La montaña de 60.000 toneladas de ropa procedente de Europa que crece cada año y se puede ver desde el espacio

Según el Parlamento Europeo, cada uno de sus casi 450 millones de habitantes adquiere 26 kilos de textiles al año y descarta 11. Gran parte de ese excedente termina en Atacama

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Vista de ropa usada desechada en el desierto de Atacama, en Alto Hospicio, Iquique, Chile, el 26 de septiembre de 2021. (MARTIN BERNETTI / AFP)

Cada año, Europa descarta millones de prendas que recorren miles de kilómetros hasta terminar en el lugar más inesperado: el desierto de Atacama, en el norte de Chile. Allí, junto a la ciudad de Alto Hospicio, se acumula una montaña textil de más de 60.000 toneladas visible desde el espacio, según la aplicación SkyFi. “Podemos confirmar que la enorme pila de ropa en el desierto de Chile existe y está creciendo”, apuntó la empresa en sus redes sociales. La ONU ha calificado de “emergencia ambiental y social para el planeta”.

Europa tiene parte de culpa. La UE es el principal exportador de ropa desechada a escala global, con el 30% del total, por delante del Reino Unido (16%) y Estados Unidos (15%), según datos publicados por la ONU en un informe de 2024.

Una mujer busca ropa usada entre toneladas de prendas desechadas en el desierto de Atacama, en Alto Hospicio, Iquique, Chile, el 26 de septiembre de 2021.(MARTIN BERNETTI / AFP)

El mecanismo que alimenta ese vertedero arranca con ropa procedente de Europa y termina en los muelles del puerto de Iquique. Esa ciudad forma parte de las zonas francas chilenas, donde las mercancías no tributan mientras permanecen en tránsito. El dispositivo, pensado para dinamizar el comercio local, opera como una trampa: los importadores envían la ropa a la zona franca de Alto Hospicio con la intención de revenderla en América Latina, pero cuando los artículos no encuentran comprador, nadie asume el coste de retirarlos. Según el Parlamento Europeo, cada uno de sus casi 450 millones de habitantes adquiere 26 kilos de textiles al año y descarta 11. Gran parte de ese excedente termina en Atacama.

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Las marcas más presentes en el desierto de Atacama

Las investigaciones llevadas a cabo por la ONG Ekō y el colectivo chileno Desierto Vestido han identificado las marcas más presentes entre los montones de prendas abandonadas, y el resultado es un catálogo amplio de firmas: H&M, Zara, Hugo Boss, Adidas, Levi’s, Old Navy, Under Armour, Tommy Hilfiger y Nike, entre otras. Jerseis navideños, botas de esquí, etiquetas todavía intactas: el desierto más seco del planeta se ha transformado en el escaparate involuntario de la sobreproducción de la industria de la moda rápida. La mayoría de las prendas son de tercera calidad y sin valor de mercado, por lo que acaban en el vertedero.

Una parte de esa ropa no se limita a acumularse: arde. Para gestionar el volumen de textiles, operadores informales entierran o queman las prendas, con consecuencias directas sobre el agua subterránea y el aire. Bastian Barria, cofundador de Desierto Vestido, describió el suelo que queda tras los incendios. “Parece petróleo solidificado, pero en realidad son los restos de ropa que se ha fundido con el fuego”, señaló.

“Parece petróleo solidificado, pero en realidad son los restos de ropa que se ha fundido con el fuego”

La combustión de tejidos sintéticos —en su mayoría poliéster derivado del petróleo— libera compuestos tóxicos que se propagan hasta los barrios vecinos. La Scientific Plastic Pollution Alliance of Chile (SPLACH) y el propio colectivo Desierto Vestido han documentado que la incineración simultánea de prendas sintéticas y plásticos genera combinaciones de compuestos químicos cuyas consecuencias sanitarias resultan imprevisibles. Los residentes de Alto Hospicio se ven obligados a permanecer en casa con las ventanas cerradas durante los episodios de quema.

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Vista aérea de ropa usada desechada en el desierto de Atacama, en Alto Hospicio, Iquique, Chile, el 26 de septiembre de 2021. (MARTIN BERNETTI / AFP)

La población de la ciudad lleva años reclamando soluciones. Patricio Ferreira, alcalde del municipio, resumió la situación en declaraciones recogidas por la agencia AFP, aseguró que se sentían abandonados. “Tenemos la sensación de que nuestra tierra ha sido sacrificada. Somos la basura del mundo y aún no hay conciencia para resolver este problema”. La vecina Karla Aviles, de la asociación Desierto Vestido, añadió que la ciudad ha adquirido una notoriedad que nadie pidió: “En internet, cuando buscas Alto Hospicio, aparecen vídeos que dicen que aquí está el lugar más feo del mundo. Somos una pequeña ciudad escondida en el norte de Chile, y la gente nos conoce por esto”.

“Tenemos la sensación de que nuestra tierra ha sido sacrificada. Somos la basura del mundo"

Fue en 2020 cuando Barria y sus dos socias lanzaron la alarma al publicar en redes sociales las primeras fotografías del vertedero. La repercusión fue internacional, pero el problema no desapareció. Desde entonces, las imágenes de satélite han tomado el relevo de los activistas para documentar el crecimiento del sitio. Un estudio basado en imágenes del programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea (ESA) analizó la expansión del vertedero entre noviembre de 2016 y noviembre de 2024, y confirmó que la mancha textil no ha dejado de crecer.

Chile, cuarto importador mundial de ropa de segunda mano

La dimensión del problema desborda las fronteras de Chile. Infobae informó en enero de 2026 que el puerto de Iquique recibe entre 120.000 y 180.000 toneladas de ropa usada cada año, lo que convierte al país en el cuarto importador mundial de indumentaria de segunda mano. El año pasado, el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta emitió un fallo sin precedentes: reconoció la responsabilidad del Estado chileno por omisión, al no prevenir ni fiscalizar la disposición ilegal de residuos textiles en terrenos fiscales de Alto Hospicio, y ordenó la elaboración de un plan de reparación ambiental de 10 años. El Consejo de Defensa del Estado (CDE) apeló la sentencia ante la Corte Suprema, por lo que la resolución definitiva permanece pendiente.

Mujeres buscan ropa usada entre toneladas de prendas desechadas en el desierto de Atacama, en Alto Hospicio, Iquique, Chile, el 26 de septiembre de 2021.(MARTIN BERNETTI / AFP)

Un informe de la ONU confirmó que el auge de la fast fashion y su rotación acelerada de colecciones ha multiplicado por siete el comercio mundial de ropa de segunda mano en cuatro décadas. Según Reinalina Chavarri, directora del Observatorio de la Sostenibilidad de la Universidad de Chile, cerca del 70% de las prendas postconsumidor chilenas se donan o se tiran, y apenas el 1% se recicla. Bajo la presión internacional, el Gobierno chileno ha incorporado la industria textil a su ley de responsabilidad ampliada del productor, que obliga a los importadores a hacerse cargo de los residuos que generan. La medida llega tras décadas de acumulación y no resolverá por sí sola el destino de las decenas de miles de toneladas ya enterradas bajo la arena.

Mientras tanto, Franklin Zepeda, fundador de la empresa EcoFibra, intenta convertir el problema en recurso al fabricar paneles aislantes con ropa abandonada, aunque tropieza con un obstáculo regulatorio de peso: estos textiles contienen productos químicos que los excluyen de los vertederos municipales convencionales, y cada semana nuevos fardos procedentes de los armarios europeos siguen llegando al desierto.