El verano en España cada vez es más largo. La temporada de calor ininterrumpido se prolonga a un ritmo de nueve días por década desde los años 80 y, de mantenerse esa tendencia, la estación podría ganar entre 18 y 20 jornadas adicionales para 2046, según los cálculos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). El fenómeno ya no es una percepción: el verano térmico actual arranca el 11 de junio y se extiende hasta el 22 de septiembre, lo que equivale a más de 100 días consecutivos de calor estival, un mes más que en la década de los 80.
La proyección para dentro de 20 años surge de una operación aritmética simple: multiplicar el ritmo de expansión observado por los años que restan hasta 2046. El cálculo se apoya en un estudio publicado en el blog de la Aemet, elaborado con datos de 103 estaciones meteorológicas registrados entre 1979 y 2025. Según ese análisis, en tres décadas el verano podría sumar 27 días, de los cuales unos 15 saldrían del otoño y el resto de la primavera. Aplicado a un horizonte de 20 años, el reparto implicaría que el otoño pierda en torno a 10 de los 18 o 20 días que ganaría el verano. La propia agencia advierte que se trata de una extrapolación aritmética y no de una cifra oficial ni de una predicción meteorológica.
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El fundamento metodológico de estas proyecciones aparece detallado en un artículo del blog de la Aemet firmado por el meteorólogo Benito Fuentes López, que utilizó el reanálisis climático ERA5 del Copernicus Climate Change Service, con datos horarios desde 1940 hasta la actualidad. El estudio calculó la temperatura media diaria entre el 15 de junio y el 15 de septiembre en la Península y Baleares, y entre el 1 de julio y el 1 de octubre en Canarias, para el periodo de referencia 1991-2020. A partir de un umbral basado en el percentil 30 de esas temperaturas, se determinó el primer y el último día de cada año en que se superaba ese límite, y se analizaron 84 veranos mediante el test estadístico de Mann-Kendall.
El resultado: los veranos actuales son, en promedio, un mes más extensos que los registrados a comienzos de la serie histórica. En más de la mitad del territorio español, el alargamiento supera el 30%, y en el este y el nordeste peninsular llega a superar el 50%, con zonas donde la estación ya dura más de un mes y medio adicional respecto al pasado.
Un proceso no lineal que la agencia pide leer con cautela
La Aemet insiste en que el fenómeno no avanza en línea recta: un verano concreto puede resultar más corto que el anterior, incluso dentro de una tendencia general al alza. El blog de la agencia explica que la trayectoria combina fases de fuerte crecimiento, estancamientos e incluso retrocesos puntuales, y que la tendencia ascendente comenzó a detectarse de forma generalizada en las décadas de los 80 y 90, aunque en el oeste peninsular y en Canarias no se hizo evidente hasta el presente siglo, lo que podría indicar una aceleración reciente del calentamiento.
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Pese a estos cambios en el comportamiento térmico, las fechas oficiales de las estaciones no se modificarán. El otoño astronómico seguirá durando unos 90 días, desde el equinoccio de septiembre hasta el solsticio de diciembre, conforme al calendario que rige independientemente de las condiciones meteorológicas registradas.
En cuanto al impacto sobre la vida cotidiana, un otoño más corto y cálido altera rutinas vinculadas al calendario estacional, desde el cambio de armario y el encendido de la calefacción hasta la vendimia, la caída de la hoja y la llegada de las primeras lluvias. La prolongación del calor estival también repercute en el equilibrio ecológico, incrementa los riesgos de incendios forestales, presiona la disponibilidad de recursos hídricos y obliga a ajustar los calendarios agrícolas y la gestión de infraestructuras urbanas frente a episodios de calor cada vez más prolongados.
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