Una terapia celular experimental ha conseguido un resultado extraordinario en un niño de tres años con un cáncer de hígado que había dejado de responder a los tratamientos convencionales. Tras varias intervenciones quirúrgicas y tres líneas de quimioterapia, el tumor había reaparecido con metástasis en los pulmones. Sin embargo, después de recibir dos infusiones de células modificadas genéticamente, la enfermedad metastásica desapareció y el paciente permaneció libre de cáncer durante al menos 12 meses.
El caso ha sido documentado en The New England Journal of Medicine en el marco de una investigación del Baylor College of Medicine de Estados Unidos y abre una vía de investigación para uno de los grandes desafíos de la oncología: conseguir que las terapias celulares, como las células CAR-T, funcionen también frente a tumores sólidos. Hasta ahora, este tipo de tratamientos ha mostrado resultados especialmente destacados en algunos cánceres de la sangre, pero su aplicación a tumores sólidos plantea dificultades adicionales.
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El paciente padecía un hepatoblastoma, el tumor hepático maligno más frecuente en la infancia, que presentaba además metástasis pulmonares y óseas. Después del diagnóstico, el niño fue sometido a la resección completa del tumor primario y a dos intervenciones para eliminar metástasis pulmonares, además de recibir tres líneas de quimioterapia. A pesar de ello, la enfermedad volvió a aparecer.
Los investigadores recurrieron entonces a una estrategia basada en células CAR T, modificadas en el laboratorio para reconocer una proteína llamada glicipicano-3 (GPC3). Esta molécula está presente en las células del hepatoblastoma y, según los investigadores, no se encuentra en los tejidos sanos maduros, lo que permite utilizarla como una especie de “señal” para dirigir las células inmunitarias contra el tumor.
Células diseñadas para reconocer tumores
El tratamiento incorporaba una característica adicional, puesto que las células fueron diseñadas para producir las interleucinas 15 y 21, moléculas capaces de favorecer la expansión y persistencia de determinadas células inmunitarias. El objetivo era conseguir que las CAR-T no solo reconocieran las células tumorales, sino que permanecieran activas durante más tiempo en el organismo.
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El niño recibió dos infusiones. Después de la primera, los médicos observaron una respuesta parcial, con una reducción del tumor y un descenso de los niveles de alfa-fetoproteína, un marcador que se utiliza para seguir la evolución del hepatoblastoma. Ocho semanas después recibió una segunda dosis. Las pruebas de imagen posteriores mostraron la desaparición de las lesiones metastásicas, quedando únicamente tejido cicatricial.
Los resultados también llamaron la atención por su perfil de seguridad, pues el tratamiento se administró de forma ambulatoria y no provocó síndrome de liberación de citocinas, una complicación potencialmente grave asociada a algunas terapias CAR T. Los efectos secundarios descritos se limitaron a descensos transitorios de determinadas células sanguíneas relacionados con el tratamiento previo de linfodepleción.
Una investigación con un largo camino por delante
El seguimiento inmunológico mostró además que las células modificadas podían persistir durante meses, en tanto que los transgenes introducidos en las CAR-T seguían siendo detectables en sangre nueve meses después de la infusión. Los propios investigadores advierten, no obstante, de los riesgos teóricos asociados a mantener una producción prolongada de interleucinas. Para reducirlos, las células incorporan un interruptor de seguridad basado en la caspasa 9 que permitiría eliminarlas si fuera necesario.
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El principal límite del hallazgo es también el más importante: se trata de un único paciente. Aunque la desaparición completa y sostenida del tumor constituye un resultado relevante, no permite determinar todavía hasta qué punto la estrategia será segura y eficaz en otros niños o en pacientes con diferentes tumores.
Por ello, los investigadores plantean continuar estudiando las células CAR-T en ensayos clínicos más amplios y explorar su posible aplicación frente a otros tumores sólidos que expresen glicipicano-3. El seguimiento de este niño continuará para comprobar cuánto tiempo se mantiene la respuesta y detectar posibles efectos adversos tardíos.
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