Volver a casa tras una jornada de trabajo, introducir la llave en la cerradura y sentir la tranquilidad del hogar es la norma del día a día. Sin embargo, esa sensación de protección que experimentamos al girar la llave suele ser tan agradable como engañosa. La realidad que se esconde de puertas para adentro es mucho más frágil de lo que nos gusta admitir: la inmensa mayoría de las puertas de entrada en nuestro país apenas suponen un obstáculo mínimo para cualquiera que intente acceder sin permiso.
“En España, más del 80% de las cerraduras de puertas de entrada a casa están obsoletas”, explica de forma tajante Jesús González, cerrajero jubilado con 54 años de trayectoria a sus espaldas y actual presidente del Gremi de Serrallers de Catalunya, en una entrevista concedida a La Vanguardia. Un diagnóstico que deja al descubierto la vulnerabilidad en la que viven millones de familias sin ser conscientes de ello.
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“Hay gente que se gasta 1.500 euros en un teléfono móvil y, en cambio, escatima en la seguridad de la puerta de su casa”, lamenta el profesional. Esta falta de previsión y la tendencia a posponer las mejoras de seguridad hasta que ocurre un imprevisto se evidencian en momentos de mudanza o cambio de residencia. Pasar a habitar una vivienda nueva requiere tomar medidas preventivas inmediatas que muy pocos llevan a cabo en la práctica.
“Cuando entras en una vivienda, sea de alquiler o de compra, lo primero debería ser cambiar el bombín o revisar el sistema de cierre con un profesional, porque no sabes cuántas copias de las llaves existen ni quién puede tenerlas”, señala. De no hacerlo, el problema no es solo el riesgo directo de robo, sino la desprotección judicial posterior: si alguien accede al domicilio utilizando una copia antigua y sin dejar daños visibles en la estructura, “puede ser mucho más difícil demostrar qué ha ocurrido” ante la aseguradora o las autoridades.
El peligro de los tutoriales de internet y las estafas en urgencias
El problema no solo reside en el estado o la antigüedad de los cierres, sino también en el preocupante incremento del intrusismo y la pérdida de profesionalidad en el sector de la cerrajería. A diferencia de lo que ocurría décadas atrás, cuando el oficio se transmitía de maestro a aprendiz, hoy en día cualquiera intenta ejercer la profesión: “Ahora no hay una escuela de cerrajería y mucha gente acaba formándose con tutoriales de YouTube”.
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A esta falta de formación se suma el proliferante fraude en los servicios de urgencia de 24 horas, un nicho marcado por los precios abusivos que abundan en las pegatinas pegadas en los portales o en los primeros anuncios patrocinados de internet. Asimismo, cuando ocurre un percance, como la pérdida o el robo de las llaves, González subraya que es indispensable “cambiar la cerradura”.
Para evitar abusos económicos y posibles estafas, su recomendación es priorizar siempre los negocios consolidados o con arraigo local: “Es importante acudir a un establecimiento físico, porque sabes quién te atiende, tienes un lugar al que volver si surge algún problema y cuentas con más garantías que llamando solo a un teléfono encontrado por internet”.
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