Comer en buena compañía es un privilegio para nuestro estado de ánimo, pero también para nuestra salud física. Una investigación de la Universidad Hebrea de Jerusalén acaba de revelar que comer con un ser querido puede regular funciones fisiológicas básicas como la glucosa en sangre, la temperatura corporal y la respuesta al estrés.
El estudio, publicado en Science Adavances y realizado con 395 personas entre adultos y bebés, plantea una hipótesis novedosa: la presencia de otra persona podría ayudar al organismo a mantener su equilibrio interno con un menor esfuerzo. Los investigadores calcularon una reducción media del 12,07 % en el esfuerzo fisiológico total cuando los participantes estaban acompañados, incluso después de tener en cuenta factores como el estrés, el índice de masa corporal y el contacto físico.
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El equipo denomina este principio “fisiología social”, cuya idea parte de la homeostasis, el conjunto de mecanismos que permiten al cuerpo mantener estables variables esenciales como la temperatura, la glucosa o la actividad del sistema nervioso. Para comprobar esta hipótesis, los investigadores realizaron cuatro experimentos. En adultos analizaron la respuesta metabólica después de comer, la reacción del organismo ante el frío y la activación del sistema nervioso simpático ante un estímulo doloroso. En bebés estudiaron la respuesta a un sonido desagradable cuando estaban junto a su madre o solos. Uno de los resultados más destacados apareció en la prueba relacionada con la glucosa.
Menor respuesta glucémica al estar acompañado
En el experimento participaron 108 adultos, que realizaron la prueba dos veces: una solos y otra junto a su pareja sentimental. En ambas ocasiones consumieron una cantidad controlada de pan blanco y los investigadores midieron la glucosa durante las dos horas posteriores.
Los niveles iniciales eran similares, pero después de comer aparecieron diferencias. Cuando los participantes estaban acompañados, la glucosa alcanzaba picos más bajos y regresaba antes hacia sus niveles habituales. La respuesta glucémica acumulada fue, de media, un 14,55 % menor en compañía que en soledad. Al comparar grupos independientes, la diferencia llegó al 23,9 %.
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Los investigadores comprobaron si este efecto podía explicarse simplemente por una menor ansiedad. Para ello midieron la actividad eléctrica de la piel, un indicador de activación del sistema nervioso simpático. Sin embargo, no encontraron diferencias relevantes entre estar acompañado o solo. El efecto sobre la glucosa se mantuvo incluso después de incorporar esta variable al análisis.
La compañía también cambia la respuesta al frío
El mismo patrón apareció en el experimento de termorregulación. Los 116 participantes permanecieron cinco minutos en una habitación a 12 grados centígrados y posteriormente pasaron a un espacio más cálido para recuperarse.
La temperatura de la piel descendió menos y se recuperó con mayor rapidez cuando estaban acompañados. La diferencia en la respuesta térmica acumulada fue del 16,17 % entre los grupos.
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En la prueba de estrés participaron otros 115 adultos, que recibieron pequeñas descargas eléctricas controladas. La respuesta del sistema nervioso simpático fue un 5,98 % menor entre quienes estaban acompañados.
Desde los primeros meses de vida
Los investigadores también estudiaron a 56 bebés de entre dos y 13 meses. Los pequeños escucharon un sonido breve y desagradable mientras estaban junto a su madre o separados de ella.
Cuando la madre estaba presente, la activación del sistema nervioso simpático fue un 4,24 % menor. El resultado no varió significativamente según la edad de los bebés, lo que plantea que la regulación fisiológica asociada a la proximidad social podría aparecer muy pronto en la vida.
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¿Una ventaja biológica?
Los autores plantean que la explicación podría estar relacionada con el gasto energético. Mantener el equilibrio interno requiere recursos y, si la presencia de otra persona permite afrontar determinados desafíos fisiológicos con menor esfuerzo, esa energía podría destinarse a otras funciones.
Sin embargo, la investigación no demuestra que estar acompañado prevenga enfermedades ni que estos efectos puntuales se traduzcan necesariamente en una mejor salud a largo plazo. Tampoco permite saber si el fenómeno aparece con amigos, compañeros de trabajo o desconocidos, ya que los adultos estudiados mantenían relaciones sentimentales consolidadas.
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