El sobreendeudamiento se ha convertido en uno de los principales problemas de millones de españoles y ha hecho que el 68% de ellos destine más del 20% de sus ingresos mensuales al pago de deudas. Se trata de un aumento de doce puntos porcentuales respecto al año anterior, cuando este porcentaje se situaba en el 56%, según recoge el informe Radiografía del Sobreendeudamiento en España en 2026, elaborado por la fintech Bravo a partir de 1.600 entrevistas.
El estudio refleja una aceleración del endeudamiento en un contexto de presión sobre los ingresos familiares, encarecimiento del coste de vida y mayor dependencia del crédito para sostener el consumo cotidiano. Así, casi la mitad de los encuestados reconoce acumular más de 15.000 euros de deuda, mientras que un 28% declara deber más de 25.000 euros.
El endeudamiento en España ha dejado de ser puntual para convertirse en una forma de vida, señalan los autores del informe, que alertan de un cambio estructural en la forma en la que los hogares españoles se relacionan con la deuda. Lejos de ser un recurso ocasional para financiar compras puntuales, el endeudamiento se ha transformado en muchos casos en una herramienta para sostener la vida diaria.
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La co-country manager de Bravo en España, Cristina Cervantes, explica que este fenómeno refleja una transformación profunda en la economía doméstica. “El sobreendeudamiento ha pasado de ser un fenómeno asociado al consumo a convertirse en una condición que, en muchos casos, permite sostener la vida cotidiana”, señala.
Según detalla, cada vez más personas recurren a la financiación para hacer frente a gastos corrientes, cubrir imprevistos o simplemente mantener una mínima estabilidad financiera. Esta situación tiene una consecuencia directa: el 52% de los hogares endeudados afirma que no podría afrontar un gasto imprevisto superior a 300 euros.
Hombre de entre 40 y 54 años, el perfil del endeudado en España
El informe permite dibujar un perfil bastante definido de la persona endeudada en España. El grupo más frecuente corresponde a hombres de entre 40 y 54 años, con estudios secundarios, casados o en pareja y con personas a su cargo. Sus ingresos se sitúan mayoritariamente entre los 1.000 y 2.000 euros mensuales y trabajan en sectores como la industria, la hostelería o las ventas.
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Este perfil refleja una realidad especialmente significativa: el endeudamiento ya no se concentra únicamente en situaciones de exclusión económica, sino que afecta de forma directa a la clase media trabajadora. Se trata de hogares con ingresos regulares, pero insuficientes para absorber el aumento del coste de la vida.
En términos generales, el 59% de las personas endeudadas son hombres, frente al 41% de mujeres. Por edades, el 46% tiene entre 40 y 54 años, el 36% supera los 55 años y el 18% es menor de 40.
Mujeres desempleadas y divorciadas, el colectivo más vulnerable
Aunque el perfil más frecuente es masculino y de mediana edad, el estudio identifica un grupo especialmente vulnerable cuando se trata de salir del endeudamiento: las mujeres de entre 55 y 64 años, desempleadas y en situación de separación o divorcio.
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Este colectivo enfrenta mayores dificultades para recomponer su situación financiera, lo que pone de relieve cómo el impacto del sobreendeudamiento no es homogéneo y está condicionado por factores como el género, la edad y la situación laboral.
El informe también analiza el nivel educativo de las personas endeudadas. El 39% tiene estudios secundarios, el 28% formación profesional, el 19% estudios superiores y el 15% estudios básicos. Sin embargo, uno de los datos más llamativos es que el endeudamiento también afecta a personas con mayor nivel formativo: el 33% de los tramos más altos de deuda corresponde a personas con estudios universitarios o superiores.
La dificultad de “sostener” el día a día
Sandra Sabaté, también co-country manager de Bravo en España, subraya la paradoja de que una mayor formación académica no protege frente a la acumulación de deuda. En su opinión, el fenómeno actual ya no puede explicarse únicamente por decisiones financieras individuales.
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“Hoy vemos que tener ingresos regulares no garantiza estabilidad financiera. Esta ya no es la historia de quien tomó malas decisiones financieras, sino la de miles de personas que intentan sostener su día a día con ingresos que no llegan”, afirma.
Esta realidad pone de manifiesto un cambio de paradigma: el endeudamiento se está extendiendo a perfiles cada vez más amplios, incluyendo trabajadores con empleo estable y niveles educativos elevados.
Préstamos, tarjetas y microcréditos: el trío que alimenta la deuda
El estudio también analiza los instrumentos financieros más utilizados por los hogares endeudados. Los préstamos personales encabezan la lista con un 39%, seguidos por las tarjetas de crédito (27%) y los microcréditos (20%).
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En promedio, cada persona endeudada mantiene 3,5 productos financieros activos. Además, uno de cada cuatro encuestados acumula cinco o más préstamos o microcréditos, lo que refleja una creciente complejidad en la estructura de la deuda de los hogares.
Esta multiplicidad de productos financieros suele responder a la necesidad de cubrir gastos básicos o imprevistos, lo que en muchos casos genera un efecto acumulativo difícil de revertir.
La falta de ingresos, principal causa del problema
El informe identifica la falta de ingresos como el principal obstáculo estructural para cumplir con los pagos, señalado por el 57% de los encuestados. Le siguen la ausencia de disciplina financiera (23%) y la falta de educación financiera (20%).
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El estudio también detecta una brecha de género en este ámbito: la insuficiencia de recursos afecta al 61% de las mujeres frente al 53% de los hombres, lo que evidencia una mayor vulnerabilidad financiera en determinados colectivos.
Además, el 57% de los hogares endeudados afirma no disponer de un presupuesto personal o familiar, lo que limita la capacidad de planificación económica y aumenta el riesgo de descontrol financiero.
Incluso entre quienes sí planifican sus cuentas, el seguimiento real del presupuesto es limitado. Solo el 13% de los encuestados que elaboran un presupuesto afirma cumplirlo de forma estricta.
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El estudio añade una paradoja adicional: las personas con mayores ingresos son más propensas a planificar sus finanzas, pero también las que reconocen desviarse con mayor frecuencia de sus propias previsiones.