dispuestos a escucharle sin juzgar y que van a intentar ayudarle, aunque en ese momento no pueda o no quiera explicar lo que le pasa”, recuerda.
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De esta forma, sugiere transmitirle frases como: “Entiendo que ahora no puedas o no quieras hablar, pero he visto esto y me preocupa. No quiero castigarte, criticarte ni regañarte. Quiero saber que estás seguro, que no estás en riesgo, y poder ayudarte”. Asimismo, remarca que “es importante preguntar también si existen pensamientos de muerte o de suicidio, sin dar por hecho que la autolesión implique intención suicida”.
Ante sospechas de que un adolescente tiene ideación suicida, “hay que preguntar por ella de forma clara y directa y procurar que el o la adolescente reciba una valoración profesional”, explica la psicóloga clínica. Aunque en crisis graves en las que se pueda temer por la vida del joven, “la prioridad pasa a ser su seguridad”. Es decir, el joven “no debería quedarse solo, habría que limitar el acceso a medios con los que pudiera hacerse daño y solicitar atención sanitaria urgente para valorar la situación y establecer las medidas de protección necesarias”, concluye la doctora Huertas.
Cómo buscar ayuda
En momentos de gran sufrimiento, es posible encontrar salidas y superar las dificultades con el acompañamiento adecuado. No tienes que pasar por esto a solas: familiares, amistades, entidades sociales y profesionales sanitarios (en atención primaria y salud mental) están a tu disposición para ayudarte. Si tú o alguien de tu entorno está pasando por un momento complicado, pedir apoyo a las personas cercanas, a asociaciones o a profesionales sanitarios es un paso decisivo. Hay equipos de atención primaria, especialistas en salud mental y organizaciones totalmente dispuestas a escucharte y ofrecerte orientación. A continuación dejamos una lista de contactos a los que puedes recurrir:
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- Contacta con tu centro de salud o con los profesionales de atención primaria y salud mental de referencia.
- En situaciones de riesgo inminente o necesidad urgente de atención, llama inmediatamente al 112.
- Puedes consultar información contrastada y encontrar redes de acompañamiento en entidades como Papageno.es, la Confederación Salud Mental España o la Red AIPIS.
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