Mojar pan en una salsa, acompañar un guiso con unas rebanadas o disfrutar de pan con aceite de oliva son costumbres muy arraigadas en la gastronomía española. Para muchas personas, el pan es un alimento imprescindible en la mesa, tanto en la comida como en la cena. Pero ¿cómo de saludable es mantener este hábito a diario? ¿Deberíamos dejar de comer pan en todas las comidas?
En España, la cuestión del pan es un asunto cultural, reconoce la dietista-nutricionista María Merino quien considera que no hay motivos para demonizarlo, aunque sí conviene prestar atención a cuánto comemos y qué tipo de pan elegimos. Según la experta, no se puede determinar si este hábito es saludable sin analizar el conjunto de la alimentación.
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Este alimento nos suele acompañar en varias comidas al día y no por ello es insano, pues “todo dependerá de la calidad del pan y todo dependerá de cómo es tu alimentación”. Por tanto, comer pan en todas las comidas no es necesariamente perjudicial, ya que la cuestión está en valorar qué lugar ocupa en la dieta, en qué cantidades se consume y qué otros alimentos aportan hidratos de carbono a lo largo del día.
El problema no es el pan, sino el exceso
El consumo frecuente de pan puede convertirse en un exceso cuando se añade a todas las comidas y se acompaña de raciones abundantes. Merino pone un ejemplo concreto: desayunar pan, tomarlo a media mañana, comerlo en el almuerzo, merendarlo y volver a incluirlo en la cena. Si, además, las cantidades son elevadas, la ingesta total puede superar las necesidades de la persona.
Sin embargo, el problema no radicaría en que “el pan sea malo”, aclara la nutricionista, que sitúa el foco en el exceso de hidratos de carbono. En este sentido, recuerda que las recomendaciones generales contemplan entre tres y seis raciones de este macronutriente al día.
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No obstante, Merino considera que ese margen puede resultar demasiado generoso para una parte de la población. “Dada la gran tasa de sedentarismo que tenemos en nuestro país”, explica, la cantidad de hidratos de carbono recomendada debería valorarse teniendo en cuenta el nivel de actividad física de cada persona.
Desde su experiencia profesional, la especialista apuesta por la moderación en quienes llevan una vida poco activa. “Yo a mis pacientes siempre les digo que intenten hacer tres raciones de carbohidratos al día, que con tres vamos más que servidos, especialmente si somos sedentarios”, afirma. En cambio, si una persona hace ejercicio, considera que es necesario valorar sus necesidades particulares.
La cantidad y el tipo de pan importan
A la hora de decidir si conviene comer pan en todas las comidas, no basta con contar las veces que aparece en el menú. También hay que tener en cuenta el tamaño de las raciones y el resto de las fuentes de hidratos de carbono que se consumen durante la jornada.
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Merino subraya que es importante entender qué constituye una ración y prestar atención a la calidad de los alimentos elegidos. Por eso, antes de eliminar el pan de la dieta, resulta más útil revisar los hábitos alimentarios en su conjunto y ajustar las cantidades a las necesidades individuales.
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