Desde las calles rebosantes de neón en el barrio de Yaowarat en Bangkok hasta el oasis de colores y aromas que conforman los mercados de Ciudad de México, probar la comida callejera de estos lugares exóticos es, para muchas personas, un imprescindible en su viaje. De hecho, cada vez son más las personas que eligen destino seducidas por su gastronomía street food.
Según el último Informe de Temporada de ObservaTUR, el Observatorio Nacional de Turismo Emisor, el 35% de los españoles que viajan lo harán al extranjero y, muy probablemente, sentirán la tentación de probar un taco mexicano, unas brochetas de kefta en Marrakech, el gyros griego o una ración de pad thai.
Sin embargo, la ingesta de un plato en mal estado puede arruinarnos las vacaciones y poner en riesgo nuestra salud. Aunque es evidente que las intoxicaciones alimentarias pueden ocurrir en cualquier parte del mundo (incluso en nuestra propia casa), es en los viajes a destinos tropicales cuando el peligro aumenta debido a las condiciones climáticas.
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Las intoxicaciones alimentarias pueden originarse por microorganismos como virus, bacterias o parásitos, que tienen más facilidades para proliferar en aquellos países cuyas medidas sanitarias no están tan desarrolladas. “Por lo que está publicado en la literatura científica, se sabe que los principales casos de infecciones alimentarias se suelen dar sobre todo en viajes a África, al Sudeste Asiático y a países de Sudamérica“, matiza a Infobae José F. Gallegos Braun, presidente de la Asociación de Médicos Sanidad Exterior.
Los errores más frecuentes cuando comemos en el extranjero
Muchas de estas infecciones pueden prevenirse llevando a cabo una serie de precauciones, aunque es difícil identificar el momento justo en el que se produce la contaminación. Entre los errores más comunes a la hora de caer en una toxiinfección se halla olvidarse de los hielos: “El hielo hay que intentar no utilizarlo porque, si está hecho de agua no potable, puede ser también fuente de infección”.
Otro de los errores que más repetimos los turistas es, precisamente, comer de estos puestos ambulantes cuyos productos nos llaman tanto la atención. “En algunos países, la comida es muy vistosa y hay mucha costumbre de estar en la calle comiendo, pero son una fuente de posibles toxiinfecciones alimentarias”. Por ello, el doctor aconseja no consumir alimentos que sean frescos, que no estén conservados adecuadamente o que puedan haberse elaborado con las manos o el instrumental sucio.
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Cómo prevenir una intoxicación alimentaria
No siempre es posible evitar consumir un alimento o una bebida contaminada, pero sí está en nuestra mano reducir los riesgos. Como el doctor Gallegos señala, estas intoxicaciones alimentarias pueden hacer que perdamos días de viaje en destinos que suelen requerir muchas horas y dinero para desplazamientos.
Para prevenir una contaminación de este tipo, se recomienda beber siempre agua embotellada, ingerir alimentos frescos bien cocinados, así como las carnes y pescados. A ello hay que sumar un pequeño botiquín y un seguro médico de viaje que nos deje bien cubiertos.
Cuándo buscar atención médica
Si ya nos encontramos en nuestro país de destino y, pese a las vacunas y las precauciones tomadas, hemos sufrido una intoxicación alimentaria, podemos tratarnos nosotros mismos con la medicación que llevemos en el botiquín. “Una gran parte de este número de procesos infecciosos suelen ser lo que llamamos autolimitados, es decir, que en 24 o 48 horas desaparecen“, explica el experto a este medio.
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No obstante, existen unos signos de alarma a tener en cuenta y que indican que sí necesitaríamos recibir ayuda médica. Las diarreas muy frecuentes que se alarguen durante tres días y pueden causar deshidratación, la fiebre alta por encima de 39 grados o las heces con mucho moco “son señales de que tienen que consultar con un médico”. Ante esta situación, el doctor Gallegos insiste en la importancia de contratar un seguro médico con una cobertura amplia que nos garantice unas vacaciones tranquilas.