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De una huerta familiar a un centro especializado: el viaje de dos calabazas tradicionales para no caer en el olvido

Tras sostener durante generaciones dos variedades vinculadas a la gastronomía aragonesa, un agricultor de Panzano (Huesca) decidió ceder sus semillas a instituciones especializadas, con el fin de evitar que la tradición se extinguiera junto con su propio cultivo

Dos variedades de calabaza que una misma familia cultivó durante generaciones han cambiado de manos. (Canva)

En Panzano, una localidad de la provincia de Huesca, dos variedades de calabaza que una misma familia cultivó durante generaciones han cambiado de manos. El agricultor Francisco Bescós, también estudioso de la etnografía local, entregó las semillas que conservaba desde hacía años, entre ellas las de una calabaza que, según sus propias palabras, lleva unos 200 años en su familia.

Según detalla El Diario de Huesca, el receptor del material vegetal fue Ismael Ferrer, director gastronómico del Centro de Innovación Gastronómica de Aragón (CIGA). Con el traspaso, las dos variedades dejan de depender exclusivamente de un único cultivador y pasan a contar con otra persona dispuesta a seguir sembrándolas y multiplicándolas.

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Dos variedades con historia distinta pero un mismo riesgo

Las semillas corresponden a la calabaza amarilla de Panzano y a la calabaza de Rabique, también llamada Rabiqué, esta última asociada a varias comarcas aragonesas. Ninguna de las dos constituye una especie botánica aparte: ambas pertenecen al género Cucurbita y se diferencian de otras calabazas por rasgos propios que se fueron fijando a través de la selección realizada por quienes las sembraban año tras año.

Esa condición de variedad local, y no de especie independiente, explica por qué su continuidad es frágil. Si una especie cuenta con múltiples variedades repartidas en distintos territorios, la pérdida de una de ellas no supone su extinción biológica, pero sí la desaparición de una combinación genética concreta, moldeada durante décadas.

Una calabaza amarilla de verano (Circe Denyer / PublicDomainPictures.net)

Bescós decidió interrumpir el cultivo de estas dos calabazas pero, antes de hacerlo, entregó el material para que su conservación no se cortara junto con la actividad agrícola familiar.

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Una receta de la zona del Pirineo mantiene viva la demanda de la Rabiqué

La calabaza de Rabiqué figura en registros dedicados a documentar nombres y variedades tradicionales de Aragón. La Red de Semillas de Aragón la incorporó a su calendario de 2026 bajo la denominación “Calabaza de Rabiqué de Puente de Montañana”.

La variedad forma parte de la elaboración de pastillos y farinosos de calabaza, dos preparaciones típicas de la gastronomía de la zona. Esa continuidad en la cocina es, en buena medida, lo que sostiene el interés por mantener viva la semilla, más allá de su valor como patrimonio agrícola. Hasta ahora, su supervivencia quedaba en manos de agricultores concretos que las siguen sembrando por tradición familiar, sin que existiese garantía de relevo cuando esa persona deje de cultivarlas.

Imagen recurso de calabazas (Pixabay)

Para enfrentar ese riesgo, Aragón dispone desde 1981 del Banco de Germoplasma Hortícola, dependiente del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). Su función consiste en resguardar recursos genéticos de especies cultivadas y frenar la pérdida de variabilidad interna que se produce cuando las variedades antiguas quedan desplazadas por otras más uniformes y de base genética más limitada, un fenómeno que la propia institución identifica como una de las principales amenazas a la diversidad hortícola.

El banco custodia actualmente alrededor de 18.500 entradas pertenecientes a más de 450 especies, de acuerdo con sus registros. Ese material permanece disponible para investigadores y mejoradores que necesiten estudiarlo o, en algunos casos, recuperarlo para volver a cultivarlo.

A ese esfuerzo se suma la Biblioteca de Semillas de la Universidad de Zaragoza, puesta en marcha en 2017 junto al CITA. La colección reúne en 2026 más de 240 variedades correspondientes a 32 especies hortícolas aragonesas, todas procedentes del banco de germoplasma.

Con la entrega realizada en Panzano, las semillas de las dos calabazas quedan en condiciones de reproducirse fuera del entorno familiar donde se mantuvieron durante generaciones, lo que abre la posibilidad de documentarlas, multiplicarlas y recuperarlas para el cultivo en el futuro.

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