Durante seis años, un sacerdote de 78 años de la parroquia de Saint-Donat, en el sur de Bélgica, malversó más de 245.000 euros de las cuentas parroquiales. El dinero, que debía destinarse al funcionamiento de la comunidad religiosa, fue utilizado para costear viajes personales y comidas en restaurantes de lujo. La investigación, abierta tras la creación de una asociación para centralizar las finanzas de la región, destapó el vacío en las cuentas de Saint-Donat y despertó sospechas sobre el estilo de vida del sacerdote.
La alarma saltó en 2022, cuando la nueva asociación observó que, a diferencia de las otras nueve parroquias de Arlon, Saint-Donat no había realizado ninguna aportación. Ante la pregunta por la ausencia de fondos, el propio sacerdote admitió: “Las arcas están vacías”. Las pesquisas de la fiscalía revelaron la retirada de sumas importantes en efectivo y la transferencia de dinero desde distintas cuentas, todo bajo la gestión del sacerdote. El hallazgo de varias decenas de miles de euros en efectivo reforzó las sospechas sobre el desvío sistemático de fondos.
El fiscal sostiene que el acusado llevaba una vida incompatible con su salario mensual de unos 2.000 euros. Frecuentaba restaurantes de lujo varias veces al día y realizaba viajes con regularidad, todo financiado con dinero de la parroquia. La acusación se apoya en la existencia de movimientos bancarios irregulares y el uso de fondos comunitarios para fines personales, lo que podría costarle hasta 18 meses de prisión si el tribunal de Arlon lo declara culpable.
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El método y el destino del dinero parroquial
Entre 2016 y enero de 2022, el sacerdote retiró más de 245.000 euros de las cuentas de la parroquia de Saint-Donat. Las sumas se extrajeron en efectivo o mediante transferencias a diversas cuentas controladas por él mismo. Parte del dinero fue hallado durante el registro, pero la mayor parte ya había sido gastada. Los fondos, según la fiscalía, sufragaron una vida de lujo insólita para un miembro del clero: comidas en restaurantes exclusivos y viajes frecuentes al extranjero.
La investigación se intensificó cuando se supo que el sacerdote ya había sido condenado previamente por abuso de confianza. Este antecedente reforzó la hipótesis de una gestión fraudulenta reiterada. Además, la discrepancia en las aportaciones entre las diferentes parroquias de la región facilitó la detección del caso, ya que Saint-Donat era la única sin fondos.
La situación fue calificada de insostenible por la fiscalía, que presentó pruebas sobre los movimientos de dinero y el ritmo de gastos del acusado. El caso ilustra cómo la falta de controles y la confianza depositada en un responsable pueden facilitar el desvío sistemático de recursos destinados a fines comunitarios.
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La defensa y la decisión judicial pendiente
La defensa del sacerdote sostiene que no existen pruebas concluyentes de que el dinero parroquial se utilizó para fines privados. Alegan que, hasta la creación de la asociación centralizada, nadie había cuestionado la gestión financiera y que no hay elementos que demuestren el uso fraudulento de los fondos. El equipo legal pide la absolución, argumentando que las sospechas se basan en interpretaciones y no en hechos irrefutables.
El tribunal de Arlon será el encargado de dictar sentencia el 8 de junio. El resultado del proceso marcará un precedente sobre la vigilancia de las finanzas en instituciones religiosas y la responsabilidad de quienes las administran. Mientras tanto, el caso ha reabierto el debate sobre la transparencia y el control de los recursos en las parroquias y el papel de la supervisión comunitaria para prevenir este tipo de delitos.