El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) ha confirmado la condena a una farmacéutica por dispensar y facturar 1.334 envases del medicamento Qutenza para una misma paciente durante cuatro años. La sanitaria, que siguió la prescripción médica dictada para la mujer, ignoró la pauta técnica del fármaco, que indicaba una dosis mucho menor, por lo que se le ha suspendido durante un mes del ejercicio profesional.
Según relata la sentencia, la farmacéutica, identificada como doña Vicenta, dispensó en varias ocasiones la medicación de la paciente, doña Florinda, entre los años 2019 y 2023. La mujer tenía pautado el medicamento Qutenza, un parche indicado para aliviar el dolor neuropático en adultos. Era su hija la encargada de recoger el fármaco en farmacia: en su testificación, aseguró que no recordaba la pauta exacta, pero confiaba tanto en la farmacéutica como en la prescripción médica.
Es justo ahí donde yace el error: la doctora de cabecera de doña Florinda había indicado que debía utilizar “1 parche cada 24 horas”. En realidad, el prospecto de Qutenza marca una dosis cada 90 días, que no debe superar los cuatro parches a la vez. Doña Vicenta nunca cuestionó la prescripción médica y dispensó, durante cuatro años, una media de 30 envases de Qutenza al mes.
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Contradicciones entre paciente, médica y farmacéutica
Al conocer los hechos, el Consejo de Farmacéuticos del País Vasco impuso una sanción de un mes de suspensión del ejercicio profesional ante lo que consideró una infracción grave. La farmacéutica apeló el fallo ante la justicia, alegando no solo que se limitó a seguir la prescripción médica, sino las múltiples contradicciones en el testimonio de las testigos.
En un primer momento, doña Florinda y su hija aseguraron que no recordaban la pauta exacta y que la paciente llevaba 12 o 13 años sin utilizarlos. El testimonio choca con las conversaciones que mantenía la hija con la farmacéutica a través de WhatsApp, que muestran “solicitudes reiteradas de medicación”, así como con las dispensaciones realizadas y facturadas por la farmacia y los informes de la Osakidetza, la sanidad pública vasca, que indican un 100% de adherencia al tratamiento por parte de doña Florinda.
Durante la vista judicial, la defensa presentó a una doctora, identificada como doña Eva, como la culpable del error en la receta. En realidad, esta facultativa entró a trabajar en 2024 y solo realizó “una única receta en papel para una sola caja, contradiciendo la tesis de que exista una pauta continuada de un parche diario”, dicen los magistrados. “La médica testificó que la pauta normal es de un parche cada 90 días y que la farmacéutica debería haber consultado a la profesional prescriptora ante tal error”, añaden.
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Lo que sí considera acreditado el TSJPV es que la farmacéutica “o bien desconocía (y poco le interesaba) o bien ignoró la posología correcta del medicamento”. El tribunal recuerda que el farmacéutico no es un mero “despachador” de medicamentos y que “como profesional de la salud debe velar por el cumplimiento de las pautas establecidas y cooperar en el seguimiento del tratamiento”.
Más de 350.000 euros a cargo de la sanidad vasca
De los 1.334 envases dispensados, la farmacéutica solo entregó 1.076 cajas a la paciente y su hija. Los 258 restantes fueron facturados con cargo a la sanidad pública vasca, la Osakidetza, pero se quedaron en la farmacia. Los chats privados entre la hija de doña Florinda y doña Vicenta revelan que la familiar dejó de recoger la medicación, alegando que su madre “no los iba a utilizar”.
Esta forma de actuar no salió gratis a la sanidad pública. Cada uno de los envases dispensados por la farmacéutica tenía un coste de 266,84 euros, por lo que la Osakidetza perdió 355.964,56 euros en este caso.
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