Una respuesta inmunitaria materna durante el embarazo podría ayudar a explicar por qué los fetos varones parecen ser más vulnerables a determinadas alteraciones del neurodesarrollo. Esa es la principal conclusión a la que ha llegado un nuevo estudio realizado en ratones por investigadores del Cold Spring Harbor Laboratory y el Boston Children’s Hospital de Estados Unidos.
El trabajo, publicado en Science Advances, analiza qué ocurre en la placenta cuando el sistema inmunitario de una madre embarazada se activa y encuentra una diferencia llamativa entre sexos. En el modelo experimental utilizado, algunos embriones masculinos desarrollaron alteraciones graves del desarrollo después de una activación inmunitaria materna, mientras que las hembras permanecieron protegidas.
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Los investigadores recurrieron a un modelo de activación inmune materna utilizado habitualmente para estudiar el neurodesarrollo. Para simular una respuesta similar a la provocada por una infección viral, administraron poly(I:C) a ratones embarazados durante una etapa equivalente, de forma aproximada, al segundo trimestre de la gestación humana. Veinticuatro horas después analizaron cientos de embriones y sus placentas mediante estudios morfológicos y moleculares.
Los resultados mostraron una diferencia marcada. Alrededor del 30 % de los embriones presentó alteraciones graves, entre ellas bajo peso y diferentes malformaciones. Los daños afectaron únicamente a los machos. Al ampliar el análisis, los investigadores observaron que hasta el 60% de los fetos masculinos mostraba algún grado de alteración, frente al 0% registrado entre las hembras.
El foco se desplaza hacia la placenta
El análisis célula por célula reveló que las placentas de los machos afectados presentaban una fuerte activación de genes relacionados con la inflamación, especialmente en los espongiotrofoblastos, células fetales situadas en la interfaz entre madre y feto. Al mismo tiempo, disminuyeron procesos relacionados con la estructura de la placenta y con mecanismos inmunosupresores.
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Los cambios también aparecieron en el líquido amniótico: 14 de las 37 citocinas analizadas aumentaron significativamente en los machos con daños. Entre ellas estaban la interleucina-6 (IL-6) y la IL-17, relacionadas previamente con procesos inflamatorios y con el autismo.
Los investigadores bloquearon la IL-6 en las madres antes de activar su respuesta inmunitaria y observaron que los embriones masculinos quedaban protegidos frente a las alteraciones. Para los autores, esto sitúa a esta molécula en el centro del mecanismo observado. “La IL-6 materna es imprescindible para que emerjan tanto las alteraciones en el desarrollo fetal como las anomalías de conducta similares al autismo que se observan en la adultez”, concluyen.
De ratones a humanos
Los investigadores también analizaron datos de embarazadas que habían sufrido COVID-19 y encontraron algunos patrones de inflamación y alteraciones placentarias similares a los observados en los ratones. Sin embargo, estas coincidencias no demuestran que el mismo mecanismo produzca las mismas consecuencias en humanos.
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El siguiente paso será comprobar si esta vulnerabilidad específica de los fetos masculinos también se produce en embarazos humanos y qué efectos puede tener a largo plazo. Por ahora, el estudio señala a la placenta y a la IL-6 como posibles piezas de un mecanismo que relaciona la respuesta inmunitaria materna con una mayor vulnerabilidad de los fetos varones, pero será necesario investigar mucho más antes de extraer conclusiones clínicas.
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