Este viernes, los profesionales del Oceanogràfic de Valencia han lamentado la muerte de una de las dos belugas que a finales del mes de agosto fueron trasladadas desde Marineland Canadá. Se trata de Jelly Bean, que fue rescatada junto con Cleopatra y cuatro delfines también procedentes del zoológico clausurado hace ya dos años.
Tal y como han señalado desde el centro, los seis animales habían estado bajo supervisión continua por los equipos veterinarios y los cuidadores desde su llegada a España, un procedimiento que formaba parte del protocolo de adaptación a su nuevo entorno.
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En los últimos días, según han señalado desde Oceanogràfic Valencia, Jelly Bean había presentado dificultades en su alimentación. Por ello, el equipo veterinario intensificó su seguimiento, permaneciendo bajo vigilancia las 24 horas. Durante este periodo, pudieron constatar momentos de mejoría y una actitud receptiva con sus cuidadores.
Sin embargo, la beluga ha fallecido “de forma repentina e inesperada” esta pasada noche. “Por el momento no es posible determinar la causa de la muerte”, ha señalado el centro, que ha asegurado que los veterinarios realizarán una necropsia al animal junto con el grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrena para determinar los factores que habrían contribuido a su muerte.
Mientras tanto, la beluga Cleopatra y los cuatro delfines “evolucionan favorablemente y continúan bajo los cuidados y la supervisión de los profesionales”.
El zoo de Canadá aseguró que las belugas podían ser sacrificadas
El parque zoológico Marineland de Canadá, ubicado en las Cataratas del Niágara y que abrió sus puertas en la década de 1960, fue durante años uno de los principales atractivos turísticos de la zona. Sin embargo, varias denuncias de bienestar animal llevaron a una caída drástica de los visitantes y a una grave crisis financiera.
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A esto se sumó la aprobación en 2019 en Canadá de una ley para poner fin al encierro de ballenas, delfines y otros cetáceos para espectáculos o con fines comerciales. Así, en 2023 el acuario fue puesto a la venta y en 2024 cerró definitivamente sus puertas al público.
Desde entonces treinta belugas del acuario y otros cetáceos permanecían en las instalaciones ya inactivas. El Gobierno federal de Canadá había rechazado financiar la manutención de estos animales, puesto que la responsabilidad continuaba siendo de la empresa que los adquirió y que obtuvo beneficios económicos de ellos durante décadas. El parque, por tanto, aseguró que, al no disponer de fondos para seguir haciéndose cargo de los animales, era posible que las belugas fuesen sacrificadas.
Gracias a un amplio operativo internacional, se consiguió que este no fuese el destino final de los animales. Se decidió su traslado a cinco parques: cuatro en Estados Unidos —el Acuario Shedd en Chicago, el Acuario de Georgia en Atlanta y los parques SeaWorld de San Antonio y San Diego— y uno en España, el Oceanogràfic de Valencia.
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La muerte de Jelly Bean supone “un momento especialmente difícil para todos los profesionales que han trabajado en su cuidado”, ha señalado el zoológico valenciano. “Desde el inicio de la operación de rescate, los equipos eran conscientes de que cada animal presentaba un historial y unas necesidades individuales, y de que solo mediante una evaluación y un seguimiento continuos sería posible conocer en profundidad su estado de salud”.
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