En el centro de Madrid, el palacio del conde de Bornos, residencia de Esperanza Aguirre y su marido Fernando Ramírez de Haro, ha compaginado desde 2023 su función como hogar familiar con la celebración de eventos culturales selectos. Este edificio del siglo XVIII volvió a ser escenario de encuentros exclusivos recientemente al acoger el preestreno de la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres Borrascosas.
El palacio situado en la calle Jesús del Valle, en pleno barrio de Malasaña, ha pertenecido a la familia gracias a la herencia recibida por Fernando Ramírez de Haro a través de su madre, Beatriz Valdés, fallecida en 2019. A pesar de estar rodeado del dinamismo comercial y nocturno del barrio, el inmueble ofrece una atmósfera interior de serenidad y tradición, separando eficazmente la vida privada familiar de la actividad pública. Según OkDiario, el precio del alquiler oscila entre los 7.000 euros y los 20.000 euros dependiendo del evento.
Un elemento central del edificio es su gran patio interior a cielo abierto, delimitado por suelos de piedra, enredaderas y una sobria fachada blanca. El contraste con el exterior se hace evidente al atravesar las puertas verdes de acceso. El recibidor, presidido por escaleras con alfombras florales y grandes lámparas de araña bajo un estilo clásico, da paso a estancias donde predominan los detalles decorativos en tonos rojos y claros, en un equilibrio que la propia Esperanza Aguirre ha relacionado con su vínculo madrileño.
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La doble función de la casa de Esperanza Aguirre
La vivienda mantiene la dualidad de residencia íntima y escenario para eventos exclusivos. A las estancias llenas de historia y decoración tradicional se suma una nueva faceta social tras ser escogida para el preestreno de Cumbres Borrascosas, reuniendo a personalidades del cine y la cultura madrileña. Desde el salón principal, donde una chimenea blanca y grandes ventanales destacan entre obras de arte y retratos familiares, hasta zonas de estar pensadas para la vida cotidiana, el inmueble combina funcionalidad y elegancia clásica.
En paralelo al salón, la zona de estar se dispone con sofás y butacas ante una pantalla de televisión, flanqueados por librerías cargadas de libros y recuerdos personales. Otro salón más discreto, con paredes en blanco roto y sofás rojos, prolonga la atmósfera señorial pero reposada que impera en el conjunto de la vivienda. La decoración evita el minimalismo y opta por una abundancia de objetos: candelabros, jarrones de cerámica, alfombras con borlas, lámparas de estilo mid-century y muebles contemporáneos que conviven con piezas más clásicas.
Los premios de Esperanza Aguirre
Entre la decoración no solo se pueden observar elementos como velas y flores secas, sino también otros mucho más personales como los premios que acumula la expolítica, a los que se suman los trofeos de golf de su marido. También diversas obras de arte visten las paredes y descubren su gusto por el arte, teniendo obras personales como un retrato de su perro fallecido.
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La fachada, sin embargo, está decorada por el arte urbano de los grafiteros, cosa que no hace mucha gracia a Esperanza Aguirre. La familia del marido de la expolítica también aprovecha el gran espacio del palacio, que se queda grande para dos personas, para alquilar habitaciones.
El comedor destaca por su mesa de madera oscura rodeada de sillas verdes, lámpara colgante y paredes luminosas en blanco roto, reflejando el carácter acogedor del espacio. La vida familiar ha incluido también durante años a Beatriz Valdés, madre del conde, hasta su muerte en 2019. Esta continuidad familiar, junto a la capacidad de albergar eventos desde 2023, convierte al inmueble en un enclave que representa tanto la memoria como la adaptación de un modo de vida tradicional a nuevas demandas sociales.