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Entre asfalto y termómetros a más de 40 grados: los carruajes turísticos de caballos sobreviven en las ciudades españolas pese al aumento de las temperaturas

Progreso en Verde y Ecologistas en Acción denuncian en ‘Infobae’ las consecuencias que esta práctica tiene para los animales y piden alternativas como las calesas eléctricas

Un coche de caballos pasea por el centro de Sevilla en plena ola de calor, con un termómetro que marca 52 grados, a 07 de agosto del 2023 en Sevilla (Andalucía, España). (Eduardo Briones/Europa Press)

En un país que cada vez enfrenta veranos más cálidos, en las calles de algunas ciudades puede todavía observarse una actividad que parece sacada de otro siglo: los carruajes turísticos tirados por caballos.

El repiqueteo de los cascos contra el asfalto y los relinchos sigue siendo habitual en estos centros históricos, pese a que desde hace años distintas organizaciones animalistas denuncian la práctica. Además, ante la creciente preocupación por el bienestar animal, también son cada vez más las personas que evitan formar parte de estas actividades. Sin embargo, el hecho de que todavía persistan en lugares como Sevilla, Córdoba o Mallorca refleja que la demanda continúa existiendo.

“Nosotros consideramos que utilizar animales para una actividad turística recreativa evidentemente plantea problemas de bienestar animal que no pueden ignorarse”, explica a Infobae Andrés Illana, de Ecologistas en Acción. “Hay que tener en cuenta que estas actividades muchas veces se producen en época estival, en zonas de muchísimo calor y que no están preparadas”.

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Los caballos se enfrentan a las altas temperaturas de las ciudades

Desde finales del mes de mayo, la polémica por el uso de las calesas de caballos ha recaído especialmente sobre Palma. Allí, el Tribunal Superior de Justicia de Baleares ha tumbado la modificación del reglamento municipal sobre el servicio de transporte urbano de viajeros con vehículos de tracción animal con conductor después de una denuncia que pusieron los conductores de calesas, lo que implica que estos animales ahora podrán circular con alertas amarillas por calor, que en el sur de Mallorca se activan a partir de los 36 grados.

Un caballo tira de un carruaje en Palma. (Progreso en Verde)

La decisión se debe a un defecto de forma: el Ayuntamiento de Palma, durante la tramitación, no aportó un informe sobre el impacto de género de la modificación, un documento que debe incorporarse en todos los procedimientos de elaboración de leyes y disposiciones desde 2016.

“El Tribunal de Justicia, en lugar de decir ‘bueno, esto no tiene nada que ver con los caballos, con la protección animal ni con las altas temperaturas, no repercute en nada’, se excusó en la falta de este informe sobre el impacto de género y decidió tumbar ese cambio, con lo que conlleva, que es que los caballos llevan casi un mes saliendo con altas temperaturas como si nada”, explica a este medio Guillermo Amengual, presidente del partido animalista Progreso en Verde.

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En un comunicado emitido por el Ayuntamiento de Palma cuando se conoció la caída de la modificación del reglamento, se señalaba que los caballos continuarían sin prestar servicio con avisos naranjas (a partir de 39 grados) y rojos (a partir de 42). “Nosotros creemos que ahí ha habido un pacto entre conductores de calesas y el Ayuntamiento en el sentido de ‘salís los días de alerta amarilla, que son casi todos, y los dos o tres de alerta naranja no salgáis, así quedamos bien de cara a la opinión pública y a los ciudadanos’”.

Amengual señala que estos animales “son muy sensibles a las altas temperaturas, sobre todo aquellos que no están bien cuidados, porque los hay”. El presidente de Progreso en Verde afirma que “a algunos incluso en toda su jornada de trabajo apenas les dan un cubo de agua, porque eso lo hemos podido ver allí mismo en las paradas de caballos”. “Es una pena porque habíamos conseguido con los años anteriores que ahora en un mes casi no hubiesen circulado”.

Un caballo tira de un carruaje en Palma. (Progreso en Verde)

A las altas temperaturas se suma, según denuncian desde Progreso en Verde, el hecho de que los caballos no han pasado la revisión veterinaria anual obligatoria para poder prestar servicio. “Estamos hablando de que son dos veranos porque la anterior revisión se hizo en abril o mayo del año pasado. Por lo tanto, se pasaron todo el verano anterior y este sin una revisión”.

Esto es problemático en el sentido de que “cada año en las revisiones oficiales ha habido tres, cuatro o cinco caballos que han sido declarados no aptos para prestar servicio”, explica Amengual. “Unos por baja masa muscular, otros porque tenían lesiones y en otros casos porque el carruaje tampoco estaba en condiciones”.

El partido animalista denuncia que algunos de estos animales “no están bien” y que los meses anteriores los han pasado en lo que ellos llaman “los establos de los horrores”: “Ya nos han pasado ciudadanos fotos de caballos a los que se les notan todas las costillas. Hay que recordar que algunos no han salido en todo el invierno de un zulo donde están metidos sin apenas atención, y ahora los hacen prestar servicio con estas temperaturas y con problemas seguramente físicos. Es algo que se tenía que haber evitado a toda costa”.

Calesas eléctricas: una alternativa a los carruajes de caballos

En algunas ciudades de Europa se está iniciando una transformación significativa en las calesas: en Bruselas, por ejemplo, se empieza a apostar por los carruajes eléctricos. También en España ha comenzado a gestarse este cambio, pero todavía no se ha producido ninguna sustitución efectiva y generalizada. Desde Ecologistas en Acción, de hecho, se muestran a favor de esta iniciativa que permitiría a los caleseros mantener su actividad, pero prescindiendo de los caballos. “No estamos diciendo que se dejen de utilizar los carruajes para el turismo, pero lo que sí que estamos pidiendo es que se dejen de utilizar animales”.

Un caballo tira de un carruaje en Palma. (Progreso en Verde)

En Palma, el Ayuntamiento ha iniciado los trámites para implantar estas calesas de tracción eléctrica, pero todavía la medida no se ha hecho efectiva. “Era la alternativa que siempre habíamos puesto encima de la mesa y nos tildaban de locos”, explica Amengual. El presidente de Progreso en Verde defiende que los conductores de estos carruajes, al principio, no estaban de acuerdo con el cambio, pero que ahora son ellos mismos los que están pidiéndolo. “Nos acusaban de querer quitarles el trabajo y de que los animales irían al matadero. Y ahora, de repente, son ellos los que están liderando esa transición”.

Amengual afirma que esto se debe a que “cada vez hay menos turistas que suben porque se dan cuenta de lo que significa ese paseo para el caballo. Lo que es un paseo para unos, es un calvario para otros”. Incluso hay gente que “les increpa directamente”.

Desde el partido animalista señalan que es igual de importante pasar a las calesas eléctricas como dar una buena solución de acogida para esos caballos que ya no se utilizarán en los carruajes. “Nosotros lo que queremos evitar es que terminen en el matadero porque no hay motivo para eso. Estamos poniendo un plan de rescate para adoptar a los caballos y seguramente algunos serán malvendidos, pero la idea es poder rescatar a todos estos animales y que tengan una vida como se merecen”.

Por el momento, sin embargo, todavía hay que esperar para que la transición se produzca. Así, desde Progreso en Verde desean que “este último año de explotación animal pase lo más rápido posible y que el que viene podamos celebrar el paso a las calesas eléctricas”.

Cómo combaten la ola de calor quienes trabajan bajo el sol

En octubre de 2025, se anunció la prohibición de los coches de caballos con fines turísticos en Málaga, después de un acuerdo entre el Ayuntamiento y los titulares de las licencias que aún quedaban en vigor, que han sido indemnizados. Esto es lo que esperan desde Ecologistas en Acción que se produzca en el resto de ciudades españolas.

“Deberían intentar buscar alternativas que no utilicen animales. Están en un medio urbano con suelo de asfalto, con temperaturas que superan en muchos casos los 40 grados, incluso a la sombra a veces. Es que es un escándalo”, explica Illana. “Cualquier actividad en este tipo de ecosistemas tan extremos evidentemente tiene una repercusión bestial sobre los animales“.