“Amo mi libertad. No tengo mucha gente alrededor para molestarme”. Así resume Alain, un jubilado francés de 75 años, su vida en una caravana. Una vida marcada por la precariedad y los cambios, pero de la que él, en una entrevista concedida al medio local ActuParis, se muestra satisfecho, precisamente por esa libertad que ha conseguido. Ahora, sin embargo, este residente de La Queue-en-Brie, en el departamento de Val-de-Marne, en Francia, busca “desesperadamente” un nuevo lugar para instalar su caravana. Si no, tendrá que mudarse de la localidad en la que vive desde hace 40 años.
A principios de mayo, Alain deberá abandonar el espacio municipal que ocupa desde hace un año. La alcaldía reconoce la dificultad del caso. “Estamos en un callejón sin salida. El municipio no tiene terrenos disponibles”, admite Karine Bastié, alcaldesa de la ciudad, a ActuParis.
Durante las últimas semanas, la búsqueda de una solución se ha intensificado. Su ahijada Amanda ha multiplicado los esfuerzos para evitar que Alain quede en la calle, pero hasta ahora, ninguna gestión ha dado resultado. “Entiendo que la gente no haga caridad, pero ¡no podemos dejarlo así! ¿Qué hay que hacer? ¿Ir a acampar frente al ayuntamiento?”, expresó, visiblemente frustrada por la falta de alternativas.
Alain llegó a La Queue-en-Brie en 1985 y durante cuatro décadas vivió en un terreno, con autorización de la propietaria, cuidando una cincuentena de ponis. Todo cambió, según cuenta, cuando “la propietaria vendió sus nueve hectáreas a un comerciante inmobiliario y sin avisar a nadie”, lo que precipitó su salida. En noviembre del año pasado, Alain fue desalojado junto a otros ocupantes del lugar. El entonces alcalde, Jean-Paul Faure-Soulet, le permitió instalarse provisionalmente en un terreno municipal, aunque sin servicios básicos y con fecha límite de permanencia.
Falta de soluciones
El principal obstáculo para Alain es económico. Su pensión mensual apenas alcanza los 495 euros, insuficiente para costearse un lugar en un camping, donde la tarifa asciende a “1.400 euros al mes por el lugar”, según detalla Amanda. Ante la falta de opciones, la familia recurrió a anuncios y redes solidarias, pero hasta ahora nadie ha respondido positivamente. Cada vez más franceses optan por las caravanas como un lugar para vivir ante la crisis de la vivienda que afecta a casi toda Europa. En España, donde no existe esta tradición de las casas rodantes, esto apenas ocurre.
La alcaldía insiste en que la situación sobrepasa sus competencias. “El municipio no tiene terreno disponible”, explicó Bastié, quien también aclaró que “el terreno que ocupa actualmente está sujeto a una promesa de venta; no puede quedarse.” Además, no existen viviendas municipales libres para ofrecerle refugio.
Alain, quien padece hipertensión y ha perdido parte de la vista, resume su larga trayectoria laboral de forma sencilla: “He tenido varias vidas. He sido mudancero, he trabajado en la fábrica, en el mantenimiento… De todo un poco”. Ahora afronta la posibilidad de convertirse en un sintecho. La municipalidad ha concedido una semana adicional para que encuentre una salida, pero la incertidumbre persiste.