Un fósil que llevaba décadas almacenado sin apenas atención en el Museo Carnegie de Historia Natural ha cambiado lo que se sabía sobre los primeros dinosaurios carnívoros. El hallazgo, protagonizado por Simba Srivastava, un estudiante de Virginia Tech, ha permitido identificar una nueva especie llamada Ptychotherates bucculentus, que vivió hace aproximadamente 210 millones de años, es decir, en el Triásico tardío, mucho antes de la aparición del Tiranosaurio rex.
El fósil, un fragmento de cráneo de apenas 22 centímetros procedente de Nuevo México, había sido recuperado en 1982 en el conocido yacimiento de Ghost Ranch. Sin embargo, tras su extracción, quedó archivado y olvidado durante décadas. No fue hasta hace unos años cuando Srivastava decidió revisarlo en detalle dentro de un proyecto académico, sin imaginar la relevancia del material que tenía delante.
Un fósil olvidado en un cajón
El cráneo, aplastado y parcialmente incrustado en roca, parecía a simple vista un fragmento poco prometedor. Sin embargo, el uso de tecnología de tomografía computarizada permitió a los investigadores reconstruirlo digitalmente sin dañarlo. Esta técnica, basada en rayos X, hizo posible observar la anatomía interna del fósil con un nivel de detalle imposible mediante métodos tradicionales.
Durante dos años, Srivastava analizó cientos de fragmentos óseos en su ordenador hasta lograr una reconstrucción tridimensional completa. El resultado reveló algo inesperado: el fósil pertenecía a una especie desconocida de dinosaurio carnívoro primitivo, relacionada con los herrerasaurios, uno de los linajes más antiguos de dinosaurios depredadores.
El estudio, publicado en la revista Papers in Palaeontology, destaca que este ejemplar es único en el mundo, lo que lo convierte en una pieza clave para entender cómo eran los ecosistemas del Triásico, cuando los dinosaurios aún no dominaban la Tierra.
Un depredador del Triásico
El Ptychotherates bucculentus vivió en un mundo muy distinto al que se asocia con los dinosaurios más conocidos. En aquella época, los grandes depredadores no eran aún los tiranosaurios ni los velociraptores, sino formas más primitivas que compartían el entorno con antepasados de cocodrilos y los primeros mamíferos.
Según el estudio, este dinosaurio habitó lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y medía relativamente poco en comparación con otros depredadores posteriores. Su cráneo presentaba características muy singulares: una cara ancha y aplanada, con huesos de la mejilla extremadamente desarrollados. Esto llevó al equipo a apodarlo informalmente como el “murder muppet” o “títere asesino”.
El análisis detallado del hueso de la mejilla reveló una anatomía inusual. En particular, el jugal alcanzaba los 29 milímetros de altura, más del doble que el de especies cercanas como Tawa hallae o Daemonosaurus chauliodus. Además, su dentadura mostraba finas serraciones que habrían facilitado la caza de presas pequeñas.
Un ecosistema antes de la gran extinción
El hallazgo también aporta información clave sobre el contexto ambiental en el que vivió esta especie. Hace unos 210 millones de años, la Tierra se encontraba cerca del final del Triásico, justo antes de una de las grandes extinciones masivas que transformarían por completo la vida en el planeta.
En ese momento, los dinosaurios todavía no eran los animales dominantes. Competían por recursos con otros grupos de reptiles y con los primeros mamíferos. Sin embargo, algunos ecosistemas, como el de Ghost Ranch, pudieron actuar como refugios donde linajes antiguos sobrevivieron más tiempo que en otras regiones del mundo.
Srivastava explicó la importancia del descubrimiento con una reflexión que resume el valor del fósil: “Todos esos miles de millones de individuos que existieron a lo largo del tiempo están representados por este único ejemplar”, según recoge Quo.
Un nuevo capítulo en la evolución
El estudio sugiere que Ptychotherates bucculentus pertenece a una línea evolutiva primitiva que habría desaparecido con la gran extinción del final del Triásico. Su identificación no solo amplía el conocimiento sobre los primeros dinosaurios carnívoros, sino que también ayuda a reconstruir cómo evolucionaron hasta dar lugar a los grandes depredadores del Jurásico y el Cretácico.
El fósil, actualmente conservado en el Museo Carnegie de Historia Natural, se ha convertido en una pieza fundamental para comprender un periodo clave de la historia de la vida en la Tierra. Lo que comenzó como un hallazgo olvidado en un cajón ha terminado por ofrecer una ventana única a un pasado remoto en el que los dinosaurios aún estaban lejos de convertirse en los reyes del planeta.