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Se llama caviar cítrico, cuesta más que el marisco y los expertos aseguran que se puede cultivar en el balcón de cualquier casa

El finger lime llega del campo australiano a la mesa española: un producto que se vende a precio de oro y crece en una maceta

Originario de las selvas subtropicales de Queensland, este arbusto espinoso produce un fruto codiciado por la gastronomía y se adapta a terrazas y balcones con luz suficiente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un fruto alargado, del tamaño de un dedo, esconde en su interior decenas de pequeñas esferas translúcidas verdosas que estallan al morderlas y liberan un jugo ácido y aromático. Se trata del finger lime, un cítrico originario de Australia que en los últimos años se convirtió en uno de los ingredientes más buscados por la alta gastronomía. Su precio en tiendas especializadas puede alcanzar los 50 euros los 200 gramos, una cifra que despierta tanto curiosidad como escepticismo entre quienes lo descubren por primera vez.

La especie, cuyo nombre científico es Citrus australasica, crece de forma silvestre en las selvas subtropicales de Queensland y Nueva Gales del Sur, en el este australiano. Se presenta como un arbusto espinoso de hojas pequeñas que puede superar los dos metros de altura cuando se planta sin restricciones, aunque su tamaño compacto lo vuelve apto para un cultivo mucho más doméstico y que quepa en la maceta.

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El finger lime tiene esferas en su interior que al morderlas explotan. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Su fama proviene de lo que oculta su piel. La fruta ronda los 7 centímetros y presenta tonos que van del verde al púrpura, pasando por el amarillo y el marrón según la variedad. Al partirlos y presionar suavemente uno de sus extremos, se desprenden diminutas vesículas redondas que conservan su forma hasta que se muerden, una apariencia que le valió el apodo de caviar cítrico. En tiendas especializadas de frutas exóticas, los precios de este producto oscilan entre los 70 y 80 euros por lote en algunos comercios, mientras que otras casas dedicadas a la venta al chef y al particular lo ofrecen desde 50 euros los 200 gramos.

Cómo se cultiva el finger lime en una maceta y qué cuidados necesita

El cultivo en maceta exige, ante todo, un recipiente con un fondo perforado que permita drenar bien la tierra. Las raíces de los cítricos necesitan humedad constante, pero también oxígeno, por lo que conviene evitar los platos que retienen agua tras el riego. Los especialistas recomiendan un sustrato fértil rico en materia orgánica, pero bien drenado, de carácter neutro o ligeramente ácido y, en ningún caso, calcáreo.

El riego es crucial para el finger lime: en verano puede llegar a ser diario, mientras que en invierno, quincenal.

Una guía elaborada por el vivero francés Promesse de Fleurs detalla que el volumen del contenedor debe ser entre dos y tres veces mayor que el del cepellón, y que conviene colocar una capa de drenaje de arcilla o grava en la base antes de añadir el sustrato. La planta necesita entre seis y ocho horas de sol directo al día, aunque en las regiones más calurosas agradece cierta sombra durante las horas centrales de la jornada. El riego regular según la época es crucial. Durante la primavera y el verano, entre semanal y diario según la temperatura, y espaciarse cada diez o quince días en invierno.

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El caviar cítrico no desprende su sabor hasta que se rompe la pequeña bola, por eso sorprende en elaboraciones y en sabor.

La poda anual, realizada a finales de invierno y antes de la floración, ayuda a mantener un tamaño manejable y mejora la circulación de aire dentro de la copa. El trasplante debe hacerse cada dos años, o cuando las raíces comiencen a asomar por los orificios inferiores del tiesto, eligiendo siempre un recipiente apenas más grande que el anterior.

El principal obstáculo para este cultivo es el frío. El finger lime tolera mal las heladas prolongadas y su resistencia se limita a temperaturas de entre -3 y -5 grados Celsius, y solo durante períodos breves. Ante la llegada del invierno, conviene trasladar la maceta a un lugar luminoso pero resguardado, como una galería o un invernadero sin calefacción, con una temperatura media cercana a los 10 grados Celsius.

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La cosecha exige paciencia. Un ejemplar joven puede tardar varios años en producir con regularidad, aunque los árboles injertados suelen adelantar ese proceso frente a los que provienen de semilla. El fruto no continúa madurando una vez cortado, por lo que retirarlo antes de tiempo compromete su desarrollo final.

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