Hay historias que, vistas con perspectiva, parecen escritas para perdurar. Pero la de Guillermo y Máxima de Holanda empezó de una forma mucho más discreta y menos idealizada de lo que cabría imaginar. Este 2026 se cumplen 27 años de aquel primer encuentro en la Feria de Abril que acabaría marcando el rumbo de sus vidas.
En 1999, el entonces príncipe heredero de Países Bajos llegaba a Sevilla en plena efervescencia primaveral, dispuesto a disfrutar del ambiente festivo. Al mismo tiempo, Máxima Zorreguieta, por entonces una joven economista afincada en Nueva York, se encontraba en la ciudad movida por su afinidad con la cultura española. El cruce de caminos se produjo en la caseta del Real Club de Andalucía, uno de esos espacios donde la informalidad rompe cualquier protocolo.
Lo curioso es que aquel primer encuentro no tuvo nada de fulminante. Lejos del tópico del flechazo, fue la propia Máxima quien reconoció tiempo después que Guillermo no le impresionó en un primer momento. “No me llamó la atención”, confesó. Sin embargo, la conversación fue haciendo su trabajo. Poco a poco, comenzó a surgir una conexión basada en sus aficiones en común y una química que crecía poco a poco.
Tras aquella noche, la historia continuó lejos de Sevilla. Fue en Nueva York donde realmente se consolidó la relación, en un contexto mucho más cotidiano y alejado del foco mediático. Allí, entre encuentros discretos, ambos fueron construyendo un vínculo que terminaría por cambiar sus destinos.
De Sevilla a la iglesia en apenas tres años
El siguiente gran capítulo llegaría tres años después. El 2 de febrero de 2002, la pareja se daba el “sí, quiero” en la Nieuwe Kerk, en una ceremonia celebrada en el corazón de Ámsterdam. Desde entonces, su matrimonio se ha mantenido como uno de los más estables dentro del panorama monárquico europeo.
Lejos de quedarse como una simple anécdota, Sevilla ha seguido muy presente en sus vidas. La Feria de Abril no es solo el lugar donde se conocieron, sino también un símbolo compartido que han querido trasladar a sus hijas: Amalia de Holanda, Alexia de Holanda y Ariane de Holanda.
En 2019, las tres visitaron por primera vez el recinto ferial sevillano, integrándose plenamente en la tradición andaluza. Vestidas de flamenca y recorriendo el albero en coche de caballos, protagonizaron una imagen que reforzaba ese vínculo familiar con la ciudad. Años después, en 2023, Amalia regresaba en solitario, confirmando que esa conexión va más allá de un recuerdo puntual.
La propia Máxima también ha seguido vinculada a esta cita. En 2025, regresó a Sevilla en una visita privada, lejos del protocolo, acompañada por su madre y un grupo de amigas. Una escapada que fue destacada públicamente por el alcalde, José Luis Sanz, quien subrayó el idilio entre la reina y la ciudad donde comenzó todo.
Incluso la ficción ha querido recrear aquel momento. La serie Máxima incluye en sus primeros episodios una versión de ese encuentro, aunque con algunas licencias narrativas que suavizan una realidad más sencilla, pero también más auténtica.