La moción del Partido Popular para exigir a Pedro Sánchez que se someta a una cuestión de confianza ha salido adelante con los votos de PP, Junts per Catalunya y Vox. El texto también exige al presidente del Gobierno que asuma responsabilidades por “la acumulación de casos de corrupción, en forma de dimisión”, y reprueba los bloqueos de la mayoría de la Mesa para que no se debatan determinadas iniciativas o enmiendas.
La propuesta ha llegado una semana después de que la Presidencia de la Mesa del Congreso vetase dos enmiendas de la misma naturaleza impulsadas por los de Carles Puigdemont y Alberto Núñez Feijóo, al entender que invadía las competencias del presidente del Gobierno. Los populares salieron en tromba a denunciar que el Gobierno estaba “amordazando” al Congreso y volvieron a intentarlo días más tarde reformulando el texto, que quedó idéntico a dos iniciativas pasadas de Vox y Junts que sí fueron admitidas por Francina Armengol.
En este segundo intento, los populares consiguieron colar su propuesta, aunque la Mesa eliminó los dos primeros puntos, que exigían la “inmediata dimisión” del Gobierno y pedían al líder del Ejecutivo adelantar elecciones. Dos cuestiones que, entendió el organismo, son competencia exclusiva del presidente del Gobierno.
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Feijóo pretendía utilizar el resultado de esta votación como ensayo para calibrar los apoyos que recibiría una eventual moción de censura, después de que algunos de los aliados habituales de Pedro Sánchez pidiesen públicamente la convocatoria de elecciones tras el reguero de casos judiciales que salpican al PSOE.
El tira y afloja de Junts
Ese descontento se escenificó en la comparecencia del presidente en el Congreso, donde Sánchez debía dar explicaciones sobre la sentencia del caso Ábalos y los escándalos que apuntan a su entorno. No obstante, lamentaron sus socios, el líder socialista prefirió enredarse en una bronca con el líder de la oposición.
El partido de Carles Puigdemont ha llegado a coquetear con los populares sobre la posibilidad de sumar sus votos a una moción de censura, sugiriendo incluso una posible negociación en Waterloo. Pese a ello, Génova no cree en las intenciones de Junts porque los posconvergentes siempre han mantenido su negativa a apoyar una moción de censura de la mano de Vox.
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La portavoz Míriam Nogueras confirmaría esta tesis este miércoles tras proponer una fórmula enrevesada que bautizaron como la vía Starmer [en referencia al primer ministro británico saliente], en la que pidieron al presidente que dimitiese y se presentase a otro candidato negociado, sin elecciones.
El PP rechazó la propuesta y sostuvo que era una “patada hacia delante”, muestra de que los de Junts aprietan, pero sin dejar caer al Ejecutivo. En ese mismo día, en el Senado se aprobó una iniciativa similar que salió adelante con la mayoría del PP, pero que Junts ni siquiera votó y el PNV se abstuvo.
Cabe recordar que la moción aprobada este jueves no es ni política ni jurídicamente vinculante para el líder del Ejecutivo, quien tiene competencia exclusiva para convocar una cuestión de confianza. Desde el Gobierno ya adelantaron que no atenderían al resultado de la votación, recriminando a la oposición que no se atreva a lanzar una moción de censura.
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