Una trabajadora contratada como camarera en un hotel de lujo ha protagonizado un caso que ha terminado con una importante condena económica para la empresa. Aunque solo permaneció cinco días en su puesto y fue despedida durante el periodo de prueba, los tribunales han considerado que existieron irregularidades en el inicio de la relación laboral. Como consecuencia, la compañía deberá asumir un desembolso cercano a los 60.000 euros entre indemnización y costas judiciales.
Los hechos se remontan a la primavera de 2024, cuando la empleada fue contratada para trabajar de forma temporal en un establecimiento hotelero de cinco estrellas situado en el Lido de Venecia. Según la empresa, la trabajadora no superó el periodo de prueba y fue despedida apenas cinco días después de incorporarse. Sin embargo, el conflicto surgió porque, antes de la fecha oficial de inicio del contrato, la camarera había acudido durante tres jornadas al hotel para familiarizarse con las tareas que posteriormente iba a desempeñar.
Ese detalle fue determinante para los tribunales. Durante el proceso judicial se acreditó que la trabajadora no se limitó a conocer las instalaciones o a probarse el uniforme, sino que comenzó a aprender el funcionamiento del sistema de gestión del establecimiento y otras funciones propias de su puesto. Para la Justicia, esas actividades constituían trabajo efectivo, aunque todavía no existiera un contrato formal en vigor.
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A partir de esa consideración, los jueces entendieron que la empresa había permitido que la empleada trabajara sin haber formalizado correctamente la relación laboral. Esa circunstancia tuvo importantes consecuencias jurídicas, ya que anuló las ventajas de las que disponía la empresa al tratarse de un contrato temporal con periodo de prueba y modificó el marco legal aplicable al despido.
Trabajó tres días sin contrato
El procedimiento comenzó cuando la trabajadora recurrió su cese con el apoyo de un sindicato. Además de cuestionar que el despido se realizara de forma verbal, denunció que había prestado servicios durante tres días sin contrato. Tras fracasar un intento de conciliación entre ambas partes, el asunto llegó a los tribunales, donde la empresa negó que hubiera existido trabajo no declarado.
No obstante, durante el juicio declararon varios testigos, incluidos algunos empleados del hotel, que confirmaron que la camarera había empezado a recibir formación práctica relacionada con el funcionamiento habitual del establecimiento. Esa prueba fue suficiente para que el juzgado concluyera que no se trataba de una simple toma de contacto previa a la incorporación, sino del desarrollo de funciones laborales.
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La sentencia obligó a la empresa a indemnizar a la trabajadora con alrededor de 49.000 euros, cantidad a la que se añadieron los gastos legales derivados del procedimiento, cifrados en aproximadamente 10.500 euros entre distintas partidas. El importe total ronda así los 60.000 euros, una cifra muy superior al tiempo que la empleada permaneció trabajando en el hotel.
La compañía recurrió posteriormente la resolución ante el Tribunal de Apelación de Venecia, confiando en que se modificara el criterio adoptado en primera instancia. Sin embargo, el tribunal confirmó íntegramente la decisión inicial tras una única vista, reforzando la interpretación de que esos tres días previos constituían trabajo real y no una mera preparación para el futuro empleo.
Mientras la empresa ya ha anunciado su intención de acudir al Tribunal Supremo para intentar revertir la condena, desde el sindicato que representó a la trabajadora han considerado que la resolución supone un importante respaldo a la protección de los derechos laborales. Además, advierten de que en el sector turístico continúan detectándose situaciones similares relacionadas con contratos temporales y periodos de prueba que, a su juicio, no siempre se desarrollan conforme a la normativa vigente.
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