La mansión de 1,5 millones de euros en Verona que no tiene dueño después de encontrar a los propietarios momificados dentro

El matrimonio de Marco Steffanoni y Maria Teresa Nizzola optó por vivir completamente apartado de la sociedad durante años

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Una mansión antigua y abandonada con ventanas rotas y vegetación cubre una parte de su fachada en las afueras de Verona. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La historia de una lujosa mansión situada en las colinas de Valpolicella, en el norte de Italia, ha dado un giro inesperado tras el hallazgo de los cuerpos momificados de sus propietarios y la resolución de su herencia. La vivienda, valorada en 1,5 millones de euros, permanecerá sin un propietario particular después de que el matrimonio decidiera legar todo su patrimonio a una organización ecologista. La decisión, unida a las peculiares circunstancias de su muerte, ha despertado un gran interés en el país.

Los protagonistas de la historia son Marco Steffanoni y Maria Teresa Nizzola, un matrimonio que durante años optó por vivir completamente apartado de la sociedad. Ambos residían en una amplia mansión ubicada entre Verona y la localidad de Negrar di Valpolicella, una zona conocida por sus viñedos y paisajes naturales. Según trascendió tras su fallecimiento, llevaban años manteniendo un contacto muy limitado con familiares y vecinos.

Sus cuerpos fueron encontrados de forma fortuita en la primavera de 2025 por un grupo de jóvenes aficionados a la exploración urbana que accedieron a la propiedad. La vivienda presentaba un evidente estado de abandono y, en su interior, localizaron los cadáveres ya momificados. Marco Steffanoni se encontraba tendido en el suelo de uno de los dormitorios, mientras que Maria Teresa Nizzola permanecía sentada en un sillón frente a la chimenea.

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El descubrimiento causó un enorme impacto debido a las circunstancias del caso. Los investigadores estimaron que ambos llevaban alrededor de tres meses fallecidos cuando fueron localizados. Nadie había denunciado su desaparición ni había alertado de su ausencia durante ese tiempo, lo que puso de manifiesto el aislamiento voluntario en el que había vivido la pareja durante los últimos años.

Antes de retirarse completamente de la vida pública, el matrimonio había alquilado algunas habitaciones de la vivienda a estudiantes universitarios. Sin embargo, con el paso del tiempo dejaron de hacerlo y fueron reduciendo al mínimo sus relaciones personales. Incluso prescindieron de los servicios de su jardinero de confianza, lo que terminó de convertir la finca en un espacio prácticamente inaccesible para cualquier persona ajena a ellos.

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Dejaron toda su herencia a una ONG ecologista

Tras el hallazgo, los cuerpos permanecieron durante más de un año en el servicio de Medicina Forense del Hospital Borgo Roma mientras se completaban los procedimientos judiciales y administrativos relacionados con el fallecimiento y la sucesión patrimonial. Uno de los aspectos que más llamó la atención fue el contenido del testamento. Ambos habían dejado su fortuna a la organización ecologista WWF, de la que eran socios desde la década de 1980. La herencia no solo incluye la mansión, sino también diversos terrenos y varios apartamentos situados en la provincia de Mantua.

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Con esta decisión, ningún familiar heredará el patrimonio inmobiliario del matrimonio. Será la organización conservacionista la encargada de administrar los bienes una vez concluyan todos los trámites legales. El objetivo previsto pasa por convertir la finca en un refugio natural destinado a la protección de la fauna local y al desarrollo de iniciativas medioambientales.

Mientras tanto, la propiedad permanece cerrada y bajo vigilancia. Según se ha conocido, ya se han instalado cámaras de seguridad alrededor del recinto después de que la mansión sufriera varios saqueos en los meses posteriores al descubrimiento de los cadáveres. Estas medidas pretenden proteger tanto el inmueble como el entorno natural mientras se estudia la mejor forma de adaptar el espacio al proyecto impulsado por la organización.

El hermano de Marco Steffanoni, Paolo, salió al paso de las numerosas especulaciones generadas tras conocerse el caso. Explicó que la familia era plenamente consciente de la forma de vida que habían elegido los fallecidos y negó que hubieran sido abandonados. Según sus palabras, el matrimonio había decidido vivir apartado del resto del mundo y los familiares optaron por respetar esa voluntad. También aseguró que se encargó de que ambos recibieran un entierro digno una vez finalizaron los procedimientos forenses.

La existencia de varios testamentos redactados a lo largo de los años no alteró el desenlace. Finalmente prevaleció la última voluntad del matrimonio, formalizada ante un notario, en la que expresaban de manera inequívoca su deseo de destinar todo su patrimonio a la protección de los animales y del medio ambiente mediante la gestión de WWF. Esa decisión permitirá ahora que una mansión marcada por una historia tan singular tenga un futuro completamente distinto al que había tenido durante las últimas décadas.