En medio del dolor y la conmoción provocados por el grave accidente ferroviario de Urda (Toledo), una historia de esperanza se abre paso entre la tragedia. La Guardia Civil ha compartido el emotivo testimonio de Salvador, uno de los agentes desplegados en la zona cero del siniestro, que logró salvar a una joven sevillana llamada Almudena tras localizar su mano entre los restos del vagón y prometerle que no la soltaría hasta ponerla a salvo.
“Estaba frustrado hasta que supe que estaba viva, porque fue la única persona que salió [con vida]”, recuerda el agente visiblemente emocionado. Las condiciones para acceder al interior obligaron a los efectivos a asumir maniobras arriesgadas: “El vagón ocho estaba volcado. Escuchamos a una chica gritar dentro y nos tumbamos. Tuvimos que pasar arrastrándonos por el vagón y no la veíamos”. A oscuras y entre las chapas deformadas, cada metro suponía un obstáculo.
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“Después de un rato, que parecía que no la veíamos, apareció su mano”, relata Salvador sobre el primer indicio visual. “Tenía heridas sangrantes y demás, que tuvimos que taponar y sacar todo lo que tenía debajo, que la aprisionaba”, añade el guardia civil al rememorar los primeros auxilios de urgencia. “Después de su mano, empezamos a hablar con ella. Estaba consciente”, apunta.
En ese instante, el agente pudo conocer los primeros datos de la pasajera: “Sabemos que se llamaba Almudena porque se lo preguntamos y que era de Sevilla, porque en la mano derecha llevaba una pulsera verde de una hermandad”. Ese vínculo sirvió de apoyo fundamental para mantenerla consciente mientras se organizaba la fase más compleja de su liberación.
Más de una hora de rescate a contrarreloj
El operativo para liberarla requirió un gran esfuerzo físico y una estrecha coordinación entre todos los efectivos. “Tras una hora y pico luchando con ella, salió con vida de ese vagón; fue la única persona que pudimos rescatar de allí con vida”, reconoce el agente al recordar el fatal desenlace del resto de ocupantes que viajaban en el vagón ocho del tren siniestrado.
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Durante todo ese tiempo, la prioridad de los agentes fue retirar los restos que la atrapaban sin soltar a Almudena: “Le agarramos la mano, ya no la soltamos y empezamos a hacer turnos para extraer todo lo que podíamos de encima de ella. Hasta que, dado un punto, ya pudimos acceder bien a ella”, recuerda Salvador. “Le veíamos las piernas, tenía una traviesa encima, parece ser del otro AVE, no lo sabemos”, añade.
Una vez que la joven fue liberada y trasladada de urgencia al hospital, la incertidumbre continuó para Salvador a lo largo de toda la jornada: “Al tener amigos en el hospital, pregunté si había llegado una chica que se llamaba Almudena, que era de Sevilla, que si me podían solamente decir si estaba viva”. Las horas posteriores se convirtieron en una angustiosa espera: “Por la tarde me confirmaron que había una chica. Le pregunté por sus rasgos y me lo confirmaron”, detalla.
El alivio para el guardia civil no fue completo hasta que pudo hablar directamente con la pareja de la joven: “Por la tarde ya pude hablar con su novio, con Julio, y me confirmó que sí, que era ella, que eran sus ojos, que era su pulsera y que está viva, que está bien”. Un destello de esperanza que desafió a la tragedia.
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